Vera. Catillo de Kent. Propiedad McDragon
Mía. Mi hijo. Era todo lo que me había pasado por la cabeza los últimos dos meses. Se estaba haciendo un calvario vivir como lo había hecho hasta ahora, como un autómata. Dormía, comía, me duchaba y hablaba mecánicamente. Una parte de mí se había ido y no estaba completamente seguro de recuperarlos.
La madre de Marie Elizabeth se había esforzado al máximo por incluirme en los preparativos de una boda a la que no quería pertenecer. En cuanto a la joven no hacía más que asentir a todo lo que su madre decía, parecía incluso distraída. Me pregunté millones de veces ¿Por qué? ¿Por qué Marie se prestaba para semejante falsedad? Pero su madre en ningún momento me dejaba hablar a solas con ella, necesitaba convencerla de romper nuestro compromiso por el bien de los dos, sin embargo esa bruja no dejaba de respirar sobre mi nuca cada instante.
Incluso la madre de Marie había escogido la fecha para la boda, el 10 de diciembre, el día de mi cumpleaños número 19. En cuanto lo sugirió no hubo derecho a replicas. Mi madre estaba a punto de enloquecer con esa mujer en el castillo todo el tiempo, haciendo planes para todo. La señora Whitehouse era una verdadera aprovechada, por no decir codiciosa e interesada, por su propio beneficio, claro está. Una tarde más fría de lo común le pidió a mi madre una cantidad considerable de dinero solo para proveer a su hija de ciertos caprichos que “necesitaba” antes de realizar una gran fiesta para celebrar nuestro compromiso, mi madre muy correcta de su parte le respondió:
-No hay nada que celebrar, y tú puedes proporcionárselos, después de todo eres su madre, y se supone que la familia de la novia paga la boda, con eso contamos mi querida Regina- con eso ella se levantó y fue hasta su despacho seguida por la enfurecida mujer que decía a gritos que ella estaba equivocada. Por suerte fue una excelente oportunidad para hablar con Marie que estaba sentada en una de las sillas revestidas que ocupaban el salón verde.
Parecía distraída, ni siquiera se había percatado de la discusión. Tenía la mirada totalmente pérdida entre los matorrales que había crecido en los meses anteriores. Incluso la taza de té que tenía en sus manos estaba sin tocar y ya fría.
-Maribeth – le dije, así la había llamado en el tiempo que habíamos estado saliendo. Pero ella no volteo a mirarme- Marie- insistí.
-¿Ah?- respondió, sus ojos normalmente vivaces estaban sin brillo.
-¿Sucede algo?
-No.- dijo rápidamente. No pude evita levantarme y arrodillarme a su lado. Quería odiarla, odiarla por hacer de cómplice en todo este circo y teatro, pero ella no era más que un títere en el juego de mi tío William, otra víctima de su sed de venganza. Aunque estaba junto a ella seguía ignorándome, o estaba tan absorta en sus propios pensamientos que no pareció notar mi cambio de lugar.
-Me gustaría que habláramos de algo muy importante ahora que no está tu madre para…
-Decirme nuevamente que no quieres casarte conmigo, eso lo sé- dijo con voz ronca y entre cortada.
-Sí. Tienes que entender que amo a Mía y… vamos a tener un bebé, probablemente nazca en abril o mayo. Quiero estar con ella sabes. Y sé que ya no me amas- ella seguía viendo hacia la ventana, ¡maldición! Era un tempano de hielo esa chica, pero no me rendiría.- te mereces ser feliz Marie, con un hombre que te ame, y desee casarse contigo por amor y no por obligación…
-Lo sé- me interrumpió ella, ¡vaya! Al menos no estaba gastando saliva en vano.
-Entonces si lo sabes ¿Por qué no lo detienes? Solo tú puedes acabar con esto.
-No puedo hacer- susurro. Me levanté exasperado y pasé las manos por mi cabello con frustración.
-¿Por qué?- grité. Ella tembló asustada ante mi estado, sus grandes ojos azul cielo estaban rojos y a punto de llorar. ¡AHHHH! Como odiaba ver a una mujer llorando.- Lo siento, lo siento, pero no entiendo tu negativa.
-¿Podemos salir a hablar afuera?- yo fruncí el ceño, ¿Qué diferencia abría?- Por favor- suplicó ella.
Salimos al jardín que empezaba a dar señales de un inminente otoño. El aire comenzaba a hacerse cada vez más frio y las hojas cambiaban de color rápidamente. A Mía le hubiese encantado el paisaje, pensé con nostalgia, tal vez ella también estuviese disfrutando del comienzo del otoño con su familia, pero sin mí, eso me destrozaba. Marie se ajustó su chaqueta de visón color crema al soplar una brisa helada que me hizo estremecer.
-Lo que te voy a decir debes prometer no decírselo a nadie- dijo en un susurro casi imperceptible mientras se sentaba en una de las bancas de piedra.
-Puedes confiar en mí- dije. Sosteniendo la manos en alto.
-Estoy enamorada- sonrió al tiempo que bajaba la mirada y jugaba con una brazalete de cuero color negro con un nombre escrito en letras rojas. David. Eso no me lo esperaba.
-Eso es genial- dije casi ilusionado- puedes suspender todo y estás con él…
-No es tan fácil- dijo ella rompiendo mi burbuja- es el hermano mayor de mi mejor amiga.
-¿Juliet?- pregunté al recordar a la chica rubia de ojos oscuros que siempre estaba con Marie cuando éramos más jóvenes, incluso en la escuela estaban siempre juntas.
-¡No!, ella es una zorra que lo único que deseaba de mí era usar mi ropa más cara. Hablo de Sophie, la hija menor de mi nana- ahora entendía todo. Shophie era una chica muy tierna y trabajadora que ayudaba a su madre con los quehaceres de la gran mansión Whitehouse. La joven tendría unos 15 años ahora, las pocas veces que la había visto siempre iba bien vestida y era muy educada, incluso podía pasar fácilmente como una chica pudiente, con la excepción de su humilde pero honrada familia. Ahora creía recordar a un muchacho increíblemente alto de tez bronceada por el sol, que ayudaba en el jardín si más no recordaba.- Mi madre me vio hablando con él hace un par de semanas, y se dio cuenta de mis sentimientos por él, así que insistió en que permaneciera todo el tiempo que sea posible en el castillo con tal de alejarme de él, incluso amenazó con correrlo a él con toda su familia si la desobedecía, y tengo miedo.
-Entiendo- dije sin más. Esa mujer podía ser una bruja.
-Pero no podemos seguir con esto, tú y yo amamos a otras personas, y si continuamos seremos inmensamente infelices.- ella bajo la cabeza y miró sus caras zapatillas blancas.- Tú perderás a ese muchacho y… yo no quiero perder ni a Mía ni a mi hijo.
-No muchos saben lo de tu hijo ¿cierto?- preguntó ella.
-No, es un secreto y es vital que no lo reveles a nadie- dije de manera autoritaria. No podía arriesgarme a ponerlos en peligro por mi imprudencia.- ¿Entonces puedo considerarte como una aliada?
-Me pides demasiado.
-Entonces no amas tanto a David como dices hacerlo- ella abrió los ojos como platos y grito un “No es cierto” pero yo seguí hablando- ¡Mientes! ¡Porque si de verdad lo amaras lucharías contra todos con tal de estar a su lado, y eso es lo que yo estoy haciendo!
-Lo amo Bastean, lo amo demasiado, pero esto es más grande que nosotros- lloriqueo ella- No puedo darme el lujo de ganarme a mi madre como enemiga, y mucho menos a tu tío que está loco de remate…
-¿Sabes donde esta mi tío?- pregunté en el momento en el que un plan se comenzaba a formar en mi cabeza.
-Claro, ha pasado en nuestra casa todo el tiempo, bueno, salé mucho en el helicóptero de mi padre, pero él pasa todo el día inconsciente por el alcohol y que apenas nota si es de día o de noche.- entre más me contaba más se me ocurría un brillante plan.
-Tengo una idea de cómo podemos librarnos de esto, y que los dos salgamos ganando.- Ella pareció dudar, pero respiró hondo y habló.
-Está bien, cuenta conmigo- en eso nos dimos un apretón de manos. Me gusta esa frase que dicen muchos villanos “El enemigo de mi enemigo es mi amigo” Marie seria de gran ayuda y si estaba tan dispuesta a colaborar tenía que aprovecharla. “No te preocupes por nada mi amor, pronto estaremos juntos” susurre para mis adentros casi como una plegaria, esperaba con todo el corazón que mi plan resultara.
Mansión Whitehouse – una semana después – Marie Elizabeth Whitehouse.
En esos días me había quedado pensando en mi conversación con Bastean. Estaba a punto de ser papá y seguía atado a mí, por desgracia. Yo había buscado mil y un maneras, incluso leído ese bendito contrato una y otra vez para ver si encontrada algo, alguna pista que me sirviera de lago, pero sí Evangeline, la madre de Bastean, no había podido siendo la mejor abogada en el continente entonces no había salida.
Ahora me encontraba en el despacho de mi padre, que se encontraba vacío. Las largas bibliotecas revestían las paredes y llegaban hasta el techo, llenas de cientos y cientos de libros de todo tipo, incluso había una plataforma con otras bibliotecas. Entré en ese lugar consciente de que al no estar ninguno de mis padres podía buscar en paz, ¿pero que buscaba exactamente? No tenía la menor idea, lo que sí estaba segura era que no quería casarme a los 17 y mucho menos con alguien a quien no amaba.
Incluso en el pasado nunca sentí por Bastean lo que ahora sentía por David. Su enorme sonrisa de dientes blancos se filtro por mis pensamientos, era el muchacho más dulce que jamás había conocido, le gustaba cantar, y cuando cuidaba el jardín junto a su padre se ponían a cantar en un exquisito italiano. Un día yo me había quedado como tonta mirándolo trabajar, el sol brillaba y hacía mucho calor. David se había quitado la camina y subido las piernas de sus pantalones hasta las rodillas. Me había quedado pasmada al ver su espalda perlada de sudor, sus musculosos brazos trabajando arduamente, creí que eso solo se veía en las revistas, pero estaba retocadas con photoshop, pero David estaba ahí, en vivo y a todo color, sumamente sexy y bronceado. Él pareció darse cuenta porque se dio la vuelta y me descubrió en el balcón de mi habitación mientras lo observaba. Desde ese momento nuestros encuentros se hicieron más frecuentes, hablábamos todo el tiempo y reíamos mucho, pero uno de esos días mi madre nos atrapó hablando y me dio una fuerte regañisa. Me había dicho que arruinaría sus planes de casarme con un McDragon y tener mucho dinero y poder hacerme con el trono de reina algún día, sin embargo era su plan, no el mío. Tal vez en un punto lo pensé, quise a Bastean, pero siempre sospeche que él no me quería de la misma manera, puede que por la influencia de nuestros padres creímos haber sentido algo el uno por el otro, pero no fue así, y ahora ambos estábamos pagando por ello.
Rebusque los cajones del escritorio de caoba entre un montón de papeles, pero no eran más que cuentas que cada vez subían más, de ahí el interés de hacerse con la fortuna de los McDragon, porque entre el vicio de mi padre y las excentricidades de mi madre estábamos a punto de quebrar, sin mencionar que nuestro administrados era el más grande de los estafadores, William McDragon, mi padrino.
Quizás fuera traición lo que estaba haciendo, después de todo era mi madre de quien estaba hablando, y del hombre que había visto por mí en la ausencia mental de mi padre, pero no aprobaba lo que estaban haciendo, y sí los McDragon no podían solos, yo tenía que hacer algo. Porque faltaba un mes para la boda, y créanme no usaría el horrible vestido cascarón que mi madre quería que usara.
Un fuerte golpe interrumpió mi búsqueda. Los pasos pesados se estaban acercando rápidamente, corrí y subí por las escaleras hasta llegar a la plataforma y me encendí detrás de un sillón de cuero negro, allí nadie me vería, pero yo sí podía ver hacia abajo.
-Te dije que necesito más dinero para el ajuar de Marie, no pretenderás que siga usando lo mismo luego de que se case con el príncipe.- dijo mi madre casi a los gritos y entrando en la habitación, antes de preguntarme con quien hablaba vi la figura de un hombre entrar pisándole los talones. William McDragon hizo acto de presencia con toda su aura de poder e intimidación. Su cabello rubio idéntico al de su hermano estaba cortado a la perfección e iba impecablemente vestido.
-Te recuerdo que hasta que esa niña no se case con aquel bastardo no tendrás ni un centavo de mí ¿entiendes?- dijo él acercándose amenazadoramente a mi madre y ella ni se inmutó.
-Pareces olvidar que esa niña es tuya- ¿Qué? ¿Yo? ¿Hija de William? Estaba totalmente confundida con aquello, ¿es decir que yo no era una Whitehouse sino una McDragon? Por alguna razón nunca se me pasó por la cabeza que aquello podía pasar, es decir… ¿Mi madre y William? Era una locura, se suponía que él era amigo de mi padre, bueno de Guillermo Whitehouse, ¿acaso la amistad no valía nada para él? Y mi madre… estaba desconcertada. William agarro ferozmente a mi madre del brazo y la zarandeó.
-¡No repitas esa mierda! Solo te estoy ayudando a que sigas con esa bocota cerrada, además- dijo soltándola de manera agresiva. ¡Era un canalla! Ahora entendía a Bastean.- Yo saldré beneficiado de todo esto, esa muchacha me ve como a un padre, y la chiquilla no sabe lo cerca que está de eso- se rió para sí.
-¡Si la hubieses reconocido como tuya ella hora seria una McDragon y no estuviese pasando por esto!- le espetó mi madre. Él la miro con sus ojos azules muy fríos, unos ojos a los que ahora que me fijaba eran tan parecidos a los míos. Quería llorar por toda la basura que estaba escuchando. ¿Mi vida era una mentira? Quien creía ser, ya no era y quien creía era mi padre en realidad era otra víctima de las artimañas de esos dos.
-¿Y quedarme contigo también?- grito William emitiendo luego una risotada siniestra que me hizo encoger en mi lugar- ¡Estás loca! Nunca me hubiese reconocido a esa niña como mi bastarda, sin mencionar el hecho de que Guillermo estaba emocionado porque iba a ser padre.
-¿De qué hablas? Guillermo es más infértil que un oso de peluche. En cuanto quede embarazada él supo que no era suyo, por eso está como está.- ¡Dios! Por eso mi padre comenzó a beber como loco, para olvidar la traición de su esposa. Me sentía destrozada por dentro ante la cruda verdad. Pero… si lo pensaba con la cabeza fría era bueno para Bastean y para mí, porque al ser primos no podríamos casarnos, tenía que hablar con él cuanto antes, sin embargo visitaría a alguien primero.
Como ninguno de los dos hiso el esfuerzo de salir del despacho sino que comenzaron a coquetearse, lo cual me hizo poder histérica y asqueada, sin mencionar la humillación que sentía en mi interior, ¿Cómo pudieron? ¿Cómo pudieron sentarse en la mesa a comer conmigo y no caérseles la cara de vergüenza? Pero ninguno de los dos tenía dignidad y mucho menos corazón. Sin hacer ruido me escabullí entre las bibliotecas hasta encontrar un pasadizo que me llevaba al despacho superior, donde estaba mi padre.
El pasadizo era sumamente estrecho, olía a humedad y estaba tan oscuro como la boca de un lobo, pero tantas veces había pasado por él que lo conocía como la palma de mi mano. La mansión estaba llena de pasadizos secretos, y a lo largo de los años me había dedicado con la ayuda de Sophie a recorrerlos uno por uno, ignoraba si mi madre los conocía, o si conocía que alguno existía, pero era divertido escaparme de ella cuando no quería hacer alguna tarea o acompañarla a algún evento social rodeada de gente que se preguntaba porque mi padre nunca nos acompañaba. Ahora entendía la razón.
Cuando llegue a mi destino esperé a que mi visión se adaptase, pero dentro del despacho estaba también oscuro pero era el desconcertante olor a alcohol lo que percibí como una bofetada. Las pesadas cortinas color vino estaba corridas y no dejaban entrar ni un rayo de luz. Había libros, papeles y botellas de whisky desperdigados por el suelo. Caminé y tropecé con lo que parecía ser una estatuilla celta de esas que la gente suele coleccionar, un movimiento cerca del sillón llamó mi atención. Mi padre estaba sentado en su silla y con la cabeza recostada en el escritorio, su cabello era una maraña de cabellos rojizos, hasta en eso éramos diferentes, claro está yo tenía el mismo tono que mi madre, pero si hubiese sido rubia la farsa se habría descubierto mucho antes. Sin embargo el destino tiene sus maneras de traer a flote las verdades más dolorosas, pero que en este caso era sumamente conveniente. Con cautela me acerque al cuerpo inerte de mi padre, que respiraba plácidamente.
-Papi, no eres el único afectado por esto- susurré con nostalgia, ¿Cómo dos seres en los que habías confiado te pudieron hacer esto? Pensé.
-¡Regina!- dijo mi padre despertándose de un susto. Yo salte de la impresión que me causó. Tenía la barba crecida y los ojos desorientados, su aliento era alcohol puro, y ni mencionar su vestimenta desaliñada. Tenía los ojos oscuros rojos.
-No- dije tranquilamente- soy yo, Marie.
-Ah- dijo calmadamente- ¿Qué pasa pequeña?- Lo único que agradecía era, que a pesar de que él conocía la verdad nunca me había tratado con desprecio, sino al contrario, los únicos momentos de lucidez que tenia eran de risas, haciéndonos bromas y divirtiéndonos. A pesar de que William era mi padre biológico nunca ocuparía el lugar que tenia Guillermo en mi corazón.
-Quiera hablar contigo de algo muy importante.- el pareció confundido.
-Claro, claro, déjame tomarme la ultima copita que me queda y hablaremos de lo que quieras…- con calma le quite la botella que se estaba acercando a los labios.
-¡No papá, esto cosa te destruye!- dije lanzando la botella al suelo y viendo como el líquido ambarino se derramaba mi padre emitió un sollozo.
-Lamento que me veas de esta manera, debes odiarme por ser lo que soy, ¡Un maldito borracho!
-No te odio, pero me duele verte en ese estado, te necesito ahora más que nunca, y te necesito sobrio. – Me arrodillé a su lado y él me miraba con lagrimas en los ojos- Sé que no soy tu verdadera hija- sentí como sus manos se tensaban y sus ojos se agrandaban- pero aun así te amo, porque eres el único padre que eh conocido, y porque me has dado lo que ninguna persona me ah dado antes, cariño incondicional, y no te importa como soy porque también me amas, aunque no lleve tu sangre.- sus sollozos se hicieron más audibles al igual que los míos. Las lágrimas mojaban mis mejillas. Luego mi padre se arrodillo a mi lado y me abrazó.
