Personas que leen :D

domingo, 14 de agosto de 2011

Capitulo 16


-Dije que no chicas, no insistan- grite por… ¿Cuántas veces lo había repetido? ¿500 veces tal vez?

-Mía, eres una tremenda aguafiestas- se quejó Valery otra vez. ¿Es que esas mujeres no entendía lo que es un NO?

El viernes siguiente seria el baile de graduación. Y YO NO QUERIA IR…

¿Cómo competir con tus tres locas amigas? Era imposible…

En cualquier caso me estaban acosando (otra vez) para que fuese al baile, argumentando que ahora ellas tenían parejas, yo tenía novio, y sería la mejor noche de nuestras vidas. Kate lagrimeaba histérica que ella se iría y nosotras tres seguiríamos juntas, que yo no podía hacerle eso bla bla bla… Cloe fruncía el seño molesta porque al fin Zac Coleman la había invitado y ella obviamente estaba más que feliz… pero no sería capaz de dejarme atrás. ¡¡Mierda!! La manipulación era extraordinariamente irritante, y sin embargo las amaba por ser como eran, aunque quisiera matarlas en algunas ocasiones no las cambiaría por nada del mundo.

Luego de que las chicas salieran echando chispas de mi habitación me senté en el sillón de la esquina y atraje un libro conmigo, mi pequeña e improvisada biblioteca contaba con unos veinte libros, entre novelas románticas, históricas y paranormales. Ok, no era pequeña, pero había leído más que eso así que sí… me parecía pequeña. Una vez más comencé a leer Orgullo y Prejuicio, amaba esa historia. Me puse cómoda y comencé a leer.

- Señorita Elizabeth, he luchado en vano y ya no lo soporto más. Estos últimos meses han sido un tormento. Vine a Rossins con la única idea de verla a usted. He luchado contra el sentido común, las expectativas de mi familia, su inferioridad social, mi posición y circunstancias, pero estoy dispuesto a dejarlas a un lado y pedirle que ponga fin a mi agonía.
- No comprendo.
- La amo, ardientemente.

Cerré el libro con fuerza. Hay estaba de nuevo ese miedo demoledor que ensombrecía mi corazón. ¿Cómo era posible que todo me recordara que Bastean y yo no éramos de las mismas clases sociales? Había tantas cosas que nos separaban… ¿acaso yo era la única que lo notaba?

Al parecer él no le daba importancia, o quizás no se le paso por la cabeza o… ¡Basta! , me reprendí mentalmente, no podía vivir en la incertidumbre, y mucho menos dejar que mis miedos absurdos arruinaran la felicidad que me embargaba cada vez que estaba con Bastean. ¿Era mucho pedir un poco de paz?

Escuche un golpe en la puerta y agradecí infinitamente al cielo un poco de distracción, cualquier cosa para devolverme la cordura que estaba perdiendo. Arroje el libro al sillón y me encamine hacia la puerta. Un Tyler extremadamente sonriente entró como si lo hubiese invitado a pasar, pero era Ty, que se puede esperar de él.

-Amiga, adorada, adorada amiga- dijo de manera tan… dulce, que algo en mi interior se activo.

-No tengo dinero Tyler- él rio y en seguida me abrazo. Ok… algo estaba pasando y definitivamente no iba a gustarme.

-Hay…- se quejo y luego se sentó en mi cama, o debería decir… ¿salto sobre mi cama?- vengo a hablarte de algo…

-Si es sobre el baile- le corte de inmediato- te diré lo que les dije a los demás… No… Iré…Al Baile.- ¿Hasta cuando iban a insistir? La cálida sonrisa de Ty me ponía nerviosa, era la que siempre tenía cuando salía a relucir un “Tenemos que hablar”

Él tenía la capacidad de sacarte hasta los más oscuros secreto, quisieras o no hablar de ello, ¡y casi nunca querías hablar de ello!, pero era inevitable no hacerlo. En cualquier caso necesitaba a alguien con quien conversar y pasarle algo de mis temores, porque yo sola realmente no podía.

-No es de eso de lo que quería hablar- respondió tranquilo – te he visto los últimos días algo intranquila y distraída- Maravilloso, era un maldito libro abierto- pensé que necesitarías un amigo- Ty me tendió sus manos y yo las acepte. Él tenía razón.

-Es sobre… - medité en seguida cual era mi mayor preocupación. Claro, definitivamente mi viaje con Bastean a Vera era lo que me traía los pelos de punta. También el distanciarme de mis amigos, la graduación, mi padre, Phillip, la casa, todo…

Le conté todos y cada uno de mis problemas a Ty, notando como a medida que hablaba me iba haciendo más liviana, como si todo ese peso se hubiese esfumado. Pero aun me quedaba resolverlo, esa sería la parte difícil del asunto. Al sentir sus brazos me sentí mejor, gracias a Dios tenía amigos como él. Las chicas ya sabían todo, pero no sabían cómo ayudarme, tampoco pretendía que solucionaran algo que solo a mi me tocaba.

Es duro crecer… pero todos tenemos que hacerlo.