-¿Como no amarte? Si eres la mejor hija que alguien puede desear- ambos nos miramos, y fue como nunca lo habíamos hecho. Sin decir palabras haciendo una promesa de estar juntos siempre- Voy a superar esto bebé, por ti. A todas estas… ¿Cómo te enteraste?
-Escuché una conversación entre William y mi madre.
-Ella nunca ah sido prudente con eso. Todos estos años me ah restregado en la cara que no llevas mi sangre, por eso te mantenía lejos de mí.- dijo en tono nostálgico.
-¿Comenzaste a beber porque ella te engaño con William?- pregunte curiosa.
-¡Oh no!- dijo echando una risotada- Regina siempre me ah engañado, quizás comencé a beber cuando ella me dijo que no podía estar contigo porque yo no era tu padre, que solo eras su hija y no mía, que no tenia derechos ni nada. Creo que me deprimí tanto que no me di cuenta que también te hería a ti pequeña.
-Pero ya no importa-dije decidida- lo que importa es que estés bien y que me ayudes a detener a William.
-¿A qué te refieres? –preguntó.
-Mi madre y él quieren que me case con Bastean, pero si como lo que dijeron ellos es cierto y soy una McDragon eso me hace prima de Bastean. Y no puedo casarme con él, además no lo amo, es un gran amigo, pero eso es todo. Incluso hay un documento que…
-Lo conozco- me interrumpió él- te madre me obligó a firmarlo, me amenazó con llevarte lejos y me aterré- yo acaricie su rostro descuidado.
-Nadie me separara de ti, pero ahora tenemos que demostrar que William es mi verdadero padre, que es un estafador y debe pagar por ello. ¡Pero no tengo idea que hacer!- estaba frustrada, pero al ver la sonrisa triunfal de mi padre sabía que él sí.
-Tengo todo lo necesario para hundir a McDragon. Y podemos hacer una prueba de ADN con alguno de los chicos McDragon o con el mismo rey y tendremos lo que necesitamos. – ¡Gracias al cielo! Abrace con fuerza a mi padre. ¡Dios, Dios, Dios! Mi padre era increíblemente inteligente, solo teníamos que llamar a Bastean y armar el plan cuanto antes.
-Este juego está a punto de acabar, ahora vamos, te prepararé yo misma un café bien cargado y dirijámonos al castillo de Kent lo antes posible.- el mañana parecía más claro ahora, y todo gracias a una conversación que no tenía que haber oído, o al contrario, escuche oportunamente.
A mi querido “papi William” le esperaba una gran sorpresa.
martes, 8 de noviembre de 2011
Capitulo 33
Estaba sentada en una de las mesas de Starbucks en el centro comercial. ¡Dios! Como había querido un chocolate con crema, estaba delicioso. El lugar estaba atestado de gente, muchos eran conocidos de la escuela, chicos con los que había visto una que otra clase, pasaban junto a mí como si no hubiese nadie, normal, estaba acostumbrada a eso.
-Así que es cierto- dijo una horrible voz chillona a mis espaldas.- estas de regreso- me di la vuelta y me encontré a Britt delante de mí, petulante como siempre y rosa
-Sí, ¿y?
-Nada, solo quería comprobar por mi misma si el rumor de que regresaste al pueblo es cierto, ¿Y Bass?- hizo como que buscaba a alguien. Iugh! Odiaba ese horrible apodo que le puso- ¿Dónde está?
-Su nombre es Bastean, y está en su país- ¡Maldita zorra! Como la despreciaba.
-Oh, así que él te dejo, sabía que eso duraría muy poco- dijo con una sonrisa de suficiencia.
-No sabes nada.
-Entonces ilumíname- dijo Britt retándome.
-¿Por qué me odias?- Pregunte al final, pensé que no tenía sentido quedarme a discutir con ella hasta que respondió.
-¿Aun lo preguntas?- ella suspiró.
-Ni siquiera sé porque lo haces, luego de la muerte de mi madre dejaste de hablarme y comenzaste a tratarme mal, creo que somos bastante grandecitas ya ¿no lo crees?- Iba a irme de la ciudad, y quería dejar todos mis asuntos en este pueblo zanjados.
-Bobby Brian, 3er grado. Estaba loca por él, pero él estaba pendiente contigo- Mis ojos se pusieron como platos, ¿por una estupidez de niños me odiaba? Bobby Brian había sido un lindo niño de cabellos oscuros y ojos celestes, su sonrisa era hermosa, pero le gustaba aplastar saltamontes y esconderlos en los pupitres, ahora era trompetista en la banda local, usa aparatos, es muy alto y muy delgado como una vara.- Richar Simon 5to grado- continuo ella- se acerco a mí un día durante el almuerzo, pensé que iba a declarárseme, pero me pidió que te preguntara si tú querías ser su novia, esa fue la gota que derramo el vaso, ¿aun no lo entiendes? Ellos fueron solo los primeros, Luis Méndez, Jou Preston, Gabe Müller, Christopher Pills, todos ellos estaban enamorados de ti, ¿y yo qué? Nada. Y luego, Peter.
-¿Peter?- ¿Se había vuelto loca?
-Sí, en el almuerzo él solo repetía lo linda que estabas ese día, o alguna tonta historia sobre ti, y luego cuando ese príncipe llego también quisiste tenerlo, ¿no te vasto con todo lo demás que me quitaste Mía Taylor?- Britt se quito una gorda lagrima que rodó por su mejilla.
-No fue mi culpa, nunca hice nada para que ellos gustaran de mí- me defendí.
-¡EXACTO!- dijo exasperada- Nunca te molestaste en arreglarte lo suficiente para llamar la atención de los chicos, y aun así ellos te buscaban. A mí me querían por tener dinero o ser popular, pero nunca me quisieron por lo que era.
-Yo sí, eras mi amiga, pero la envidia y los celos te cegaron, y mira como estas ahora, sigues resentida por algo que no estaba en mi control. Lo siento por ti- Creo que me había pasado de irónica, pero no tenía otra cosa que decirle sino la verdad, me odiaba por no tener lo que yo tenía, a esos chicos, de los cuales si no fuera por lo que ella me había revelado nunca hubiese imaginado que había pasado. El silencio que se formo entre nosotras se volvió tenso- iré a vivir a Brooklyn.
-Pensé que irías a una prestigiosa universidad- dijo con un tono más bajo de lo normal, es decir, era Britt, la niña que siempre me había torturado, lanzado tierra con gusanos y derramado cualquier cosa en mi cabello, y eso en una sola semana. No estaba segura de que responder a eso sino con un:
-Cambio de planes.
-Tú nunca haces cambio de planes, si no quieres decirme ok, pero el pueblo entero se enterara tarde o temprano, eso lo sabes- ella tenía razón, tarde o temprano todos sabrían que estaba embarazada, además mi padre estaba como loco diciéndole a todo el mundo que sería abuelo, era mejor que se supiera por mí, no quería estar en boca de todos. Que murmuraban cuando pasara “mira a esa chica, es la que se embarazó del príncipe” o “pobre chica, se arruino la vida” no quería ni su compasión ni su lastima, gracias al cielo íbamos a irnos pronto.
-Tendré un bebé de Bastean, y no me voy por eso, quiero algo diferente, no vivir en un pueblo en el todos chismorrean de todos, eso es patético. Estoy cansada de este lugar, Britt, cansada de cuidar todo lo que hago para que los demás no me juzguen o señalen.
-Te admiro por eso- dijo ella sonriéndome, en muchos años no lo había hecho, o por lo menos no se estaba riendo de mí- me alegro que puedas salir de este lugar y no quedarte estancada como los demás.
-Gracias, ¿tú que harás?- le pregunté.
-Probablemente trabaje con mi padre, él no está convencido de mandarme a la universidad, y tampoco quiere que estudie modelaje, así que no me queda más que quedarme aquí, tener un asqueroso empleo y casarme con algún idiota que mi padre considere adecuado. Debes estar feliz de que todo lo malo que hice se me devolviendo hacia mí.
-Para nada- dije poniendo una mano en su hombro- todos merecemos un felices para siempre. No dejes que tu padre gobierne tu vida Britt. Ahora tengo que irme, fue bueno que habláramos.
-Lo mismo digo.
Salí del centro comercial luego de mi conversación con Britt, la verdad nunca imaginé que esa chica estuviese tan dolida por el hecho de que nadie la quisiera por lo que era sino por lo que tenía. Al crecer pensé haber hecho algo realmente malo para que me pasaran tantas cosas malas juntas, pero ahora me doy cuenta de que la vida es así, no por las cosas malas, sino acontecimientos que por más que odiemos son necesarios para que aprendamos, no solo a valorar lo que realmente es importante, sino para no cometer los mismos errores una y otra vez, que solo nos harán sufrir y decepcionarnos de la vida.
Britt siempre había sido una chica solitaria que necesitaba la atención de todos para sentirse bien, y como ellas muchos otros. Ahora que me iba del pueblo reconsideraba la idea de sentirme nostálgica. ¡NO! Siempre odie ese maldito pueblo, lleno de gente que critica hasta tu forma de caminar, extrañaría ir al cementerio cada día, al señor Graham, incluso a los oficiales Stone y Conrad, pero solo eso. Mis amigos no vivían allí. Cloe estaría en Brooklyn con Selena, lo que quería decir que estaría conmigo, o por lo menos hasta que comenzara la universidad. Era un nuevo comienzo para mí, y eso es bueno, creo.
A dos días de mi llegada todo para la mudanza estaba listo. Con nostalgia miré mi habitación vacía, solo las paredes lilas y las puertas del balcón abiertas de par en par. En esa casa había crecido, llenado de alegría cada rincón, pero la tristeza se había asomado por una ventana y pareció haberse instalado, hasta que Bastean entro a mi vida y me devolvió sonrisa que había perdido en algún punto de mi vida. ¿Pero no era eso parte de la vida también? Perder, ganar, vivir y sufrir, parecía un poco deprimente pero era cierto. Nadie dijo que sería fácil, nadie escribió en piedra que debíamos sufrir o ser totalmente felices, porque de tener todo en nuestras manos ¿para que luchar? ¿Para que esforzarme? No valía la pena perder el tiempo en algo que no me daría mayor gratificación que la que ya tenía, en fin, vivir es una gran aventura y morir es llevarla a su final.
En silencio dije adiós a esas paredes que por tantos años había cobijado mi cuerpo y mi alma. Mi refugio de un mundo cruel, aunque suene dramático de nuevo tenía razón, nadie tiene compasión si eres débil, y nadie te ofrece su compasión sin algo a cambio. De ahí mi odio por la lástima, porque era un sentimiento un tanto despectivo por decirlo así. ¡Va! Sí, me encontraba en un estado depresivo bastante patético si me lo preguntan, y las hormonas realmente no me ayudaban en mi proceso de adaptación al cambio. Mi teléfono comenzó a sonar de repente, en la pantalla estaba escrito con letras mayúsculas –BASTEAN- la garganta literalmente se me cerró, había querido escuchar su voz durante los últimos días, pero había sido una cobarde al no llamarlo, quizás el miedo a derrumbarme luego de que él colgase el teléfono, o llorar desconsolada aun hablando con él, eso le afectaría, pero mis emociones estaban descontroladas y no sabía cómo reaccionar, pero tampoco podía dejar repicar el teléfono un millón de veces hasta saber qué hacer con mi ya muy complicada vida.
-¿Hola?- dije luego de presionar la tecla de contestar.
-Hola princesa- sentí como las lagrimas comenzaban a ahogarme y amontonarse en mis ojos. Escucharlo me hacia respirar nuevamente, saber que estaba bien era suficiente.
-Bastean- dije casi como una plegaria.
-Quien si no hermosa, ¿Cómo estás? – Te diré como estoy, deprimida, herida, desconsolada, con ganas de llorar y comer ahora mismo, así estoy, quería decirle.
-Bien- dije en su lugar.
-Me alegro mucho, ¿Cómo está el bebé? ¿Cómo te has sentido?- sonó preocupado.
-Está bien, un poco hambriento. En general mi estado de salud es normal, con excepción de las mañanas cuando me atacan las nauseas, tengo sueño y hambre todo el tiempo, pero de resto todo bien. ¿Cómo están todos?
-Bien- dijo sin más. Era extraño porque le gustaba parlotear. Algo pasaba.
-¿Bastean, en serio está todo bien? ¿Alguna novedad? – Lo siguiente fue silencio.- ¿Bastean?- más silencio.- ¿Sigues ahí?
-Ah… sí- dijo en un susurro.- Tengo que comentarte algo, pero no sé como lo tomaras, ni siquiera estoy seguro de si contarte sea prudente en tu estado.
-Estas asustándome ¿Qué ocurre? ¿Le pasó algo a las chicas, a tus padre?- ok, sí me estaba alterado.
-No, no todos están bien. Bueno mi madre está fúrica, pero eso pasa últimamente. Mi padre regresó hace una semana y adopto el mismo mal humor de mi madre. La verdad es que el catillo está sumido en una palpable tensión.
-¿Y por qué? No creo que les haya afectado mi partida- reí un poco para alivianar el amargo tono de voz que tenia Bastean, nunca lo había escuchado así, valla hasta aquí llegaba la tensión.
-De hecho es eso en parte, todos te echan de menos, Monique y Cecile preguntan a diario por ti y tu bola de pelos, te extrañan mucho. Lilly quiere que te conectes pero no lo haces últimamente.
-¿Y tú?- pregunté.
-¿Yo qué?
-¿No me extrañas?
-Es una tortura despertar cada mañana y no encontrarte acostada a mi lado. Incluso he pasado varias noches en la habitación que ocupaste solo para sentirte un poco más cerca, pero es inútil Mía, te metiste en lo más hondo de mi ser, y juro por Dios que me estoy muriendo. Solo el cielo sabe las veces que me he controlado de salir, buscar mis maletas, tomar el avión y estar allí a tu lado.- Las lagrimas no se hicieron esperar, lloré en silencio mientras Bastean me decía a que grado me extrañaba, ¡por Dios! Yo estaba igual o peor gracias a mis hormonas.
-También muero por estar a tu lado, valla y solo han pasado unos pocos días, no quisiera imaginar un mes o algo así, pero pronto estaremos juntos- Bastean no contesto a eso, ¡MAS RARO AUN! porque él era el más interesado en casarnos y todo eso.- Bastean sigues ocultándome algo, ¡dímelo ahora mismo!- me estaba enojando, no era tan débil.
-Mía… voy a casarme con Mary Elizabeth.- El corazón dejo de latirme en el instante en que terminó de decir esa frase. ¿Todo lo anterior que había sido? ¿Una mentira? ¿Lo nuestro había sido una mentira? Pero no debía alterarme, había visto esto en muchas películas antes: La chica se enoja, lo deja, el chico intenta detenerla pero ella lo ignora, y resulta ser todo un malentendido. No, no podía arriesgarme a ser una cabezota y no escuchar por lo menos una explicación razonable para su absurdo comportamiento, no después de haber asegurado que me extrañaba hasta morir.
-¿Por qué?- fue todo lo que dije, era sencillo responder eso. Lo escuche suspirar por el auricular.
-Odio cuando eres así de fría.
-¡No respondiste mi maldita pregunta! ¡Respóndeme ahora porque diablos te casaras con esa zorra sabiendo que estoy esperando un bebé tuyo Bastean McDragon!, ¡contéstame o seré yo la que tomé el primer vuelo y valla a Vera, pero para patear ese trasero tuyo!- le grité a todo pulmón, ¿me quería oír enojada?, bien, esperaba que estuviera feliz. Luego lo escuché reír. ¿Cómo demonios se estaba riendo? - ¿Qué es tan gracioso imbécil?
-Tú, estás celosa cariño, lo sé. – siguió riéndose él.
-¡Eres una bastardo McDragon!- Me dolía el pecho, estaba enojada, pero sobre todo triste- Deja ya el juego Bastean, dime porque te casaras con ella, pensé…- Había sido una tonta al pensar que él dejaría todo por mí. ¿No era de esto lo todas las madres advertían a sus hijas? Claro, yo no había tenido quien me lo dijera. Lulú lo hizo pero… yo no escuche. Incluso Cloe lo hizo, ahora parecía un momento muy lejano, me hubiese gustado permanecer fría, indiferente, decidida, pero solo me senté en el suelo frio y desnudo de mi habitación, bueno la que había sido mi habitación, lloré un momento, en el que Bastean no había pronunciado palabra, incluso llegue a pensar que había colgado, pero escuchaba del otro lado de la línea los sollozos ahogado que él emitía.- ¿Por qué, Bastean?- pregunté nuevamente.
-Cumpliré con lo establecido en el contrato, es la única manera de acabar con todo esto. Aunque me esté complicando las cosas estoy seguro de poder convencer a Marie para que desista de ese encaprichamiento suyo de querer casarse conmigo solo porque ese maldito documento lo dice. Ella tiene el poder de romper el compromiso yo no, así que… pretendo aceptar casarme con ella, pero lo retrasaré todo lo posible.- Quería creerle, realmente quería, pero mi alma se negaba. Ya me estaba cansando de todo esto. De recoger constantemente las piezas sueltas de mi corazón.
-No tengo nada que decirte más que… si no te liberas de ella espero que seas feliz…
-No, no, no Mía, por lo que más quieras no digas esas palabras, no estoy dispuesto a renunciar a ti, ¿me escuchas? ¡Nunca!- lo escuche alterarse.
-Nunca digas nunca Bastean McDragon. Eso me llevó a ilusionarse demasiado, y duele ¿sabes? Pero está bien, casarte con ella es más ventajoso, te quedaras con tus tierras y William te dejará en paz, no hay problema. Yo en cambio, estaré bien, esta tarde salgo del pueblo con mi padre y Lulú, nos mudaremos y es probable que comience una nueva vida, en la que me doy cuenta ya estarás. Solo me preocupa el hecho de que tu prometida no acepte que tendrás un hijo con otra. Si quieres puedo desaparecer, nuestro hijo sabrá que su papá es un príncipe, pero que tenía que cumplir como caballero que era, ¡wuao! Serás su héroe.
-Mía me estas rompiendo el corazón.
-¿Y tú crees que el mío está intacto? ¿Crees que no me duele que mi hijo no tenga a su padre con él? Yo no importo ahora, solo él me importa, más que todo, no estoy dispuesta a verlo sufrir, no por culpa de tus malditas leyes de príncipe, ¡Ja! Lo dije, ¡vete al diablo Bastean! ¡Puedes hacerlo tú y tu Marie Zorrabeth!
-Mía, no entiendes nada, voy a hacer lo posible para no casarme con ella, tal vez cuando sepa que tendremos un hijo no se quiera casar conmigo…
-Al contrario, eso le servirá para atarte más a ella, ya dejemos esto Bastean, dejémoslo por la paz, estoy cansada. Olvidemos que esto pasó alguna vez, olvida que nos conocimos, olvídame a mí, tan solo… no te olvides que dentro de mí también hay una parte de ti, que te necesita, no quiero que sufra y menos por tu culpa- dije firmemente. Aquello me destrozaba enormemente, pero no tenia opción, era mejor mostrarme fría que hacerle ver lo mucho que me afectaba nuestra situación.
-No me olvidare de él, ni de ti. Hare lo que tenga que hacer para impedir a toda costa mi matrimonio. No quiero que me odies, sabes que no pedí estar involucrado en esto. Mía, yo te amo, amo a nuestro hijo, y es contigo con quien voy a casarme ¿entiendes? CONTIGO.
-¿Puedes dejarlo ya?- dije en el tono más frio que pude.
-Mía, estoy muriendo por dentro, mi familia entera está en riesgo, ¡Por Dios! Entiéndeme y ponte en mi lugar un segundo. La mujer que amo esta en otro país con nuestro inocente hijo en su vientre mientras que yo me quedo aquí cuidando a mi familia y tratando de zafarme de un matrimonio que no quiero, mi desgraciado tío está tratando de matarme no solo a mí sino también a mi padre. – Él tenía razón en algo, no era fácil su situación, pero era yo la que llevaba a su hijo en mí ¿Y no quería que me viera afectada?
-Tú intestas proteger a los tuyos así como yo intento hacer lo mismo, admitamos que esto no va a funcionar Bastean.- dije resignada.
-Mía, te repito, solucionaré esto para que los tres estemos juntos de nuevo, solo quiero que me prometas que estarás esperándome, porque sino esta batalla es inútil si tú no estás ahí para mí, como la luz al final de un túnel.- Sus palabras hicieron derretir el hielo que se había formado dentro de mí, él tenía ese efecto.
-Supongo que sí, pero no estaré ahí para siempre, solo recuerda eso.
-Te Amo Mía, más que a mi vida, los amo a los dos como nunca pensé amar a nadie en este mundo.- dijo él en tono solemne.
-También yo… también nosotros- corregí.
-Tengo que dejarte ahora pero… te llamaré. Cuando estés instalada hablaremos por un video chat, quiero ver tu rostro, ver con mis propios ojos que estas bien. Te amo Mía, te amo, mil veces lo repetiré, lo gritaré si quieres.- comenzó a reírse, aunque era una risa vacía, estaba triste, lo sabía.
-Adiós mi príncipe encantado.
-Adiós mi bella durmiente.
Con eso se corto la comunicación, y por visto todo conducto hacia mi corazón. Estaba muriendo lentamente, y ese había sido un golpe fatal para mí. Mañana empezaría de nuevo.
-Así que es cierto- dijo una horrible voz chillona a mis espaldas.- estas de regreso- me di la vuelta y me encontré a Britt delante de mí, petulante como siempre y rosa
-Sí, ¿y?
-Nada, solo quería comprobar por mi misma si el rumor de que regresaste al pueblo es cierto, ¿Y Bass?- hizo como que buscaba a alguien. Iugh! Odiaba ese horrible apodo que le puso- ¿Dónde está?
-Su nombre es Bastean, y está en su país- ¡Maldita zorra! Como la despreciaba.
-Oh, así que él te dejo, sabía que eso duraría muy poco- dijo con una sonrisa de suficiencia.
-No sabes nada.
-Entonces ilumíname- dijo Britt retándome.
-¿Por qué me odias?- Pregunte al final, pensé que no tenía sentido quedarme a discutir con ella hasta que respondió.
-¿Aun lo preguntas?- ella suspiró.
-Ni siquiera sé porque lo haces, luego de la muerte de mi madre dejaste de hablarme y comenzaste a tratarme mal, creo que somos bastante grandecitas ya ¿no lo crees?- Iba a irme de la ciudad, y quería dejar todos mis asuntos en este pueblo zanjados.
-Bobby Brian, 3er grado. Estaba loca por él, pero él estaba pendiente contigo- Mis ojos se pusieron como platos, ¿por una estupidez de niños me odiaba? Bobby Brian había sido un lindo niño de cabellos oscuros y ojos celestes, su sonrisa era hermosa, pero le gustaba aplastar saltamontes y esconderlos en los pupitres, ahora era trompetista en la banda local, usa aparatos, es muy alto y muy delgado como una vara.- Richar Simon 5to grado- continuo ella- se acerco a mí un día durante el almuerzo, pensé que iba a declarárseme, pero me pidió que te preguntara si tú querías ser su novia, esa fue la gota que derramo el vaso, ¿aun no lo entiendes? Ellos fueron solo los primeros, Luis Méndez, Jou Preston, Gabe Müller, Christopher Pills, todos ellos estaban enamorados de ti, ¿y yo qué? Nada. Y luego, Peter.
-¿Peter?- ¿Se había vuelto loca?
-Sí, en el almuerzo él solo repetía lo linda que estabas ese día, o alguna tonta historia sobre ti, y luego cuando ese príncipe llego también quisiste tenerlo, ¿no te vasto con todo lo demás que me quitaste Mía Taylor?- Britt se quito una gorda lagrima que rodó por su mejilla.
-No fue mi culpa, nunca hice nada para que ellos gustaran de mí- me defendí.
-¡EXACTO!- dijo exasperada- Nunca te molestaste en arreglarte lo suficiente para llamar la atención de los chicos, y aun así ellos te buscaban. A mí me querían por tener dinero o ser popular, pero nunca me quisieron por lo que era.
-Yo sí, eras mi amiga, pero la envidia y los celos te cegaron, y mira como estas ahora, sigues resentida por algo que no estaba en mi control. Lo siento por ti- Creo que me había pasado de irónica, pero no tenía otra cosa que decirle sino la verdad, me odiaba por no tener lo que yo tenía, a esos chicos, de los cuales si no fuera por lo que ella me había revelado nunca hubiese imaginado que había pasado. El silencio que se formo entre nosotras se volvió tenso- iré a vivir a Brooklyn.
-Pensé que irías a una prestigiosa universidad- dijo con un tono más bajo de lo normal, es decir, era Britt, la niña que siempre me había torturado, lanzado tierra con gusanos y derramado cualquier cosa en mi cabello, y eso en una sola semana. No estaba segura de que responder a eso sino con un:
-Cambio de planes.
-Tú nunca haces cambio de planes, si no quieres decirme ok, pero el pueblo entero se enterara tarde o temprano, eso lo sabes- ella tenía razón, tarde o temprano todos sabrían que estaba embarazada, además mi padre estaba como loco diciéndole a todo el mundo que sería abuelo, era mejor que se supiera por mí, no quería estar en boca de todos. Que murmuraban cuando pasara “mira a esa chica, es la que se embarazó del príncipe” o “pobre chica, se arruino la vida” no quería ni su compasión ni su lastima, gracias al cielo íbamos a irnos pronto.
-Tendré un bebé de Bastean, y no me voy por eso, quiero algo diferente, no vivir en un pueblo en el todos chismorrean de todos, eso es patético. Estoy cansada de este lugar, Britt, cansada de cuidar todo lo que hago para que los demás no me juzguen o señalen.
-Te admiro por eso- dijo ella sonriéndome, en muchos años no lo había hecho, o por lo menos no se estaba riendo de mí- me alegro que puedas salir de este lugar y no quedarte estancada como los demás.
-Gracias, ¿tú que harás?- le pregunté.
-Probablemente trabaje con mi padre, él no está convencido de mandarme a la universidad, y tampoco quiere que estudie modelaje, así que no me queda más que quedarme aquí, tener un asqueroso empleo y casarme con algún idiota que mi padre considere adecuado. Debes estar feliz de que todo lo malo que hice se me devolviendo hacia mí.
-Para nada- dije poniendo una mano en su hombro- todos merecemos un felices para siempre. No dejes que tu padre gobierne tu vida Britt. Ahora tengo que irme, fue bueno que habláramos.
-Lo mismo digo.
Salí del centro comercial luego de mi conversación con Britt, la verdad nunca imaginé que esa chica estuviese tan dolida por el hecho de que nadie la quisiera por lo que era sino por lo que tenía. Al crecer pensé haber hecho algo realmente malo para que me pasaran tantas cosas malas juntas, pero ahora me doy cuenta de que la vida es así, no por las cosas malas, sino acontecimientos que por más que odiemos son necesarios para que aprendamos, no solo a valorar lo que realmente es importante, sino para no cometer los mismos errores una y otra vez, que solo nos harán sufrir y decepcionarnos de la vida.
Britt siempre había sido una chica solitaria que necesitaba la atención de todos para sentirse bien, y como ellas muchos otros. Ahora que me iba del pueblo reconsideraba la idea de sentirme nostálgica. ¡NO! Siempre odie ese maldito pueblo, lleno de gente que critica hasta tu forma de caminar, extrañaría ir al cementerio cada día, al señor Graham, incluso a los oficiales Stone y Conrad, pero solo eso. Mis amigos no vivían allí. Cloe estaría en Brooklyn con Selena, lo que quería decir que estaría conmigo, o por lo menos hasta que comenzara la universidad. Era un nuevo comienzo para mí, y eso es bueno, creo.
A dos días de mi llegada todo para la mudanza estaba listo. Con nostalgia miré mi habitación vacía, solo las paredes lilas y las puertas del balcón abiertas de par en par. En esa casa había crecido, llenado de alegría cada rincón, pero la tristeza se había asomado por una ventana y pareció haberse instalado, hasta que Bastean entro a mi vida y me devolvió sonrisa que había perdido en algún punto de mi vida. ¿Pero no era eso parte de la vida también? Perder, ganar, vivir y sufrir, parecía un poco deprimente pero era cierto. Nadie dijo que sería fácil, nadie escribió en piedra que debíamos sufrir o ser totalmente felices, porque de tener todo en nuestras manos ¿para que luchar? ¿Para que esforzarme? No valía la pena perder el tiempo en algo que no me daría mayor gratificación que la que ya tenía, en fin, vivir es una gran aventura y morir es llevarla a su final.
En silencio dije adiós a esas paredes que por tantos años había cobijado mi cuerpo y mi alma. Mi refugio de un mundo cruel, aunque suene dramático de nuevo tenía razón, nadie tiene compasión si eres débil, y nadie te ofrece su compasión sin algo a cambio. De ahí mi odio por la lástima, porque era un sentimiento un tanto despectivo por decirlo así. ¡Va! Sí, me encontraba en un estado depresivo bastante patético si me lo preguntan, y las hormonas realmente no me ayudaban en mi proceso de adaptación al cambio. Mi teléfono comenzó a sonar de repente, en la pantalla estaba escrito con letras mayúsculas –BASTEAN- la garganta literalmente se me cerró, había querido escuchar su voz durante los últimos días, pero había sido una cobarde al no llamarlo, quizás el miedo a derrumbarme luego de que él colgase el teléfono, o llorar desconsolada aun hablando con él, eso le afectaría, pero mis emociones estaban descontroladas y no sabía cómo reaccionar, pero tampoco podía dejar repicar el teléfono un millón de veces hasta saber qué hacer con mi ya muy complicada vida.
-¿Hola?- dije luego de presionar la tecla de contestar.
-Hola princesa- sentí como las lagrimas comenzaban a ahogarme y amontonarse en mis ojos. Escucharlo me hacia respirar nuevamente, saber que estaba bien era suficiente.
-Bastean- dije casi como una plegaria.
-Quien si no hermosa, ¿Cómo estás? – Te diré como estoy, deprimida, herida, desconsolada, con ganas de llorar y comer ahora mismo, así estoy, quería decirle.
-Bien- dije en su lugar.
-Me alegro mucho, ¿Cómo está el bebé? ¿Cómo te has sentido?- sonó preocupado.
-Está bien, un poco hambriento. En general mi estado de salud es normal, con excepción de las mañanas cuando me atacan las nauseas, tengo sueño y hambre todo el tiempo, pero de resto todo bien. ¿Cómo están todos?
-Bien- dijo sin más. Era extraño porque le gustaba parlotear. Algo pasaba.
-¿Bastean, en serio está todo bien? ¿Alguna novedad? – Lo siguiente fue silencio.- ¿Bastean?- más silencio.- ¿Sigues ahí?
-Ah… sí- dijo en un susurro.- Tengo que comentarte algo, pero no sé como lo tomaras, ni siquiera estoy seguro de si contarte sea prudente en tu estado.
-Estas asustándome ¿Qué ocurre? ¿Le pasó algo a las chicas, a tus padre?- ok, sí me estaba alterado.
-No, no todos están bien. Bueno mi madre está fúrica, pero eso pasa últimamente. Mi padre regresó hace una semana y adopto el mismo mal humor de mi madre. La verdad es que el catillo está sumido en una palpable tensión.
-¿Y por qué? No creo que les haya afectado mi partida- reí un poco para alivianar el amargo tono de voz que tenia Bastean, nunca lo había escuchado así, valla hasta aquí llegaba la tensión.
-De hecho es eso en parte, todos te echan de menos, Monique y Cecile preguntan a diario por ti y tu bola de pelos, te extrañan mucho. Lilly quiere que te conectes pero no lo haces últimamente.
-¿Y tú?- pregunté.
-¿Yo qué?
-¿No me extrañas?
-Es una tortura despertar cada mañana y no encontrarte acostada a mi lado. Incluso he pasado varias noches en la habitación que ocupaste solo para sentirte un poco más cerca, pero es inútil Mía, te metiste en lo más hondo de mi ser, y juro por Dios que me estoy muriendo. Solo el cielo sabe las veces que me he controlado de salir, buscar mis maletas, tomar el avión y estar allí a tu lado.- Las lagrimas no se hicieron esperar, lloré en silencio mientras Bastean me decía a que grado me extrañaba, ¡por Dios! Yo estaba igual o peor gracias a mis hormonas.
-También muero por estar a tu lado, valla y solo han pasado unos pocos días, no quisiera imaginar un mes o algo así, pero pronto estaremos juntos- Bastean no contesto a eso, ¡MAS RARO AUN! porque él era el más interesado en casarnos y todo eso.- Bastean sigues ocultándome algo, ¡dímelo ahora mismo!- me estaba enojando, no era tan débil.
-Mía… voy a casarme con Mary Elizabeth.- El corazón dejo de latirme en el instante en que terminó de decir esa frase. ¿Todo lo anterior que había sido? ¿Una mentira? ¿Lo nuestro había sido una mentira? Pero no debía alterarme, había visto esto en muchas películas antes: La chica se enoja, lo deja, el chico intenta detenerla pero ella lo ignora, y resulta ser todo un malentendido. No, no podía arriesgarme a ser una cabezota y no escuchar por lo menos una explicación razonable para su absurdo comportamiento, no después de haber asegurado que me extrañaba hasta morir.
-¿Por qué?- fue todo lo que dije, era sencillo responder eso. Lo escuche suspirar por el auricular.
-Odio cuando eres así de fría.
-¡No respondiste mi maldita pregunta! ¡Respóndeme ahora porque diablos te casaras con esa zorra sabiendo que estoy esperando un bebé tuyo Bastean McDragon!, ¡contéstame o seré yo la que tomé el primer vuelo y valla a Vera, pero para patear ese trasero tuyo!- le grité a todo pulmón, ¿me quería oír enojada?, bien, esperaba que estuviera feliz. Luego lo escuché reír. ¿Cómo demonios se estaba riendo? - ¿Qué es tan gracioso imbécil?
-Tú, estás celosa cariño, lo sé. – siguió riéndose él.
-¡Eres una bastardo McDragon!- Me dolía el pecho, estaba enojada, pero sobre todo triste- Deja ya el juego Bastean, dime porque te casaras con ella, pensé…- Había sido una tonta al pensar que él dejaría todo por mí. ¿No era de esto lo todas las madres advertían a sus hijas? Claro, yo no había tenido quien me lo dijera. Lulú lo hizo pero… yo no escuche. Incluso Cloe lo hizo, ahora parecía un momento muy lejano, me hubiese gustado permanecer fría, indiferente, decidida, pero solo me senté en el suelo frio y desnudo de mi habitación, bueno la que había sido mi habitación, lloré un momento, en el que Bastean no había pronunciado palabra, incluso llegue a pensar que había colgado, pero escuchaba del otro lado de la línea los sollozos ahogado que él emitía.- ¿Por qué, Bastean?- pregunté nuevamente.
-Cumpliré con lo establecido en el contrato, es la única manera de acabar con todo esto. Aunque me esté complicando las cosas estoy seguro de poder convencer a Marie para que desista de ese encaprichamiento suyo de querer casarse conmigo solo porque ese maldito documento lo dice. Ella tiene el poder de romper el compromiso yo no, así que… pretendo aceptar casarme con ella, pero lo retrasaré todo lo posible.- Quería creerle, realmente quería, pero mi alma se negaba. Ya me estaba cansando de todo esto. De recoger constantemente las piezas sueltas de mi corazón.
-No tengo nada que decirte más que… si no te liberas de ella espero que seas feliz…
-No, no, no Mía, por lo que más quieras no digas esas palabras, no estoy dispuesto a renunciar a ti, ¿me escuchas? ¡Nunca!- lo escuche alterarse.
-Nunca digas nunca Bastean McDragon. Eso me llevó a ilusionarse demasiado, y duele ¿sabes? Pero está bien, casarte con ella es más ventajoso, te quedaras con tus tierras y William te dejará en paz, no hay problema. Yo en cambio, estaré bien, esta tarde salgo del pueblo con mi padre y Lulú, nos mudaremos y es probable que comience una nueva vida, en la que me doy cuenta ya estarás. Solo me preocupa el hecho de que tu prometida no acepte que tendrás un hijo con otra. Si quieres puedo desaparecer, nuestro hijo sabrá que su papá es un príncipe, pero que tenía que cumplir como caballero que era, ¡wuao! Serás su héroe.
-Mía me estas rompiendo el corazón.
-¿Y tú crees que el mío está intacto? ¿Crees que no me duele que mi hijo no tenga a su padre con él? Yo no importo ahora, solo él me importa, más que todo, no estoy dispuesta a verlo sufrir, no por culpa de tus malditas leyes de príncipe, ¡Ja! Lo dije, ¡vete al diablo Bastean! ¡Puedes hacerlo tú y tu Marie Zorrabeth!