Todo estaba listo para el viaje a Vera. Había enviad un e-mail a Lilly informándole de mi regreso a casa, y que no iría solo, sino que llevaría conmigo a la chica que le había robado el corazón de piedra a su hermano mayor.

Ella estaba muy emocionada, al igual que las más pequeñas. Le pregunte sobre mi madre y… bueno ella no dijo mucho. La señorita Mesteer lloró de la emoción al saber la noticia, o eso dijo mi hermana, además de cantar en todos los idiomas que sabía. Las sirvientas cantaban con ella… ¡¡Ahss!! Sería difícil regresar a casa otra vez, aunque en un principio no quería irme, ahora no quiero regresar. En este lugar puedo ser yo mismo allá… bueno no mucho.

En cualquier caso no había marcha atrás.

***

-Bastean tienes que hacerlo… - decía Valery, de nuevo- es nuestra última semana como chicos de preparatoria y luego seremos… Universitarios- sus ojos estaban brillantes al decir la última palabra, ya saben algo como (*-*) casi me rio por eso.

-¿Qué quieres que haga?- pregunte, otra vez. Ella enfurruñada me golpeo el hombro, como si no lo hubiese intentado ya un millón de veces. Moria por ir a nuestro último baile y Mía simplemente no quería, no podía obligarla, pero aparentemente sus amigas creían todo lo contrario.- A ver…- tome aire- ya le pedí que fuera al baile conmigo, se lo suplique, solo me falto llorarle.

-Pues debiste hacerlo- se quejo Cloe. Estaba acosado. Es decir, a cualquiera le parecería maravilloso estar con tres chicas en la cocina, solos, y claro las tres eran lindas, pero ninguna me interesaba, y todas tenían miradas asesinas, era como una película de terror, solo que ellas no llevaban cuchillos, ¡gracias al cielo!, pero aun así querían matarme si no hacia algo.

-Bastean pliiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiis!!!!!- lloriqueo Valery una vez más-ella solo tiene que decir una palabra. Solo una…

-Ella dijo precisamente una palabra… NO - dije en tono resignado. Por Dios esas mujeres me volverían loco.

Las tres hicieron un puchero y salieron de la cocina. ¡Bien! Me dirigí a la nevera en busca de un delicioso pedazo de pastel. Ahora que lo pensaba me estaba volviendo más independiente. Bernard ya no hacía casi nada por mí. Se estaba tomando unas leves vacaciones el muy granuja. Pero eso era bueno. Escucho un sonido proveniente de la puerta trasera. Ups… hablando del rey de roma, o del mayordomo del príncipe de Vera… Bernard estaba llevando una especie de bolsa grande consigo, lo que me pareció extraño…

-Berd ¿Qué llevas hay?- el dejo la bolsa, que parecía pesada, tomo aire y luego habló- la señorita Mía me ah pedido que traiga estas… verduras, dice que la casa debe estar bien provista en su ausencia. – una sonrisa se curvo en mis labios, ¿así que estaba preparando todo porque nos iríamos de viaje pronto? Así era ella. Cuando intente ayudar al viejo Bernard este agrandó los ojos y se aparto- Príncipe Bastean usted no debe hacer esas cosas…

-¡Por Dios Bernard!- le quite la bolsa, la coloque en el piso y me dirige hacia él con una sonrisa, ese viejo me malcría casi tanto como la señora Mesteer.- te has dado cuenta de que nos soy el mismo chico que salió de Vera hace ¿Qué, cinco meses?

-Sí, señor. Pero vamos a regresar y…- lo detuve, ya sabía por dónde venía eso.

-No. Eso va a cambiar. No volveré a ser como antes – dije. Nunca sería así de nuevo, y mucho menos sabiendo que esa actitud desagradaba tanto a Mía, además no era bueno, por eso me enviaron a Estados Unidos, no podía continuar siento el príncipe malcriado de siempre, además claro de saber mediar ciertas situaciones. Bernard me dio un apretón de manos y volvió a tomar la bolsa de hortalizas.

-Estoy muy orgulloso de ti muchacho. Esa chica lo ha cambiado, pero para mejor, muchos mejor- Nadie me había dicho esas palabras jamás. Me sentí bien. Muy bien, ahora menos seria como antes.

-Tienes razón Bernard, ella es… especial- él asintió y colocó las cosas sobre el mesón.

-Es una lástima que la señorita Mía no valla al baile de graduación- yo solo asentí resignado y triste- Lulú me estaba comentando de un vestido que estaba haciendo para la señorita, y que lamentaba que ella no pudiera usarlo. ¿A qué se debe eso señor? ¿Por qué no irá a ese evento?, si me permite preguntar.

-Claro, no te preocupes, y no tengo idea.- caminé hasta la encimera y me recosté allí. Mía no me había dado un motivo en concreto para no asistir al baile de graduación. Hasta donde sabía todas las chicas morían por hacerlo. Pero ella no. Tal vez…

Una sonrisa maliciosa se dibujo en mi cara y una de angustia en la de Bernard.

-Santo Jesús, señor siento que está tramando algo.

-Tal vez. ¿Dónde está Lulú?

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