-Mía, no entiendes nada, voy a hacer lo posible para no casarme con ella, tal vez cuando sepa que tendremos un hijo no se quiera casar conmigo…
-Al contrario, eso le servirá para atarte más a ella, ya dejemos esto Bastean, dejémoslo por la paz, estoy cansada. Olvidemos que esto pasó alguna vez, olvida que nos conocimos, olvídame a mí, tan solo… no te olvides que dentro de mí también hay una parte de ti, que te necesita, no quiero que sufra y menos por tu culpa- dije firmemente. Aquello me destrozaba enormemente, pero no tenia opción, era mejor mostrarme fría que hacerle ver lo mucho que me afectaba nuestra situación.
-No me olvidare de él, ni de ti. Hare lo que tenga que hacer para impedir a toda costa mi matrimonio. No quiero que me odies, sabes que no pedí estar involucrado en esto. Mía, yo te amo, amo a nuestro hijo, y es contigo con quien voy a casarme ¿entiendes? CONTIGO.
-¿Puedes dejarlo ya?- dije en el tono más frio que pude.
-Mía, estoy muriendo por dentro, mi familia entera está en riesgo, ¡Por Dios! Entiéndeme y ponte en mi lugar un segundo. La mujer que amo esta en otro país con nuestro inocente hijo en su vientre mientras que yo me quedo aquí cuidando a mi familia y tratando de zafarme de un matrimonio que no quiero, mi desgraciado tío está tratando de matarme no solo a mí sino también a mi padre. – Él tenía razón en algo, no era fácil su situación, pero era yo la que llevaba a su hijo en mí ¿Y no quería que me viera afectada?
-Tú intestas proteger a los tuyos así como yo intento hacer lo mismo, admitamos que esto no va a funcionar Bastean.- dije resignada.
-Mía, te repito, solucionaré esto para que los tres estemos juntos de nuevo, solo quiero que me prometas que estarás esperándome, porque sino esta batalla es inútil si tú no estás ahí para mí, como la luz al final de un túnel.- Sus palabras hicieron derretir el hielo que se había formado dentro de mí, él tenía ese efecto.
-Supongo que sí, pero no estaré ahí para siempre, solo recuerda eso.
-Te Amo Mía, más que a mi vida, los amo a los dos como nunca pensé amar a nadie en este mundo.- dijo él en tono solemne.
-También yo… también nosotros- corregí.
-Tengo que dejarte ahora pero… te llamaré. Cuando estés instalada hablaremos por un video chat, quiero ver tu rostro, ver con mis propios ojos que estas bien. Te amo Mía, te amo, mil veces lo repetiré, lo gritaré si quieres.- comenzó a reírse, aunque era una risa vacía, estaba triste, lo sabía.
-Adiós mi príncipe encantado.
-Adiós mi bella durmiente.
Con eso se corto la comunicación, y por visto todo conducto hacia mi corazón. Estaba muriendo lentamente, y ese había sido un golpe fatal para mí. Mañana empezaría de nuevo.
viernes, 21 de octubre de 2011
Capitulo 32
La mañana siguiente a mi llegada de Vera se encontraba un poco agitada. Empezando porque antes de siquiera despertarme del todo me asaltaron las nauseas, me dolía horrores la cabeza y tenía que sacar mi ropa de las maletas, lavarlas y terminar de guardar las cosas que quedaban en mi habitación. Baje las escaleras hasta lo que quedaba de comedor, todo se veía igual que el día anterior, desordenado y con cajas por doquier. Cuando entre a la cocina vi a Lulú que estaba concentrada picando unas frutas, como normalmente usaba su uniforme era extraño verla con pantalones cortos y una camiseta de tiritos roja, además estaba descalza y con el cabello recogido en una cola alta. Era una escena hogareña, casi familiar, era como tener una hermana mayor que viera de ti, pero claro esta sería mi madrastra en cuanto se casara con mi padre.
-Bueno días Mía- dijo ella al percatarse que estaba recostada contra el marco de la puerta mirando su labor- ¿Quieres una ensalada de frutas y yogurt? Se cuanto te gusta así que la hice especial para ti- puso el plato en una mesa plegable que mi padre había sacado mientras tanto, no podíamos comer en el suelo toda la semana.
-No, no tengo hambre- dije pero ella frunció el seño y me insistió.
-Nada de eso, comes aunque no tengas hambre, no te lo comas tú que lo coma tu bebé, anda- ella tenía razón. Ahora más que nunca no podía saltarme las comidas porque estaba deprimida. Mire la fruta picada, banana, fresa, sandia, manzana, pera, que estaban espolvoreadas con azúcar, se veía deliciosas, vi el yogurt que adoraba, pero eso no fue lo que me paso al sentir su leve aroma. Me maree horrible, me levante como poseída y devolví en el fregadero. Lulú estaba detrás de mí acomodándome el cabello, ¡Dios me sentía fatal! Abrí la llave y enjuague mi boca.- ¿Te encuentras mejor?- Yo asentí.
-Sí, pero quita el yogurt de la mesa por favor- le dije a Lulú que en seguida guardo el yogurt en la nevera. - ¿Dónde está papá?
-Está arreglando los papeles de la casa, dijo algo de buscar cajas más grandes para tus cosas y creo que pasará por tu escuela para retirar los papeles que necesitas para la universidad- Esa palabra, mi padre estaba arreglando todo y yo ni siquiera sabía si quería ir a la universidad, claro antes sí, pero ahora se me haría muy difícil comenzar en seguida, podía estudiar en la universidad local, no estaría mal, pero no vería a mis amigas, es más ni siquiera sabía de ellas, a pesar de que a diario nos mandábamos twitts- ¿Qué sucede? – Ella me conocía perfectamente.
-Es solo que, no estoy segura de ir a la universidad, no todavía, y estaba pensando que será difícil para mí, con un bebé y todo eso.
-No tienes por qué preocuparte Mía, yo puedo cuidar del bebé cuando vayas a clases, también cuando tengas que estudiar, no hay problema. Además ya no tengo trabajo ¿recuerdas? Soy novia de tu padre, y según él no tengo que trabajar, pero eso no quiere decir que vaya a hacerle caso ¿o sí? – ambas nos reímos. Ella siempre me había dicho que como mujer teníamos que buscar ser más independientes, y encontrar algo que nos haga felices. Lulú era muy trabajadora, y todo el tiempo estaba haciendo algo, como limpiar, cocinar, algo para mantenerse activa.
-Lulú me gustaría que me enseñaras a tejer, quisiera hacer mantitas, mediecitas, gorritos, esas cosas- su rostro se ilumino cuando se lo dije. La verdad quería comenzar cuanto antes a hacerle mediecitas y suetercitos, me emocionaba la idea de que usara prendas hechas por mí.
-Claro que sí, tenemos que comprar los materiales antes de irnos a Brooklyn, una vez instalados te enseñaré con gusto- ella me abrazó y beso mi frente, adoraba a esta mujer, que sin siquiera proponérmelo se había convertido en una segunda madre, a la primera nadie jamás la reemplazaría, y Lulú lo sabía.
-Voy a salir un rato ¿sí? cuando papá llegue con esas cajas me marcas al celular y vendré en seguida.
-Está bien, pero ten mucho cuidado, no quiero visitas del oficial Stone, ni del oficial Conrad.- Yo me reí de eso, que buenos tiempos.
-Por supuesto mamá gallina- dije mientras subía las escalera, ella se sonrojó mucho. Nunca se me hubiese ocurrido llamarla mamá, ni siquiera como broma, pero era lindo imaginarme llegar a casa y decir “mamá estoy en casa” o “¿mamá que hay para cenar?”, luego pensé, que mi bebé sí tendría esa oportunidad, de llegar de la escuela y gritarme desde la entrada “mamá ya llegue”, o cuando tuviese un partido de futbol y entrara con los zapatos llenos de barro me dijera “mamá ganamos gracias a que metí un gol” ¡Wuao! Eso sería realmente increíble.
Una vez en mi muy desordenado cuarto saque la ropa sucia de mi maleta, la coloque en la cesta de lavar, era una pila enorme. El Sr Moon estaba un poco frustrado por no tener un lugar en el que dormir plácidamente, por lo que estaba revoloteando cerca. Me levante y guarde en las maletas, ahora vacías, la ropa que aun tenía en el armario.
-Necesito maletas más grandes- dije tratando de cerrarla, y esas solo eran mis blusas de diario.- ¿Sr. Moon que piensas? Necesitamos cajas enormes ¿cierto?- mi inseparable amigo estaba con los ojos muy abiertos, era extraño en él.
Saque unos jean que me quedaban algo grandes y me los puse, ahora me quedaban mejor, ¡rayos! No puedo estar engordando tan rápido ¿o sí? me puse una blusa manga corta de rayas blancas y azules, mis convers nuevas, y busque en mi cofre la cadena con la letra M, que ahora llevaba el anillo de Bastean. Intente no ponerme a llorar en ese momento y me concentre en sacar todos mis libros del estante y ponerlos en unas cuantas cajas que mi padre me había dejado. Guardé adornos, afiches, los libros. La ropa restante la guardaría en cajas más grandes, al igual que los zapatos, las sabanas. Guardé las cosas del Sr Moon, con excepción de su almohadón de terciopelo porque él se negaba a levantarse de ahí. Mi laptop estaba ya en su bolso. Busque mi cámara que la había dejado en el escritorio y la puse en la caja con libros. Saque el chip, lo puse en su estuche y lo guardé en mi cartera, tenía la intención de revelar esas fotos.
Cuando por fin hube empacado la mayoría de las cosas tomé mi cartera, las llaves y subí a mi lindo auto. ¡Cuánto extrañaba sentir el frio del aire acondicionado, verme por el retrovisor! ¡Uff! Que feas ojeras, pensé. Dentro del auto me maquille un poco, ese viaje me había destruido, sin contar las nauseas matutinas, y el hecho de que necesitaba con urgencia un delicioso chocolate de Starbucks.
Unos diez minutos después estaba frente a las enormes puertas doradas del cementerio Heard of Ángel. El Sr. Graham estaba como siempre en su caseta, yo me detuve y me baje a saludarlo.
-Muchacha, que bueno verte de nuevo- el hombre salió apresurado y me abrazo con sus huesudos brazos, era agradable la sensación de bienvenida que me daba no solo el hombre que por tantos años había querido como un abuelo, sino el propio cementerio parecía darme un recibimiento apacible, casi familiar.
-También me alegra verlo- dije poniendo la mejor de mis sonrisas, una parte de mi estaba feliz de regresar a casa, otra quería escapar y perderse en el horizonte, la otra… bien no sabía qué demonios hacer.
-Sam me dijo que habías regresado, que él mismo fue por ti al aeropuerto, y que te irás a vivir con Roger, eso es fantástico Mía.
-Ese Sam es una vieja chismosa- bufe. Sam era un soplón de primera, todo lo que a mi concernía Sam debía contárselo a su abuelo, lo que el Sr. Graham no sabía es que su propia hija, Serena la madre de Sam, me había comentado que su padre le había pedido a su nieto de tan solo 5 años que debía cuidar de mí, era muy dulce, pero al parecer Sam se tomo muy en cerio su papel de “Guardián”
-Sí, pero sabes que te quiere como si fueras su hermana menor.
-Lo sé.
-Por cierto, ¿cómo está el príncipe? Sam dijo que llegaste tú sola.- sentí como se me cerraba la boca del estomago, no era un tema agradable, ¿Qué iba a decir? “Lo que sucede es que Bastean se quedo en su país porque debe proteger a su familia del desquiciado de su tío, que por cierto quiere robarse el trono de su hermano. Ah, y sabe que, estoy embarazada de él, pero tuve que venir para estar a salvo” ¡¡Uff!! Esto ya parecía tragedia griega.
-Oh… él está bien, se quedo en su país porque ya sabe, tiene muchas responsabilidades- fue todo lo que dije.
-Mmmm… Mía, ¿puedo preguntarte algo? Sabes que te quiero como a una nieta y me preocupo por ti al igual que lo hago por Sam y Margori- Estaba hablando de la pequeña hermana de Sam, que tenía 9 años.
-Sí, eso lo sé, pregúnteme lo que quiera.
-¿Vas a tener un bebé?- Eso no me lo esperaba. Algo como… ¿Estas soltera ahora? O ¿Cómo harás ahora que te mudas para visitar a tu madre y hermano? Pero esto… realmente me tomo por sorpresa.
-¿Cómo lo supo? ¿Fue Sam? ¿Cómo lo supo él? No entiendo…
-No fue él, muchacha.-dije el viejo Sr. Graham mientras se reía- Tu padre vino muy temprano a contarme que iba a ser abuelo y que estaba emocionado al respecto.
-¿Eso le dijo?- Eso MENOS me lo había esperado. Claro puedo haberlo deducido por el hecho de que él mismo estaba haciendo planes para comprar cosas tan pronto llegáramos a Brooklyn, quería comprar juguetes y pelotas. Debí suponer que estaba más que feliz con el hecho de que yo fuera a ser madre, aunque le preocupaba un poco el asunto legal de Bastean. También me había dicho que contactaría a los padres de Bastean y hablaría con ellos de nuestro “asunto”, sin embargo yo le había pedido discreción, pues estábamos en un periodo digamos “critico” por ahora.- ¿Dijo algo más?- pregunté.
-Oh, sí, dijo que él se lo contaría a Penélope, pero que a ti te gustaría contárselo a Paul.
-Sí, a eso venia, y claro a contárselo a usted, sabe que lo considero como de mi familia, al igual que a Sam, Margori, Sirena y Bill. Son como mis tíos y primos. Creo que mi bebé tendrá una familia realmente grande- sonreí ante el hecho de que mi bebé tendría tantas cosas que a mí me faltaron, pero sobre todo tendría gente que vería de él siempre, y que podía contar con alguno de ellos en un momento dado.- Gracias por todo Sr. Graham, estaré informándole de todo, bueno, creo que Sam lo hará mucho antes que yo- esté comenzó a reír.
-Tal vez, pero me gustaría saberlo por ti, bien, no te detengo más, debes tener mucho que hacer con esto de la mudanza y el nuevo bebé. Ese príncipe es un suertudo, tiene a una de las mejores chicas en todo el mundo, mándale recuerdos de mi parte.
-Eso haré- dije dándole un último abrazo al Sr. Graham- lo extrañaré mucho, pero prometo venir a verlo, y traeré a mi bebé para que lo conozca, y este lugar.
-Sería grandioso, también extrañaré tus visitas.
-Debe prometerme que cuidara bien de ellos, y ponerle a Paul cintas en fechas especiales, yo le estaré recordando, y si puedo vendré yo misma a hacerlo, no puede dejar de colocarlas, parece un poco infantil, pero es importante para mí.- En todos esos años no había una fecha en especial que dejara de ponerle a Paul una cinta en su árbol, y no comenzaría ahora, aunque sea en la distancia quería que estuviese conmigo, que supiera que yo iba a estar bien, y que lo llevaría en mi corazón. Su cuerpo estaba allí, en ese lugar, pero no su alma, ni su corazón, porque estaban conmigo y mi padre. Siempre seria así. Un cementerio no te ata a buscarlo precisamente en ese lugar, es más algo físico en el que ir a llorar o recordar los lindos momentos que pasaste junto a esa persona que se ha ido. Pero somos simple materia, nuestra esencia perdura a lo largo del tiempo, y permanece viva en tanto tu corazón lo quiera. No necesitaba ir al cementerio para buscar a mi madre, o a mi hermano, pero era más por el sentimiento de soledad que otra cosa. Mi amor por ellos no morirá jamás, solo se multiplicaría un millón de veces. Y sobre todo por mi madre, porque ahora me pondría en su papel, y al pensarlo un poco llegue a la conclusión, que esperaba hacerlo tan bien como lo hizo ella mientras vivía.
Ahora, en aquel momento en el que caminaba la misma senda de piedras que tantas veces había recorrido, creía sentirla a mi lado, dándome aliento, y susurrándome al oído que ella estaría para mí en todo momento, y que si necesitaba su ayuda la llamase porque ella estaría allí. Las lágrimas caían a borbotones por mis mejillas. Como extrañaría las largas horas que pasé recostada contra su fría lapida, pero debía poner mis prioridades en orden, y saber que esto era solo un símbolo, que ella realmente no estaba ahí, ella estaba en todo lo que me rodeaba. Ahora creía escucharla reír, como el cantar de las aves o la más hermosa melodía, cosas como estas las echaría realmente de menos.
-A dios mami, pronto vendremos a verte, te juro que hare que te sientas orgullosa de mí- susurré antes de levantarme, subir al auto y dirigirme hacia la colina donde se encontraba mi hermano.
A los pies del gran árbol sobre la colina donde estaba la tumba de Paul seguía su fotografía, estaba como siempre estaba, con la cara de un dulce niño cuya vida de detuvo por el azar del destino. Rebusque en mi bolso y saque dos cintas finas, una de color rosa y otra azul.
-¿Vez esto hermano? Son para ponerlas en tu árbol, ¿Y sabes por qué? Porque vas a tener un sobrino o sobrina, traje dos porque no sé si será niño o niña, aquí entre los dos, pienso que será un niño, pero no lo sé, aun no he ido al doctor ni nada. Sabes, papá y Lulú están saliendo…
-Lo sé- dijo alguien a mi espalda. Todos los bellos de mi nuca y brazos se erizaron al escuchar esa voz, era la misma que en otras ocasiones había escuchado, era una locura, tenía que ser un error. Aunque tenía miedo de voltearme y darme cuenta qué estaba alucinando, lentamente me fui dando la vuelta.
Creo que en ese momento pude haber entrado en un estado de shock, porque por más ganas que tenia de reaccionar no podía. Estaba viendo frente a mí la imagen de mi hermano, no como un niño, sino como siempre me había imaginado que sería ahora, con la exención de que llevaba la misma ropa que el día del accidente, está en cambio era más grande, como si fuera la de un adulto, y no la de niño como recordaba.
Mi imaginación estaba haciendo la más cruel de las bromas, verlo allí, de pie fue como un sueño, sus ojos tan parecidos a los míos, al igual que su cabello, claro antes de pintármelo. Su rostro ahora era más pálido de lo que había sido, pero seguía siendo él, Paul, mi adorado hermano.
-No puede ser- susurré. Incluso cerré los ojos, para ver si era una alucinación, un espejismo o lo que fuera, pero la imagen seguía él, la de un joven Paul, alto, musculoso, y sobre todo con una sonrisa deslumbrante en su boca. Comencé a llorar de nuevo. Tantas veces había suplicado al cielo que me devolviera a mi compañero de juegos y travesuras, pero nunca se me cumplió, hasta ahora que podía verlo, o eso creía.- No puede ser…- repetí aun en shock.
-Eso ya lo dijiste- dijo la imagen de Paul.
-Tu…
-Yo…
-No puedes ser tú, no eres mi hermano, si lo fueras, seguirías siendo…
-¿Un niño?- preguntó él, yo asentí- Tal vez, pero al crecer tú, yo crecí contigo, cada cinta de ese árbol cuenta el tiempo que ha pasado desde ese horrible accidente.
-Estás muerto, esta es tu tumba- dije señalando la lapida- ¿cómo es posible que este aquí?
-Porque tú me lo pediste- dijo sin más mostrando sus hermosos dientes. ¿Y donde rayos había estado las otras veces que lo llame? ¿Dónde estuvo él las largas noches que pase llorando al sentirme totalmente sola?- A tu lado, siempre estuve a tu lado.
-¿Qué?- dije confundida.
-Preguntaste donde había estado, pues bien, aquí, junto a ti.
-Nunca te vi.
-Pero tú sabías que estaba allí. Cuando llorabas por temerle a la oscuridad yo estaba junto a tu cama, cuando te caíste de la bicicleta a los 12 años, yo estaba ahí, y en otra muchas ocasiones, en las peores y las mejores siempre estuve ahí, incluso aquí a tu lado mientras me contabas sobre ese príncipe tuyo, ahora estoy en problemas por estar aquí, delante de ti. Pero era necesario romper un par de reglas para decirte que lo haces excelente, que te estás convirtiendo en una mujer maravillosa, y serás una madre extraordinaria. Estoy tan orgulloso, al igual que mamá lo está.
-¿Dónde está ella? – las lagrimas se desbordaban por mis ojos al escuchar las palabras de mi hermano, cuantos años estuve esperando volver a verlo, aunque sea un instante, para saber que él estaba bien, y feliz.
-Aquí Madeleine- dijo la dulce voz de mi madre. ¡Por Dios! Me daría un infarto de la emoción. De pronto junto a mi hermano apareció la imagen de mi madre con sus suaves manos sobre los hombros de Paul. Estaba exactamente a como la recordaba, su tez blanca y lozana, su cabello oscuro ondulado suelto hasta media espalda, y sus labios siempre pintados de rosa pálido.- Mi pequeña Mía.
-Mamá…
-Sé que estarás conmocionada ahora, pero todo está bien, estaremos contigo a donde vallas. Brooklyn es lindo, te gustara. Y tu padre es un llorón, me conto emocionado que serias madre, estoy tan feliz por ti. Ya Paul me quito las palabras de la boca. No tengo más que decirte sino… Te amo hija.
-También yo mami.
-Tenemos que irnos ya, pero recuerda que te amamos y que estaremos allí donde nos necesites, y si no, también estaremos.- Se rió Paul- Tal vez cuando este con el príncipe no lo estemos porque…
-Ya hijo, ya entendió el mensaje- le reprendió mi madre.
-¿No pueden quedarse un poco más?, tengo tantas cosas que preguntarles y…
-Por ahora no cariño- dijo mi madre- pero háblanos para lo que necesites, y de cualquier manera te responderemos.
-Está bien- dije resignada. Tanto tiempo pidiendo por unos minutos y ellos, y ya se estaba terminando. ¡Qué injusto!
-Te Amamos- dijeron los dos al unísono y sus imágenes comenzaron a desprender una luz blanca segadora, tanto que tuve que poner mis manos sobre mis ojos para protegerlos. Comencé a pestañear con dificultad. Estaba recostada contra la grama, no recordaba haberme tendido en ningún momento. Y luego recordé lo que me acababa de pasar, ¿Acaso me había quedado dormida? ¿Toda esa conversación con Paul y mi madre había sido solo un sueño?
Miré mis manos buscando las cintas pero no las encontré, tal vez se volaron o algo así, pensé, en vez de buscarlas por el suelo miré hacia el árbol. En una de las ramas más bajas estaban ambas cintas amarradas formando un lazo, no separadas sino juntas, y delante de ellas estaba una flor blanca muy hermosa. No recordaba que ese árbol floreciera nunca.
Momentos como esos es mejor apreciarlos, disfrutarlos y recordarlos que partirse la cabeza preguntándose qué ocurrió.
-Gracias a los dos por venir, también los amo- dije al viento. En respuesta una ráfaga de viento sopló, no era cálida, sino un poco fría, no era normal estando a finales del verano. En fin, me sentía feliz. Seque mis mejillas de las ultimas lagrimas derramadas, baje la colina y fui directo a mi auto. Tenía tantas cosas que hacer, y gracias a mi misteriosa siesta estaba corta de tiempo.
-Bueno días Mía- dijo ella al percatarse que estaba recostada contra el marco de la puerta mirando su labor- ¿Quieres una ensalada de frutas y yogurt? Se cuanto te gusta así que la hice especial para ti- puso el plato en una mesa plegable que mi padre había sacado mientras tanto, no podíamos comer en el suelo toda la semana.
-No, no tengo hambre- dije pero ella frunció el seño y me insistió.
-Nada de eso, comes aunque no tengas hambre, no te lo comas tú que lo coma tu bebé, anda- ella tenía razón. Ahora más que nunca no podía saltarme las comidas porque estaba deprimida. Mire la fruta picada, banana, fresa, sandia, manzana, pera, que estaban espolvoreadas con azúcar, se veía deliciosas, vi el yogurt que adoraba, pero eso no fue lo que me paso al sentir su leve aroma. Me maree horrible, me levante como poseída y devolví en el fregadero. Lulú estaba detrás de mí acomodándome el cabello, ¡Dios me sentía fatal! Abrí la llave y enjuague mi boca.- ¿Te encuentras mejor?- Yo asentí.
-Sí, pero quita el yogurt de la mesa por favor- le dije a Lulú que en seguida guardo el yogurt en la nevera. - ¿Dónde está papá?
-Está arreglando los papeles de la casa, dijo algo de buscar cajas más grandes para tus cosas y creo que pasará por tu escuela para retirar los papeles que necesitas para la universidad- Esa palabra, mi padre estaba arreglando todo y yo ni siquiera sabía si quería ir a la universidad, claro antes sí, pero ahora se me haría muy difícil comenzar en seguida, podía estudiar en la universidad local, no estaría mal, pero no vería a mis amigas, es más ni siquiera sabía de ellas, a pesar de que a diario nos mandábamos twitts- ¿Qué sucede? – Ella me conocía perfectamente.
-Es solo que, no estoy segura de ir a la universidad, no todavía, y estaba pensando que será difícil para mí, con un bebé y todo eso.
-No tienes por qué preocuparte Mía, yo puedo cuidar del bebé cuando vayas a clases, también cuando tengas que estudiar, no hay problema. Además ya no tengo trabajo ¿recuerdas? Soy novia de tu padre, y según él no tengo que trabajar, pero eso no quiere decir que vaya a hacerle caso ¿o sí? – ambas nos reímos. Ella siempre me había dicho que como mujer teníamos que buscar ser más independientes, y encontrar algo que nos haga felices. Lulú era muy trabajadora, y todo el tiempo estaba haciendo algo, como limpiar, cocinar, algo para mantenerse activa.
-Lulú me gustaría que me enseñaras a tejer, quisiera hacer mantitas, mediecitas, gorritos, esas cosas- su rostro se ilumino cuando se lo dije. La verdad quería comenzar cuanto antes a hacerle mediecitas y suetercitos, me emocionaba la idea de que usara prendas hechas por mí.
-Claro que sí, tenemos que comprar los materiales antes de irnos a Brooklyn, una vez instalados te enseñaré con gusto- ella me abrazó y beso mi frente, adoraba a esta mujer, que sin siquiera proponérmelo se había convertido en una segunda madre, a la primera nadie jamás la reemplazaría, y Lulú lo sabía.
-Voy a salir un rato ¿sí? cuando papá llegue con esas cajas me marcas al celular y vendré en seguida.
-Está bien, pero ten mucho cuidado, no quiero visitas del oficial Stone, ni del oficial Conrad.- Yo me reí de eso, que buenos tiempos.
-Por supuesto mamá gallina- dije mientras subía las escalera, ella se sonrojó mucho. Nunca se me hubiese ocurrido llamarla mamá, ni siquiera como broma, pero era lindo imaginarme llegar a casa y decir “mamá estoy en casa” o “¿mamá que hay para cenar?”, luego pensé, que mi bebé sí tendría esa oportunidad, de llegar de la escuela y gritarme desde la entrada “mamá ya llegue”, o cuando tuviese un partido de futbol y entrara con los zapatos llenos de barro me dijera “mamá ganamos gracias a que metí un gol” ¡Wuao! Eso sería realmente increíble.
Una vez en mi muy desordenado cuarto saque la ropa sucia de mi maleta, la coloque en la cesta de lavar, era una pila enorme. El Sr Moon estaba un poco frustrado por no tener un lugar en el que dormir plácidamente, por lo que estaba revoloteando cerca. Me levante y guarde en las maletas, ahora vacías, la ropa que aun tenía en el armario.
-Necesito maletas más grandes- dije tratando de cerrarla, y esas solo eran mis blusas de diario.- ¿Sr. Moon que piensas? Necesitamos cajas enormes ¿cierto?- mi inseparable amigo estaba con los ojos muy abiertos, era extraño en él.
Saque unos jean que me quedaban algo grandes y me los puse, ahora me quedaban mejor, ¡rayos! No puedo estar engordando tan rápido ¿o sí? me puse una blusa manga corta de rayas blancas y azules, mis convers nuevas, y busque en mi cofre la cadena con la letra M, que ahora llevaba el anillo de Bastean. Intente no ponerme a llorar en ese momento y me concentre en sacar todos mis libros del estante y ponerlos en unas cuantas cajas que mi padre me había dejado. Guardé adornos, afiches, los libros. La ropa restante la guardaría en cajas más grandes, al igual que los zapatos, las sabanas. Guardé las cosas del Sr Moon, con excepción de su almohadón de terciopelo porque él se negaba a levantarse de ahí. Mi laptop estaba ya en su bolso. Busque mi cámara que la había dejado en el escritorio y la puse en la caja con libros. Saque el chip, lo puse en su estuche y lo guardé en mi cartera, tenía la intención de revelar esas fotos.
Cuando por fin hube empacado la mayoría de las cosas tomé mi cartera, las llaves y subí a mi lindo auto. ¡Cuánto extrañaba sentir el frio del aire acondicionado, verme por el retrovisor! ¡Uff! Que feas ojeras, pensé. Dentro del auto me maquille un poco, ese viaje me había destruido, sin contar las nauseas matutinas, y el hecho de que necesitaba con urgencia un delicioso chocolate de Starbucks.
Unos diez minutos después estaba frente a las enormes puertas doradas del cementerio Heard of Ángel. El Sr. Graham estaba como siempre en su caseta, yo me detuve y me baje a saludarlo.
-Muchacha, que bueno verte de nuevo- el hombre salió apresurado y me abrazo con sus huesudos brazos, era agradable la sensación de bienvenida que me daba no solo el hombre que por tantos años había querido como un abuelo, sino el propio cementerio parecía darme un recibimiento apacible, casi familiar.
-También me alegra verlo- dije poniendo la mejor de mis sonrisas, una parte de mi estaba feliz de regresar a casa, otra quería escapar y perderse en el horizonte, la otra… bien no sabía qué demonios hacer.
-Sam me dijo que habías regresado, que él mismo fue por ti al aeropuerto, y que te irás a vivir con Roger, eso es fantástico Mía.
-Ese Sam es una vieja chismosa- bufe. Sam era un soplón de primera, todo lo que a mi concernía Sam debía contárselo a su abuelo, lo que el Sr. Graham no sabía es que su propia hija, Serena la madre de Sam, me había comentado que su padre le había pedido a su nieto de tan solo 5 años que debía cuidar de mí, era muy dulce, pero al parecer Sam se tomo muy en cerio su papel de “Guardián”
-Sí, pero sabes que te quiere como si fueras su hermana menor.
-Lo sé.
-Por cierto, ¿cómo está el príncipe? Sam dijo que llegaste tú sola.- sentí como se me cerraba la boca del estomago, no era un tema agradable, ¿Qué iba a decir? “Lo que sucede es que Bastean se quedo en su país porque debe proteger a su familia del desquiciado de su tío, que por cierto quiere robarse el trono de su hermano. Ah, y sabe que, estoy embarazada de él, pero tuve que venir para estar a salvo” ¡¡Uff!! Esto ya parecía tragedia griega.
-Oh… él está bien, se quedo en su país porque ya sabe, tiene muchas responsabilidades- fue todo lo que dije.
-Mmmm… Mía, ¿puedo preguntarte algo? Sabes que te quiero como a una nieta y me preocupo por ti al igual que lo hago por Sam y Margori- Estaba hablando de la pequeña hermana de Sam, que tenía 9 años.
-Sí, eso lo sé, pregúnteme lo que quiera.
-¿Vas a tener un bebé?- Eso no me lo esperaba. Algo como… ¿Estas soltera ahora? O ¿Cómo harás ahora que te mudas para visitar a tu madre y hermano? Pero esto… realmente me tomo por sorpresa.
-¿Cómo lo supo? ¿Fue Sam? ¿Cómo lo supo él? No entiendo…
-No fue él, muchacha.-dije el viejo Sr. Graham mientras se reía- Tu padre vino muy temprano a contarme que iba a ser abuelo y que estaba emocionado al respecto.
-¿Eso le dijo?- Eso MENOS me lo había esperado. Claro puedo haberlo deducido por el hecho de que él mismo estaba haciendo planes para comprar cosas tan pronto llegáramos a Brooklyn, quería comprar juguetes y pelotas. Debí suponer que estaba más que feliz con el hecho de que yo fuera a ser madre, aunque le preocupaba un poco el asunto legal de Bastean. También me había dicho que contactaría a los padres de Bastean y hablaría con ellos de nuestro “asunto”, sin embargo yo le había pedido discreción, pues estábamos en un periodo digamos “critico” por ahora.- ¿Dijo algo más?- pregunté.
-Oh, sí, dijo que él se lo contaría a Penélope, pero que a ti te gustaría contárselo a Paul.
-Sí, a eso venia, y claro a contárselo a usted, sabe que lo considero como de mi familia, al igual que a Sam, Margori, Sirena y Bill. Son como mis tíos y primos. Creo que mi bebé tendrá una familia realmente grande- sonreí ante el hecho de que mi bebé tendría tantas cosas que a mí me faltaron, pero sobre todo tendría gente que vería de él siempre, y que podía contar con alguno de ellos en un momento dado.- Gracias por todo Sr. Graham, estaré informándole de todo, bueno, creo que Sam lo hará mucho antes que yo- esté comenzó a reír.
-Tal vez, pero me gustaría saberlo por ti, bien, no te detengo más, debes tener mucho que hacer con esto de la mudanza y el nuevo bebé. Ese príncipe es un suertudo, tiene a una de las mejores chicas en todo el mundo, mándale recuerdos de mi parte.
-Eso haré- dije dándole un último abrazo al Sr. Graham- lo extrañaré mucho, pero prometo venir a verlo, y traeré a mi bebé para que lo conozca, y este lugar.
-Sería grandioso, también extrañaré tus visitas.
-Debe prometerme que cuidara bien de ellos, y ponerle a Paul cintas en fechas especiales, yo le estaré recordando, y si puedo vendré yo misma a hacerlo, no puede dejar de colocarlas, parece un poco infantil, pero es importante para mí.- En todos esos años no había una fecha en especial que dejara de ponerle a Paul una cinta en su árbol, y no comenzaría ahora, aunque sea en la distancia quería que estuviese conmigo, que supiera que yo iba a estar bien, y que lo llevaría en mi corazón. Su cuerpo estaba allí, en ese lugar, pero no su alma, ni su corazón, porque estaban conmigo y mi padre. Siempre seria así. Un cementerio no te ata a buscarlo precisamente en ese lugar, es más algo físico en el que ir a llorar o recordar los lindos momentos que pasaste junto a esa persona que se ha ido. Pero somos simple materia, nuestra esencia perdura a lo largo del tiempo, y permanece viva en tanto tu corazón lo quiera. No necesitaba ir al cementerio para buscar a mi madre, o a mi hermano, pero era más por el sentimiento de soledad que otra cosa. Mi amor por ellos no morirá jamás, solo se multiplicaría un millón de veces. Y sobre todo por mi madre, porque ahora me pondría en su papel, y al pensarlo un poco llegue a la conclusión, que esperaba hacerlo tan bien como lo hizo ella mientras vivía.
Ahora, en aquel momento en el que caminaba la misma senda de piedras que tantas veces había recorrido, creía sentirla a mi lado, dándome aliento, y susurrándome al oído que ella estaría para mí en todo momento, y que si necesitaba su ayuda la llamase porque ella estaría allí. Las lágrimas caían a borbotones por mis mejillas. Como extrañaría las largas horas que pasé recostada contra su fría lapida, pero debía poner mis prioridades en orden, y saber que esto era solo un símbolo, que ella realmente no estaba ahí, ella estaba en todo lo que me rodeaba. Ahora creía escucharla reír, como el cantar de las aves o la más hermosa melodía, cosas como estas las echaría realmente de menos.
-A dios mami, pronto vendremos a verte, te juro que hare que te sientas orgullosa de mí- susurré antes de levantarme, subir al auto y dirigirme hacia la colina donde se encontraba mi hermano.
A los pies del gran árbol sobre la colina donde estaba la tumba de Paul seguía su fotografía, estaba como siempre estaba, con la cara de un dulce niño cuya vida de detuvo por el azar del destino. Rebusque en mi bolso y saque dos cintas finas, una de color rosa y otra azul.
-¿Vez esto hermano? Son para ponerlas en tu árbol, ¿Y sabes por qué? Porque vas a tener un sobrino o sobrina, traje dos porque no sé si será niño o niña, aquí entre los dos, pienso que será un niño, pero no lo sé, aun no he ido al doctor ni nada. Sabes, papá y Lulú están saliendo…
-Lo sé- dijo alguien a mi espalda. Todos los bellos de mi nuca y brazos se erizaron al escuchar esa voz, era la misma que en otras ocasiones había escuchado, era una locura, tenía que ser un error. Aunque tenía miedo de voltearme y darme cuenta qué estaba alucinando, lentamente me fui dando la vuelta.
Creo que en ese momento pude haber entrado en un estado de shock, porque por más ganas que tenia de reaccionar no podía. Estaba viendo frente a mí la imagen de mi hermano, no como un niño, sino como siempre me había imaginado que sería ahora, con la exención de que llevaba la misma ropa que el día del accidente, está en cambio era más grande, como si fuera la de un adulto, y no la de niño como recordaba.
Mi imaginación estaba haciendo la más cruel de las bromas, verlo allí, de pie fue como un sueño, sus ojos tan parecidos a los míos, al igual que su cabello, claro antes de pintármelo. Su rostro ahora era más pálido de lo que había sido, pero seguía siendo él, Paul, mi adorado hermano.
-No puede ser- susurré. Incluso cerré los ojos, para ver si era una alucinación, un espejismo o lo que fuera, pero la imagen seguía él, la de un joven Paul, alto, musculoso, y sobre todo con una sonrisa deslumbrante en su boca. Comencé a llorar de nuevo. Tantas veces había suplicado al cielo que me devolviera a mi compañero de juegos y travesuras, pero nunca se me cumplió, hasta ahora que podía verlo, o eso creía.- No puede ser…- repetí aun en shock.
-Eso ya lo dijiste- dijo la imagen de Paul.
-Tu…
-Yo…
-No puedes ser tú, no eres mi hermano, si lo fueras, seguirías siendo…
-¿Un niño?- preguntó él, yo asentí- Tal vez, pero al crecer tú, yo crecí contigo, cada cinta de ese árbol cuenta el tiempo que ha pasado desde ese horrible accidente.
-Estás muerto, esta es tu tumba- dije señalando la lapida- ¿cómo es posible que este aquí?
-Porque tú me lo pediste- dijo sin más mostrando sus hermosos dientes. ¿Y donde rayos había estado las otras veces que lo llame? ¿Dónde estuvo él las largas noches que pase llorando al sentirme totalmente sola?- A tu lado, siempre estuve a tu lado.
-¿Qué?- dije confundida.
-Preguntaste donde había estado, pues bien, aquí, junto a ti.
-Nunca te vi.
-Pero tú sabías que estaba allí. Cuando llorabas por temerle a la oscuridad yo estaba junto a tu cama, cuando te caíste de la bicicleta a los 12 años, yo estaba ahí, y en otra muchas ocasiones, en las peores y las mejores siempre estuve ahí, incluso aquí a tu lado mientras me contabas sobre ese príncipe tuyo, ahora estoy en problemas por estar aquí, delante de ti. Pero era necesario romper un par de reglas para decirte que lo haces excelente, que te estás convirtiendo en una mujer maravillosa, y serás una madre extraordinaria. Estoy tan orgulloso, al igual que mamá lo está.
-¿Dónde está ella? – las lagrimas se desbordaban por mis ojos al escuchar las palabras de mi hermano, cuantos años estuve esperando volver a verlo, aunque sea un instante, para saber que él estaba bien, y feliz.
-Aquí Madeleine- dijo la dulce voz de mi madre. ¡Por Dios! Me daría un infarto de la emoción. De pronto junto a mi hermano apareció la imagen de mi madre con sus suaves manos sobre los hombros de Paul. Estaba exactamente a como la recordaba, su tez blanca y lozana, su cabello oscuro ondulado suelto hasta media espalda, y sus labios siempre pintados de rosa pálido.- Mi pequeña Mía.
-Mamá…
-Sé que estarás conmocionada ahora, pero todo está bien, estaremos contigo a donde vallas. Brooklyn es lindo, te gustara. Y tu padre es un llorón, me conto emocionado que serias madre, estoy tan feliz por ti. Ya Paul me quito las palabras de la boca. No tengo más que decirte sino… Te amo hija.
-También yo mami.
-Tenemos que irnos ya, pero recuerda que te amamos y que estaremos allí donde nos necesites, y si no, también estaremos.- Se rió Paul- Tal vez cuando este con el príncipe no lo estemos porque…
-Ya hijo, ya entendió el mensaje- le reprendió mi madre.
-¿No pueden quedarse un poco más?, tengo tantas cosas que preguntarles y…
-Por ahora no cariño- dijo mi madre- pero háblanos para lo que necesites, y de cualquier manera te responderemos.
-Está bien- dije resignada. Tanto tiempo pidiendo por unos minutos y ellos, y ya se estaba terminando. ¡Qué injusto!
-Te Amamos- dijeron los dos al unísono y sus imágenes comenzaron a desprender una luz blanca segadora, tanto que tuve que poner mis manos sobre mis ojos para protegerlos. Comencé a pestañear con dificultad. Estaba recostada contra la grama, no recordaba haberme tendido en ningún momento. Y luego recordé lo que me acababa de pasar, ¿Acaso me había quedado dormida? ¿Toda esa conversación con Paul y mi madre había sido solo un sueño?
Miré mis manos buscando las cintas pero no las encontré, tal vez se volaron o algo así, pensé, en vez de buscarlas por el suelo miré hacia el árbol. En una de las ramas más bajas estaban ambas cintas amarradas formando un lazo, no separadas sino juntas, y delante de ellas estaba una flor blanca muy hermosa. No recordaba que ese árbol floreciera nunca.
Momentos como esos es mejor apreciarlos, disfrutarlos y recordarlos que partirse la cabeza preguntándose qué ocurrió.
-Gracias a los dos por venir, también los amo- dije al viento. En respuesta una ráfaga de viento sopló, no era cálida, sino un poco fría, no era normal estando a finales del verano. En fin, me sentía feliz. Seque mis mejillas de las ultimas lagrimas derramadas, baje la colina y fui directo a mi auto. Tenía tantas cosas que hacer, y gracias a mi misteriosa siesta estaba corta de tiempo.
Capitulo 31
Era extraño regresar a casa, no solo por el hecho de que Nueva York carecía del encantado de Vera, no había pastizales inmensos que aprecias, solo edificios enormes. No había calles de piedras en las que transitaba la gente a caballo, sino largas carreteras invadidas por conductores locos y taxistas, ¿no estaban los dos en la misma clasificación? En fin, esto no era Vera, aquí no tenía a mi príncipe, está era mi realidad. ¡Es hora de despertar Cenicienta! No hay hadas madrinas, ni bosques de ensueño, solo rascacielos, gente apresurada y la monotonía, solo eso.
El aeropuerto estaba a reventar cuando por fin mi vuelo aterrizo, había sido el viaje más largo de mi vida. Bastean había insistido en que tomara el avión privado de la familia, lo hice, solo porque no me dejarían tener al Sr. Moon junto a mí sino en el maletero, y eso ni muerta. Además ese avión me había llevado hasta mi gran aventura, tenia hermosos recuerdos, y quería retrasar mi despertar todo lo posible.
Mi padre me había dicho que enviaría a alguien por mí. La sala de espera estaba totalmente abarrotada de gente, unos bajando de sus respectivos vuelos, buscando sus equipajes, comprando boletos, esperando a sus familiares, amigos, colegas, en fin, era sencillo desarrollar claustrofobia. Uno de los guardias llamado Rick estaba a mi lado con mis maletas, otra orden de Bastean, no se apartaría de mí hasta que vinieran a buscarme. Detrás de una cinta de seguridad habían muchos hombres y mujeres de traje caros con carteles en sus manos, pero ninguno de ellos decía mi nombre, luego me di cuenta que había uno que sobresalía entre todos los tipos con pinta de ejecutivos. Un moreno realmente alto con los hombros más anchos que había visto en mi vida. Sus ojos eran oscuros al igual que su cabello, llevaba unos jean y una camisa verde militar y una chaqueta marrón, tenía en sus manos un papel naranja fosforecerte que decía: “Bienvenida a casa monita”
-¿Samuel?- Wuo! Lo reconocería donde sea. Sobre todo que solo él me decía “monita”, en el jardín de infancia solíamos subirnos hasta lo más alto de los arboles, incluso una vez Sam se había caído y roto la muñeca, yo le había dibujado un árbol en el yeso y junto a él dos monitos, uno rosa y otro azul, desde ese entonces no pude hacer nada para que me cambiara el apodo. La cosa era que ya no era mi monito sino… ¡Wouu! Un enorme gorila, era muy alto, y estaba bien formado.- Amigo, deberías dejar los anabólicos, en serio hacen mucho daño, sobre todo en tu… paquete.
-Sigues siendo la misma perversa de siempre monita- él se echo a reír y yo también. Yo corrí hasta él y me abrazo muy fuerte haciéndome girar, no fue una buena idea porque me mareé y la bilis se me subió hasta la garganta, ¡iag! Él me bajo al ver mi rostro verde- ¿Estás bien?
-Sí, solo… me maree. ¿Te envió mi padre?
-Sí, estoy trabajando con él, solo es medio tiempo porque empezaré clases a mediados de septiembre- dijo Sam
-Eso es genial, ¿podemos irnos ya? Estoy cansada.
-Claro- dijo él mientras sonreía, había olvidado lo hermosa que era su sonrisa.
Juntos llegamos al estacionamiento donde estaba aparcado un Ford f-150 color plateado. Sam puso las maletas en la parte de atrás y me abrió la puerta del copiloto. Por dentro estaba revestido en cuero gris, olía a perfume de hombre, el mismo que él usaba, lo supe porque mi chaqueta olía también a Sam. Él subió a la camioneta y en seguida se puso en marcha.
-Es lindo- dije mientras miraba con más detalle el interior del auto. Tenía muchos CD en la guantera. Mire la hora en el panel de comandos, ok, olvide mencionar que tenía una pantalla y un excelente equipo de sonido.
-Gracias, ahorre muchísimo para poder comprarlo, claro está que mi nuevo jefe me echó una mano con eso.- dijo riéndose para sí mismo, no entendí lo que era gracioso.
-¿Por qué te ríes?- pregunté.
-No es nada- se rió de nuevo- es solo que… no tuve que hacer mucho para obtener este bebé, la verdad es que me siento un poco mal, sabes.
-¿A qué te refieres?
-Tu padre me ayudo a comprar el auto, pero con una condición- dijo él.
-Te pidió que vinieras por mí- no era pregunta sino un hecho. Como lo sospeché mi padre lo había sobornado para que fuera a buscarme en el aeropuerto- Pienso que si no te hubiera ayudado con el auto no hubieses venido por mí. - ¿Por qué me sentía mal por eso? Conocía a Sam y siempre se había ganado todo con su esfuerzo, si tenía que hacer algún recado cobraba por hacerlo, a menos que lo considerara un favor, pero esta era una obligación, ¡Rayos!
-Eso no es cierto- dijo Sam con un bufido- tu padre ya me había dado el dinero que me faltaba, en eso consiste mi nuevo empleo, soy algo así como su ayudante, y claro debo ir de aquí para allá, y no puedo hacerlo en el metro, por lo que obtuve el auto antes de saber que regresarías a la ciudad, me pidió el favor de buscarte en el aeropuerto y así lo hice, es mi trabajo.
-Esa era la condición, ya entiendo. ¿Dónde está él ahora?
-En Wraes Ville- Me pareció extraño que estuviese en Wraes Ville en vez de estar como siempre, trabajando.
El resto del viaje en auto fue tranquilo. Sam puso un poco de música de una extraña banda canadiense, eran buenos, pero yo estaba tan cansada que en seguida me quede rendida. Y debo decir que tuve un lindo sueño. Soñé con Bastean, recorriendo los hermosos pastizales de Vera sobre el lomo de Drakko, valla, esos recuerdo ahora parecían muy lejanos.
Eran las 8:45pm cuando Sam aparcó el auto frente a la casa estudiantil que por tantos años había llamado hogar. Al fin en casa, pensé. Una vez dentro no se escuchaba ni un sonido. Las luces estaban apagadas, como si no hubiese nadie en casa. Y era cierto. No había nadie. Todos los chicos estaban en sus respectivas casas, Coco no estaría porque mi padre se había separado de ella, Lulú estaba con mi padre así que… Encendí la luz y mi padre salió corriendo por las escaleras seguido por Lulú. Ambos me agarraron por sorpresa y me abrazaron.
-Bienvenida cariño- dijo mi padre- te extrañamos muchísimo.
-Suéltala Roger también la extrañe, ¡vamos!…- dijo Lulú empujando a mi padre, algo estaba mal, ella nunca lo había llamado por su nombre, siempre era señor. A decir verdad todo estaba diferente. Eché un vistazo, bueno lo que pude ver por encima del hombro de Lulú que me abrazaba con fuerza. La casa estaba llena de cajas y no había muebles a la vista, los sillones estaban forrados al igual que otras cosas.
-¿Qué sucede papá, Lulú? – pregunté mirándolos a cada uno. Ella se rió tontamente mientras que mi padre la miraba a ella de manea dulce. ¡No! No podía ser…
-Mía tenemos algo que decirte, pero preferimos que descanses, y mañana podemos hablar tranquilamente- dijo mi padre quitándole las maletas a Sam.
-Adiós Mía- dijo este. No tuve tiempo de despedirme porque ya se había ido.
-Saben no podre dormir si no me dicen lo que está pasando- dije. Caminé hasta la cocina, solo para encontrar que estaba empacada también. Por suerte teníamos un mini bar que no estaba empacado y tomé una coca cola, ¡Valla! Todo el viaje quise una. Lulú y mi padre se sentaron en las sillas de campo que estaban en lugar de la mesa d comedor. No tenía idea de lo que pasaba, pero esos dos estaban en algo raro.
-Mía…- comenzó mi padre.- sé que es un poco apresurado pero…
-Sabes que tu padre no es bueno con esto de hablar- dijo Lulú interrumpiendo a mi padre- Lo que sucede es, que llevamos ocho años hablando por teléfono de ti, de la casa, claro todo esto a escondidas de Coco. Lo que te queremos decir es… que yo estaba enamorada de tu padre desde hace mucho tiempo. – WUAOO!! Esto era grande, ¿Lulú y mi padre? Ok, muy en el fondo siempre quise a Lulú como madrastras en vez de a Coco, pero era extraño una vez que lo piensas. Se llevaban ¿qué? ¿Diez o Doce años?
-Sí, cariño- dijo mi padre nervioso- yo en algún punto también me enamore de ella, mis trámites de divorcio no son nuevos, es solo que Coco no quiso firmar nada, en fin, Lulú y yo estamos saliendo desde… un mes, oficialmente quiero decir. Pero estoy seguro que es la mujer que realmente amo- él la miro a los ojos con cara de perrito enamorado, al igual que ella. No recordaba que mi padre hubiese mirado a Coco de esa manera, nunca lo hizo. Estaba encantada con eso, él volvía a ser feliz, era mucho decir, mi madre estaría muy contenta de verlo así, continuando su vida.- ¡Mía di algo!
-¿Qué voy a decir? Estoy feliz por ustedes- me levanté del suelo y los abracé. Y ahora estaba a punto de cagar esa felicidad- Yo… yo ta… también tengo algo que decirles y… no es sencillo.- Ambos me miraron preocupados.
-¿Qué sucede cariño?- ¡Dios! Me sentía como… una cucaracha. Ellos estaban sumamente felices con su relación y ahí estaba yo, arruinando miserablemente ese lindo momento.
-Es… difícil, y… tengo que decir, que realmente lo siento, no fue mi intención… la verdad me hubiese gustado que ocurriera en otro momento pero… no pude evitarlo, bueno sí que pude, pero se salió de mis manos, y les juro que no quise defraudar a nadie, ni complicarle a nadie las cosas- no me había dado cuenta que estaba llorando hasta que sentí los brazos de Lulú, y mi llanto fue más audible. Las hormonas hacían fiesta en mi cuerpo, incluso lloré como tonta casi todo el viaje a E.U.
-Shh, shh… todo estará bien linda- me susurraba Lulú en el oído para calmarme.- Aquí estaremos siempre para ti, me oyes, sea lo que sea lo resolveremos juntos- seguía diciendo ella. Luego de un rato pude calmarme. Mi padre me miraba confundido mientras Lulú se había sentado en el piso conmigo y me estaba acariciando la espalda, no tenía fuerzas realmente, no quería romperle el corazón a mi padre, ni a Lulú, que tan bien me había cuidado y enseñado las cosas que una chica debe saber, esa clase de conversaciones madre e hija, yo las tuve con ella. Cuando tuve mi primer novio, ella estuvo allí, y cuando me rompieron el corazón también, me sentía fatal por haberla decepcionado.
-¿Puedes decirnos que te pasa mía?- dijo mi madre arrodillándose delante de mí. Yo tomé aire y lo solté sin anestesia.
-Estoy… embaraza.- Vi claramente como Lulú cerraba los ojos, pero el va y ven de su mano en mi espalda no se detuvo, tal vez ella lo presentía, cualquiera en su lugar lo habría hecho. Mi padre tenía los ojos abiertos como platos, su respiración era forzosa y su cara se estaba poniendo roja. Esta molesto.
Pero antes que si quiera dijera algo le explique mi situación actual. Le conté lo bien que me la había pasado junto a Bastean y su familia, lo mucho que ellos me habían cuidado y protegido, le conté que Bastean me había pedido matrimonio incluso antes de quedar embarazada, que nos amábamos y él se responsabilizaría de todo, pero que ahora estábamos separados porque nos querían hacer daño. Le conté que él era un muchacho responsable y que se quedó con su familia para protegerlos a ellos, y que la decisión de regresa había sido mía, y que era lo mejor. Me disculpé una y otra vez, le dije que odiaba decepcionarlo, pero que amaba a mi bebé aun sin conocerlo, y que por nada del mundo lo abortaría o daría en adopción, incluso lo desafié a echarme de la casa. Pero él seguía mudo y con la mirada perdida, por lo menos ahora sabía que no estaba molesto sino procesando toda la información. Después de todo eso Lulú beso el lado izquierdo de mi cabeza y recostó la suya contra la mía. No podía soportar aquel silencio que se estaba tragando el lugar.
-Pa, se que estás molesto, pero quiero que sepas que respetaré cualquier decisión que tomé- él no me respondió. Sí, estaba completamente desilusionado, incluso tal vez no me perdonara. Suspiré y me puse de pié, pero cuando quise alejarme él se levantó de golpe, me aló por el brazo y me atrajo contra su pecho. Hacía mucho tiempo no lo veía llorar, ahora lo hacía.
-No estoy desilusionado cariño, eres una hija estupenda y siempre estaré agradecido con el cielo por ser como eres, estoy molesto, sí, pero conmigo mismo, solo por haberte dejado cuando más me necesitabas, tal vez si no hubiese pensado en mi mismo esto no hubiese pasado.- Yo me alejé un poco y limpie sus lágrimas mientras él limpiaba las mías.
-Ahora no debemos preocuparnos por lo que debió haber sido, sino por lo que será de ahora en adelante.- él se echó a reír de pronto. Gracias al cielo este drama duro menos de lo que imaginé. Odiaba que él se culpara por algo que fue 100% mi culpa y la de Bastean, pero bueno, no valía la pena buscar un culpable cuando había tanto que quería hacer.
-Bien, de ahora en adelante me prepararé para ser abuelo- me dio un abrazo y beso mi frente. Como siempre he dicho es mejor tomarse los momentos que no podemos remediar con diversión, se sobrelleva más fácil.
-¿Y en qué papel me encuentro yo?- Preguntó Lulú mientras le secaba sus mejillas y se levantaba del suelo.
-Sera su abuela te guste o no- dije riéndome de su seño fruncido, a nadie le gustaría ser abuela a los 29.
-Seré una abuela realmente sexy- esa misma frase se la había dicho Bastean a su madre, suspiré, realmente los echaba de menos, pero también me hacían falta estas personas.
-Ahora ¿pueden decirme porque esta todo empacado?- pregunté para cambiar el tema por uno más seguro.
-Ah, bueno, me transfirieron a Brookly para ser el presidente de la corporación, y tenemos que estar allí a finales de mes, así que ya tenemos incluso un apartamento increíble en la Ocean Avenue, tiene dos plantas, cuatro cuartos, lo que será perfecto porque el bebé podrá, tener su propia habitación. Ahora tenemos que encargarnos de comprar las cosas, también podemos comprarte cosas nuevas, y ropa, necesitaras ropa nueva…
Mi papá estaba hablando como loco de las cosas que haríamos y que necesitábamos o que deberíamos cambiar.
De una cosa estaba segura, era realmente un alivio para mí saber que contaba con el apoyo de la gente que amaba, tomando en cuenta que no había sido lo suficientemente responsable que digamos. La vida era realmente difícil, ahora se me complicaría un poco más.
Esa noche me tocó dormir en mi colchón, pero no estaba sola, le pedí a Lulú que durmiese conmigo esa noche.
Me dijo que una señora mayor se mostro interesada en comprar la casa para estudiantes y ella se encargaría de todo, me pareció genial. Por un lado nos iríamos de ese horrible pueblo, y por otro me ponía un poco nostálgica, después de todo yo había nacido y crecido allí, estaban enterrados en el cementerio local dos de las personas más importantes de mi vida, era imposible darle la espalda a todo mi pasado. Pero en Brooklyn estaba segura que comenzaría a construir un nuevo futuro, era perfecto para comenzar desde cero con una nueva familia, y otro integrante en camino, eso me tranquilizaba.
Sin embargo no podía cantar victoria sabiendo que a tan solo 28 horas se encontraban otras personas a las cuales había aprendido a querer se podían encontrar en peligro ahora mismo. Pero con mi recién renovada fe, quería creer que en el cielo había un Dios que todo lo mira, y se encargaría de que estuviesen a salvo, porque eran personas valiosas, que amaban a su gente y se preocupaban incluso del más humilde y pobre de todos ellos.
Me quedé dormida con el pensamiento de que mañana seria otro día, y en una semana estaría en mi nuevo hogar, con mi restaurada familia, viviendo una vida que siempre debí vivir, sin complicaciones y sobre todo con amor.
“Ojala Bastean estuviese aquí, para poder compartir mi alegría con él” pensé antes de caer pasivamente en los brazos de Morfeo.
El aeropuerto estaba a reventar cuando por fin mi vuelo aterrizo, había sido el viaje más largo de mi vida. Bastean había insistido en que tomara el avión privado de la familia, lo hice, solo porque no me dejarían tener al Sr. Moon junto a mí sino en el maletero, y eso ni muerta. Además ese avión me había llevado hasta mi gran aventura, tenia hermosos recuerdos, y quería retrasar mi despertar todo lo posible.
Mi padre me había dicho que enviaría a alguien por mí. La sala de espera estaba totalmente abarrotada de gente, unos bajando de sus respectivos vuelos, buscando sus equipajes, comprando boletos, esperando a sus familiares, amigos, colegas, en fin, era sencillo desarrollar claustrofobia. Uno de los guardias llamado Rick estaba a mi lado con mis maletas, otra orden de Bastean, no se apartaría de mí hasta que vinieran a buscarme. Detrás de una cinta de seguridad habían muchos hombres y mujeres de traje caros con carteles en sus manos, pero ninguno de ellos decía mi nombre, luego me di cuenta que había uno que sobresalía entre todos los tipos con pinta de ejecutivos. Un moreno realmente alto con los hombros más anchos que había visto en mi vida. Sus ojos eran oscuros al igual que su cabello, llevaba unos jean y una camisa verde militar y una chaqueta marrón, tenía en sus manos un papel naranja fosforecerte que decía: “Bienvenida a casa monita”
-¿Samuel?- Wuo! Lo reconocería donde sea. Sobre todo que solo él me decía “monita”, en el jardín de infancia solíamos subirnos hasta lo más alto de los arboles, incluso una vez Sam se había caído y roto la muñeca, yo le había dibujado un árbol en el yeso y junto a él dos monitos, uno rosa y otro azul, desde ese entonces no pude hacer nada para que me cambiara el apodo. La cosa era que ya no era mi monito sino… ¡Wouu! Un enorme gorila, era muy alto, y estaba bien formado.- Amigo, deberías dejar los anabólicos, en serio hacen mucho daño, sobre todo en tu… paquete.
-Sigues siendo la misma perversa de siempre monita- él se echo a reír y yo también. Yo corrí hasta él y me abrazo muy fuerte haciéndome girar, no fue una buena idea porque me mareé y la bilis se me subió hasta la garganta, ¡iag! Él me bajo al ver mi rostro verde- ¿Estás bien?
-Sí, solo… me maree. ¿Te envió mi padre?
-Sí, estoy trabajando con él, solo es medio tiempo porque empezaré clases a mediados de septiembre- dijo Sam
-Eso es genial, ¿podemos irnos ya? Estoy cansada.
-Claro- dijo él mientras sonreía, había olvidado lo hermosa que era su sonrisa.
Juntos llegamos al estacionamiento donde estaba aparcado un Ford f-150 color plateado. Sam puso las maletas en la parte de atrás y me abrió la puerta del copiloto. Por dentro estaba revestido en cuero gris, olía a perfume de hombre, el mismo que él usaba, lo supe porque mi chaqueta olía también a Sam. Él subió a la camioneta y en seguida se puso en marcha.
-Es lindo- dije mientras miraba con más detalle el interior del auto. Tenía muchos CD en la guantera. Mire la hora en el panel de comandos, ok, olvide mencionar que tenía una pantalla y un excelente equipo de sonido.
-Gracias, ahorre muchísimo para poder comprarlo, claro está que mi nuevo jefe me echó una mano con eso.- dijo riéndose para sí mismo, no entendí lo que era gracioso.
-¿Por qué te ríes?- pregunté.
-No es nada- se rió de nuevo- es solo que… no tuve que hacer mucho para obtener este bebé, la verdad es que me siento un poco mal, sabes.
-¿A qué te refieres?
-Tu padre me ayudo a comprar el auto, pero con una condición- dijo él.
-Te pidió que vinieras por mí- no era pregunta sino un hecho. Como lo sospeché mi padre lo había sobornado para que fuera a buscarme en el aeropuerto- Pienso que si no te hubiera ayudado con el auto no hubieses venido por mí. - ¿Por qué me sentía mal por eso? Conocía a Sam y siempre se había ganado todo con su esfuerzo, si tenía que hacer algún recado cobraba por hacerlo, a menos que lo considerara un favor, pero esta era una obligación, ¡Rayos!
-Eso no es cierto- dijo Sam con un bufido- tu padre ya me había dado el dinero que me faltaba, en eso consiste mi nuevo empleo, soy algo así como su ayudante, y claro debo ir de aquí para allá, y no puedo hacerlo en el metro, por lo que obtuve el auto antes de saber que regresarías a la ciudad, me pidió el favor de buscarte en el aeropuerto y así lo hice, es mi trabajo.
-Esa era la condición, ya entiendo. ¿Dónde está él ahora?
-En Wraes Ville- Me pareció extraño que estuviese en Wraes Ville en vez de estar como siempre, trabajando.
El resto del viaje en auto fue tranquilo. Sam puso un poco de música de una extraña banda canadiense, eran buenos, pero yo estaba tan cansada que en seguida me quede rendida. Y debo decir que tuve un lindo sueño. Soñé con Bastean, recorriendo los hermosos pastizales de Vera sobre el lomo de Drakko, valla, esos recuerdo ahora parecían muy lejanos.
Eran las 8:45pm cuando Sam aparcó el auto frente a la casa estudiantil que por tantos años había llamado hogar. Al fin en casa, pensé. Una vez dentro no se escuchaba ni un sonido. Las luces estaban apagadas, como si no hubiese nadie en casa. Y era cierto. No había nadie. Todos los chicos estaban en sus respectivas casas, Coco no estaría porque mi padre se había separado de ella, Lulú estaba con mi padre así que… Encendí la luz y mi padre salió corriendo por las escaleras seguido por Lulú. Ambos me agarraron por sorpresa y me abrazaron.
-Bienvenida cariño- dijo mi padre- te extrañamos muchísimo.
-Suéltala Roger también la extrañe, ¡vamos!…- dijo Lulú empujando a mi padre, algo estaba mal, ella nunca lo había llamado por su nombre, siempre era señor. A decir verdad todo estaba diferente. Eché un vistazo, bueno lo que pude ver por encima del hombro de Lulú que me abrazaba con fuerza. La casa estaba llena de cajas y no había muebles a la vista, los sillones estaban forrados al igual que otras cosas.
-¿Qué sucede papá, Lulú? – pregunté mirándolos a cada uno. Ella se rió tontamente mientras que mi padre la miraba a ella de manea dulce. ¡No! No podía ser…
-Mía tenemos algo que decirte, pero preferimos que descanses, y mañana podemos hablar tranquilamente- dijo mi padre quitándole las maletas a Sam.
-Adiós Mía- dijo este. No tuve tiempo de despedirme porque ya se había ido.
-Saben no podre dormir si no me dicen lo que está pasando- dije. Caminé hasta la cocina, solo para encontrar que estaba empacada también. Por suerte teníamos un mini bar que no estaba empacado y tomé una coca cola, ¡Valla! Todo el viaje quise una. Lulú y mi padre se sentaron en las sillas de campo que estaban en lugar de la mesa d comedor. No tenía idea de lo que pasaba, pero esos dos estaban en algo raro.
-Mía…- comenzó mi padre.- sé que es un poco apresurado pero…
-Sabes que tu padre no es bueno con esto de hablar- dijo Lulú interrumpiendo a mi padre- Lo que sucede es, que llevamos ocho años hablando por teléfono de ti, de la casa, claro todo esto a escondidas de Coco. Lo que te queremos decir es… que yo estaba enamorada de tu padre desde hace mucho tiempo. – WUAOO!! Esto era grande, ¿Lulú y mi padre? Ok, muy en el fondo siempre quise a Lulú como madrastras en vez de a Coco, pero era extraño una vez que lo piensas. Se llevaban ¿qué? ¿Diez o Doce años?
-Sí, cariño- dijo mi padre nervioso- yo en algún punto también me enamore de ella, mis trámites de divorcio no son nuevos, es solo que Coco no quiso firmar nada, en fin, Lulú y yo estamos saliendo desde… un mes, oficialmente quiero decir. Pero estoy seguro que es la mujer que realmente amo- él la miro a los ojos con cara de perrito enamorado, al igual que ella. No recordaba que mi padre hubiese mirado a Coco de esa manera, nunca lo hizo. Estaba encantada con eso, él volvía a ser feliz, era mucho decir, mi madre estaría muy contenta de verlo así, continuando su vida.- ¡Mía di algo!
-¿Qué voy a decir? Estoy feliz por ustedes- me levanté del suelo y los abracé. Y ahora estaba a punto de cagar esa felicidad- Yo… yo ta… también tengo algo que decirles y… no es sencillo.- Ambos me miraron preocupados.
-¿Qué sucede cariño?- ¡Dios! Me sentía como… una cucaracha. Ellos estaban sumamente felices con su relación y ahí estaba yo, arruinando miserablemente ese lindo momento.
-Es… difícil, y… tengo que decir, que realmente lo siento, no fue mi intención… la verdad me hubiese gustado que ocurriera en otro momento pero… no pude evitarlo, bueno sí que pude, pero se salió de mis manos, y les juro que no quise defraudar a nadie, ni complicarle a nadie las cosas- no me había dado cuenta que estaba llorando hasta que sentí los brazos de Lulú, y mi llanto fue más audible. Las hormonas hacían fiesta en mi cuerpo, incluso lloré como tonta casi todo el viaje a E.U.
-Shh, shh… todo estará bien linda- me susurraba Lulú en el oído para calmarme.- Aquí estaremos siempre para ti, me oyes, sea lo que sea lo resolveremos juntos- seguía diciendo ella. Luego de un rato pude calmarme. Mi padre me miraba confundido mientras Lulú se había sentado en el piso conmigo y me estaba acariciando la espalda, no tenía fuerzas realmente, no quería romperle el corazón a mi padre, ni a Lulú, que tan bien me había cuidado y enseñado las cosas que una chica debe saber, esa clase de conversaciones madre e hija, yo las tuve con ella. Cuando tuve mi primer novio, ella estuvo allí, y cuando me rompieron el corazón también, me sentía fatal por haberla decepcionado.
-¿Puedes decirnos que te pasa mía?- dijo mi madre arrodillándose delante de mí. Yo tomé aire y lo solté sin anestesia.
-Estoy… embaraza.- Vi claramente como Lulú cerraba los ojos, pero el va y ven de su mano en mi espalda no se detuvo, tal vez ella lo presentía, cualquiera en su lugar lo habría hecho. Mi padre tenía los ojos abiertos como platos, su respiración era forzosa y su cara se estaba poniendo roja. Esta molesto.
Pero antes que si quiera dijera algo le explique mi situación actual. Le conté lo bien que me la había pasado junto a Bastean y su familia, lo mucho que ellos me habían cuidado y protegido, le conté que Bastean me había pedido matrimonio incluso antes de quedar embarazada, que nos amábamos y él se responsabilizaría de todo, pero que ahora estábamos separados porque nos querían hacer daño. Le conté que él era un muchacho responsable y que se quedó con su familia para protegerlos a ellos, y que la decisión de regresa había sido mía, y que era lo mejor. Me disculpé una y otra vez, le dije que odiaba decepcionarlo, pero que amaba a mi bebé aun sin conocerlo, y que por nada del mundo lo abortaría o daría en adopción, incluso lo desafié a echarme de la casa. Pero él seguía mudo y con la mirada perdida, por lo menos ahora sabía que no estaba molesto sino procesando toda la información. Después de todo eso Lulú beso el lado izquierdo de mi cabeza y recostó la suya contra la mía. No podía soportar aquel silencio que se estaba tragando el lugar.
-Pa, se que estás molesto, pero quiero que sepas que respetaré cualquier decisión que tomé- él no me respondió. Sí, estaba completamente desilusionado, incluso tal vez no me perdonara. Suspiré y me puse de pié, pero cuando quise alejarme él se levantó de golpe, me aló por el brazo y me atrajo contra su pecho. Hacía mucho tiempo no lo veía llorar, ahora lo hacía.
-No estoy desilusionado cariño, eres una hija estupenda y siempre estaré agradecido con el cielo por ser como eres, estoy molesto, sí, pero conmigo mismo, solo por haberte dejado cuando más me necesitabas, tal vez si no hubiese pensado en mi mismo esto no hubiese pasado.- Yo me alejé un poco y limpie sus lágrimas mientras él limpiaba las mías.
-Ahora no debemos preocuparnos por lo que debió haber sido, sino por lo que será de ahora en adelante.- él se echó a reír de pronto. Gracias al cielo este drama duro menos de lo que imaginé. Odiaba que él se culpara por algo que fue 100% mi culpa y la de Bastean, pero bueno, no valía la pena buscar un culpable cuando había tanto que quería hacer.
-Bien, de ahora en adelante me prepararé para ser abuelo- me dio un abrazo y beso mi frente. Como siempre he dicho es mejor tomarse los momentos que no podemos remediar con diversión, se sobrelleva más fácil.
-¿Y en qué papel me encuentro yo?- Preguntó Lulú mientras le secaba sus mejillas y se levantaba del suelo.
-Sera su abuela te guste o no- dije riéndome de su seño fruncido, a nadie le gustaría ser abuela a los 29.
-Seré una abuela realmente sexy- esa misma frase se la había dicho Bastean a su madre, suspiré, realmente los echaba de menos, pero también me hacían falta estas personas.
-Ahora ¿pueden decirme porque esta todo empacado?- pregunté para cambiar el tema por uno más seguro.
-Ah, bueno, me transfirieron a Brookly para ser el presidente de la corporación, y tenemos que estar allí a finales de mes, así que ya tenemos incluso un apartamento increíble en la Ocean Avenue, tiene dos plantas, cuatro cuartos, lo que será perfecto porque el bebé podrá, tener su propia habitación. Ahora tenemos que encargarnos de comprar las cosas, también podemos comprarte cosas nuevas, y ropa, necesitaras ropa nueva…
Mi papá estaba hablando como loco de las cosas que haríamos y que necesitábamos o que deberíamos cambiar.
De una cosa estaba segura, era realmente un alivio para mí saber que contaba con el apoyo de la gente que amaba, tomando en cuenta que no había sido lo suficientemente responsable que digamos. La vida era realmente difícil, ahora se me complicaría un poco más.
Esa noche me tocó dormir en mi colchón, pero no estaba sola, le pedí a Lulú que durmiese conmigo esa noche.
Me dijo que una señora mayor se mostro interesada en comprar la casa para estudiantes y ella se encargaría de todo, me pareció genial. Por un lado nos iríamos de ese horrible pueblo, y por otro me ponía un poco nostálgica, después de todo yo había nacido y crecido allí, estaban enterrados en el cementerio local dos de las personas más importantes de mi vida, era imposible darle la espalda a todo mi pasado. Pero en Brooklyn estaba segura que comenzaría a construir un nuevo futuro, era perfecto para comenzar desde cero con una nueva familia, y otro integrante en camino, eso me tranquilizaba.
Sin embargo no podía cantar victoria sabiendo que a tan solo 28 horas se encontraban otras personas a las cuales había aprendido a querer se podían encontrar en peligro ahora mismo. Pero con mi recién renovada fe, quería creer que en el cielo había un Dios que todo lo mira, y se encargaría de que estuviesen a salvo, porque eran personas valiosas, que amaban a su gente y se preocupaban incluso del más humilde y pobre de todos ellos.
Me quedé dormida con el pensamiento de que mañana seria otro día, y en una semana estaría en mi nuevo hogar, con mi restaurada familia, viviendo una vida que siempre debí vivir, sin complicaciones y sobre todo con amor.
“Ojala Bastean estuviese aquí, para poder compartir mi alegría con él” pensé antes de caer pasivamente en los brazos de Morfeo.
lunes, 10 de octubre de 2011
Capitulo 30
Esa mañana me levanté a eso de las 4am. ¡Dios! Tenía el estomago totalmente revuelto, las nauseas se estaban haciendo cada vez más frecuentes, y ni hablar del malestar, ¡Puaj!, como estaba en el baño luego de haber devuelto toda la cena de la noche anterior decidí no perder tiempo y ducharme. Rato después ya estaba vestida con un lindo vestido rosa pastel, admito que odio con todo mi ser el color rosa, pero ese me gustaba, y era cómodo, también me puse un pantalón de licra negro, zapatillas rosas a juego con el vestido y peine mi cabello. Lilly me había regalado una boina blanca, y también me la puse, se veía bien el conjunto. Bastean seguía dormido cuando termine de arreglarme. La noche anterior no había sido fácil para ninguno de los dos, pero entendíamos que estábamos haciéndolo por nuestro bebé, instintivamente me lleve las manos a mi vientre, “pronto estarás a salvo pequeño” pensé. Ahora mi temor más grande era a donde iría.
Saque de la cartera mi teléfono celular, marque a mi padre, según mis cálculos serian medio día o algo así, caminé hasta la antesala de mi habitación y comenzó a sonar. Luego de dos repiques contesto.
-Habla Roger- dijo formalmente.
-Hola papá- dije tragándome el nudo que se había formado en mi garganta.
-Cariño, eres tú, ¿Cómo estás? ¿Te estás divirtiendo?- Más de lo que crees, pensé con ironía.
-Sí, ah… te llamo porque en unas horas sale mi vuelo a Nueva York.
-¿En cerio? Pensé que regresarías hasta fin de mes, ¿sucede algo?- sonó preocupado.
-La verdad sí, pero preferiría decírtelo en persona y no por teléfono.
-¿Qué sucede Mía? Sabes que puedes decirle cualquier cosa a tu padre.- Wuao! Ahora me pedía confianza. Esto era más difícil de lo que imaginé.
-Como te dije prefiero contártelo en persona, pero estoy bien, ah… no sé si regresar a casa, es decir a la residencia con Lulú o… ir contigo- hubo un silencio extraño y luego hablo.
-Lulú esta aquí conmigo… eh… tengo también algo que decirte. Ven a la ciudad, enviaré a alguien al aeropuerto por ti, ¿Cuándo llegas?
-Tal vez mañana a las 7 u 8 de la noche- dije.
-Ok, te estaré esperando, te amo cariño.
-También yo- dije y tranqué. Mi temor más grande era que él se enfadara conmigo. Y tendría razón, siempre me habían considerado una chica prudente, que no corre riesgos, ¡Bravo Mía! Que mejor manera de ser rebelde que convertirte en madre a los 18, ¡genial!
Regresé a la habitación y guardé mi celular dentro de mi chaqueta. Bastean ya se había levantado, pero no lo veía por ningún lado, de seguro estaba en el baño, pensé. Como lo sospeché él salió del cuarto de baño con el cabello mojado y alborotado, encima solo llevaba la ropa interior, no pude evitar sonrojarme ¡iba a tener a su bebé y aun me sonrojaba! Que patética era realmente.
-Hey, ¿estás lista?- preguntó Bastean tomando su camisa blanca del suelo. Se la paso por la cabeza, ¡Dioooos! Ese hombre era perfecto, y era todo mío.
-A decir verdad, no, no estoy lista para dejarte- mi voz se quebró. Y era cierto, no quería dejarlo, pero su determinación al querer proteger su patrimonio y el de su familia era grandiosa, además eso me demostraba que era un hombre de palabra, aunque ya yo lo había comprobado.
Ambos nos quedamos mirando a los ojos, como en una silenciosa despedida, el corazón me ardía, podía sentir como se iba despedazando poco a poco, era un dolor terrible, pero tenía que ser fuerte, ahora alguien más dependía de mí, no podía dejarme vencer. Caminé lentamente hasta donde estaba Bastean parado, ya se había puesto su bermuda, al quedar justo delante de él me puse de puntitas, le di un pequeño beso en los labios y me abrace a su cálido cuerpo. Quería gravar en mi memoria su olor, el latido de su corazón acelerado cuando estaba cerca de él, eran pequeñas cosas que amaba y que echaría mucho de menos. Sus fuertes brazos se aferraron en mi espalda, sabía que él tampoco me quería dejar ir.
-Vamos a comer algo y luego podrás despedirte de todos- yo solo asentí, tome mi bolso de la silla, Bastean tomo mis maletas y bajamos las escaleras hasta el recibidor, donde le pidió a uno de los sirvientes que rondaban por allí que buscara el resto de mi equipaje, eran casi las 7 cuando las chicas se despertaron y ante la conmoción corrieron las dos pequeñas hasta mí, seguidas de Lilly que parecía confundida.
-¿Te vas? – preguntó ella.
-Me temo que sí, pero te escribiré todos los días, lo prometo- dije abrazándome a ella, era como la hermana que siempre desee tener, sentí como sus sollozos se hacían más fuertes, y al alejarse de mí miro a su hermano con odio en los ojos. Bastean se había duchado mientras yo desayunaba y se había puesto unos jeans oscuros, una camiseta naranja y una chaqueta de semi-cuero, se veía condenadamente sexy con ella.
-¡Todos es tu culpa!- grito Lilly arremetiendo contra su hermano- te odio, te odio, por tu culpa ella se va, eres tan poco hombre, me das asco.
-Hey, hey- dijo Bastean tratando de esquivar los manotazos que le lanzaba Lilly a diestra y siniestra.
-¡Lilly, no!- trate de detenerla, la halé por el brazo pero ella estaba tan molesta que no escuchaba- ¡Lilly basta ya! – ella me miro y sus hermosos ojos verdes tan parecido a los de su hermano estaban húmedos al igual que rojas estaban sus mejillas, la abracé con fuerza mientras ella lloraba y todos los demás presentes estaba atónitos con aquella escena. Pase una mano por su espalda tratando de reconfortarla- escúchame bien- susurre una vez se fue calmando- no culpes a tu hermano de esto ¿sí? me voy porque es lo mejor.
-¿Mejor para quién?- dije ella entrecortadamente y con hipos por llorar. Tomé su rostro entre mis manos y le seguí hablando en susurros, todos miraban perplejos.
-Para todos. Voy a estar bien. Acuérdate que esta casa se está convirtiendo en un campo minado, ¿Y no querrás que este en medio o sí?- me acerque hasta su oído y le dije- voy a mantener a tu sobrino a salvo de ese loco tío tuyo, prometo llamarte siempre que pueda e informarte de todo, así como espero que me informes a mí ¿está bien?- ella asintió y volvió a abrazarme.- creo que le debes una disculpa a tu hermano- ella volvió a asentir y fue hasta Bastean que estaba parado contra la pared lateral donde aun reposaba la maleta más grande.
-Lo siento Titán- él la atrajo hacia sí. Cuanto los iba a extrañar.
-Mía- dijo la pequeña Cecile que aun llevaba su pijama con pies color lila y un osito en su mano- ¿Tienes que irte con tu papi?
-Sí cariño- dije poniéndome de rodillas, ella se abrazo a mi cuello y una lagrima se me escapó, ¡Esto era muy difícil! Había aprendido a adorar a esas niñas, y sentía temor por ellas.- Serás una buena niña ¿verdad?- ella asintió enérgicamente. Detrás de ella estaba Monique con un pañuelo en sus manos y lo enroscaba violentamente, me miraba con rabia y tristeza al mismo tiempo- ¿No vas a despedirte de mí? – pregunté. Ella siguió mirándome pero no hizo ademan de moverse de donde estaba.
-No me gustan las despedidas- susurró.
- Tampoco me gustan, pero no es una despedida ¿ok? Es un hasta pronto- le dije con suavidad, al principio Monique dudo, pero luego fue hasta mí y me abrazo con fuerza.
-¿El Sr. Moon tiene que irse también?- Preguntó Cecile que se había tirado al suelo junto a la maleta de viaje de mi gordísimo gato blanco, ese bribón había comido hasta más no poder y las niñas lo habían consentido más que suficiente.
-Claro Ceci- dijo Bastean sosteniendo a su hermanita en brazos, esperaba fervientemente que él fuera así con nuestro bebé.- él debe estará mejor con su mamá ¿no es así Mía? Además- agrego dándole un golpecito con el dedo a la nariz de la pequeña- ¿No crees que la extrañaría mucho?- Algo dentro de mí se encogió cuando mencionó eso de ser la mamá del Sr. Moon, él parecía querer gritarles la noticia a todos, pero se contenía.
-Así es- dije. Me di la vuelta para despedirme de los sirvientes. Madeleine estaba llorando, nos habíamos hecho buenas amigas desde mi llegada. Pietro me dio un gran abrazo y me dio un libro de postres que tenía que probar, las mujeres de la cocina, la limpieza y otros quehaceres me desearon un buen viaje. También Sisee y Jules estaban ahí para despedirse.
-Señorita cuídese mucho- ella me miro y luego miro mi vientre, yo asentí y ella me abrazo con fuerza, o hasta donde su enorme barriga nos lo permitió, ¡Uff! Al pensar que yo me pondría así d grande mis jeans llorarían.- te espera una gran aventura, pero todo valdrá la pena te lo aseguro.
-Gracias Sisee, esperaré con ansias noticias tuyas. Gracias por todo, de verdad.
-No hay de qué, también quisiera saber de ti.
-Por supuesto- luego la abrace y miré al enorme gigantón de su marido- A ti también Jules tengo que agradecerte, eres muy valiente, cuida a tu esposa e hijos muchísimo, porque es lo más valioso que posees.
-Eso no me lo tiene que recordar señorita, pero gracias.- este me dio un fuerte abrazo, me sentía pequeñita entre sus brazos inmensos.
-No puedo creer que te valla y no te despidas de mí muchacha- dijo la reina desde lo alto de la escalera, lucia imperiosa y dominante desde las alturas, incluso temblé. Bajo majestuosamente las escaleras con su hermosa bata de seda color champan y pantuflas blancas como la nieve, su cabello estaba recogido en una cola baja, dejaba su normal imagen de estirada elegancia para dar paso a una mujer normal, y aun así se veía aristocrática.
Cuando pasó frente a los sirvientes estos hicieron una reverencia al unisonó, yo me quede de pie donde estaba, ella misma me había pedido que no la reverenciara ni nada por el estilo.
-Vamos al despacho- dijo sin más. Tenía el seño fruncido y me miraba con una cara que no te dejaba ver lo que estaba pasando por su mente en aquel momento. Se dio la vuelta para dirigirse al despacho, al parecer dio por hecho que la seguiría, pero no tenía tiempo que perder.
-Pero el vuelo…- no terminé de hablar cuando ella levanto la mano aun de espaldas a mí.
-No sale hasta que yo lo ordene, vamos al despacho. Bastean- vi como él cuadraba sus hombros colocándose repentinamente derecho- ¿vendrás también o seguirás haciendo el trabajo de Guio estando parado para llevar las maletas?- Bastean no dijo nada, se acerco a mí y me tomo de la mano para seguir a la reina, ¿se había levantado del lado izquierdo de la cama?
Caminamos hasta llegar a un par de puertas gigantescas de madera, la cual dos guardias vestidos con los colores típicos de los McDragon abrieron ante su reina.
La habitación era más bien masculina, con los colores marrones de la madera predominando por todo el lugar, desde el enorme escritorio de madera hasta los estantes con cientos y cientos de libros, incluso el globo terráqueo que estaba sombre el escritorio tenía su base de color bronce. Las cortinas parecían pesadas, de color verde con diseños extraños en dorado, la tapicería de las sillas y muebles era del mismo tono verde musgo. La reina Evangeline se situó detrás del escritorio, nos hizo una seña para qué tomáramos asiento, y así hicimos.
-Quisiera saber- comenzó calmadamente- que ocurre aquí.
-Regreso a casa Evangeline, eso es todo- ok, nótese que estoy usando su nombre de pila, ¡yeiih, bien por mi!
-Eso ya lo note Mía querida, lo que no entiendo es la razón de esta ida tan apresurada- No estaba segura si decirle el cuento largo o evadir el tema, mmm… mejor la evado.
-Tengo mis razones-dije sin más. Ella suspiró y miro a Bastean.
-Tú me dirás que pasa, y sabré si estas mintiendo- ¡ESO ERA JUGAR SUCIO! La reina siempre sabia cuando alguien mentía, conmigo no quiso insistir porque era dura como una roca, bueno no tanto pero… Ella era una de las más despiadadas abogadas de Europa, o eso me había dicho, y no había perdido ni un solo caso, ni siquiera de novata, eso también lo escuche, pero estaba poniendo a Bastean entre la espada y la pared. Él se quedo como una piedra, su rostro era como de granito, estaba pálido.- Muy bien- dijo parándose de su silla y colocándose detrás de nosotros, una gota de sudor se deslizo por mi nuca haciendo que me diera una escalofrió, ¡mierda! Estábamos atrapados.
Dentro de mí me sentía algo culpable al ocultarle este secreto a la madre de Bastean, que tan amable había sido conmigo, no solo al recibirme con los brazos abiertos, sino por tratarme como una igual en vez de una interesada caza fortunas como otra reina me habría considerado. Se me hacia totalmente injusto ocultarle que iba a ser abuela, cuando ya una de sus hijas lo sabía, mi padre también lo sabría en cuestión de horas, y medio Wraes Ville lo sabría. Miré a Bastean buscando apoyo, tome su mano y le sonreí.
-Es… complicado- dije.
-Perfecto- ella regreso hasta su posición inicial detrás del escritorio.- Hablen.- volví a mirar a Bastean, mi corazón latía como loco, era ahora o nunca.
-Evangeline… estoy… esperando un bebé- ella asintió, pero no pareció sorprendida.
-Sabía que eras tú- dije más para ella que para nosotros.
-¿A qué te refieres mamá?- preguntó Bastean. Ella suspiró.
-¿Creen que no sé lo que pasa en mi propio castillo?- Yo aun seguía confundida, al igual que Bastean, luego ella se aclaró- Supe que Sisee fue al pueblo, ella misma me pidió permiso para hacerlo, pensé que compraría vitaminas o algo así, pero extrañamente compro un test de embarazo, cosa que me pareció totalmente ilógica porque ella está muy embarazada.
-Sigo sin entender- dijo Bastean pasándose las manos por el rostro, el pobre estaba cansado.
-Que fue adquirió la prueba luego de hablar con Mía en el jardín.- mis ojos casi se me salen de sus cuencas por la sorpresa.
-¿Cómo sabe que hable con ella? Es más… ¿Cómo sabe lo que compro?
-Después del atentado contra la vida de mi hijo cuido cada paso que den las personas que están dentro y fuera de mi hogar, eso incluye a la esposa de uno de mis mejores guardias y por supuesto la novia de mi hijo, además soy madre, obviamente note cambios en ti que ni siquiera tú notaste.- Tenia unos cuantos puntos a su favor, pero eso de andar investigando a todo el mundo era de locos.- Pensé que confiabas lo suficiente en tu madre como para decirme esto Bastean.
-No estaba en mí contártelo madre, era ella la que debía de hacerlo si eso quería, además me enteré hace solo dos días ¿Qué esperabas que hiciera?- dijo él un poco exasperado, yo toque su rodilla para que se calmara, sus ojos están húmedos, por eso se estaba frotando la cara, pensé, porque no quería llorar frente a su madre.
-¿Hace cuanto lo sabes tú Mía?- preguntó ella ignorando la pregunta de su hijo.
-Unas dos o dos semanas y media - ella agrando mucho los ojos y soltó una maldición.
-¿Creías que no nos enteraríamos?
-No, pensé que estaba equivocada.- dije bajando la cabeza, bien, allí estaba el regaño por parte de la reina, al menos no estaba gritando, aun.
-Con estas cosas no hay equivocaciones Mía, ambos son totalmente responsables de sus actos, ya no son unos niños que no saben lo que están haciendo y sus posibles consecuencias. Estamos en un momento sumamente crítico y me salen con que van a tener un bebé. No sé qué decir al respecto.- ella se paso una mano por el cabello frustrada.
-No hay nada que decir- dije.- Me voy a casa, eso es todo.- La reina me miro con los ojos como platos.- Es mejor así Evangeline.
-No, no, no y no, es mejor que te quedes con nosotros donde podamos vigilarte y protegerte no…
-Evangeline- la detuve, ahora era mi suegra y no la reina- regresaré con mi padre a Wraes Ville, la persona que está intentando hacer daño no sabe de mi condición, solo usted, Lilly, Sisee, Bastean y yo lo sabemos.
-¿Lilly lo sabe?- pregunto la reina sorprendida.
-Sí, ella me descubrió, incluso supo que estaba embarazada antes de que yo lo supiera. En cualquier caso, piénselo de esta manera, saliendo yo del terreno no podrá hacerme daño, o a mi bebé, tengo miedo, y no estaré aquí a la espera de que algo malo suceda. En todo caso sería un blanco fácil.
-Mía tiene razón madre, no expondremos a nuestro hijo a este problema, él es el más inocente de todo, no tiene la culpa de los errores que hayamos cometido y mucho menos de llegar en un momento tan impropio.- Bastean tenía toda la razón. Si hubiese quedado embarazada en otro momento, quizás cuando hubiésemos concluido con el asunto del dichoso documento en estos momentos estaríamos felices y sin preocupaciones, en cambio estábamos alterados y nerviosos.
- Me alegro que estén bien parados sobre la tierra muchachos porque lo que les viene es complicado y requiere paciencia y sobre todo cooperación por parte de cada uno de ustedes- suspiro y se levanto- Veo que saben lo que están haciendo así que no me queda más que desearte un buen viaje y… pedirte que te cuides muchos de ahora en adelante. –ella me abrazo. Por alguna razón sentí cierta nostalgia, tal vez así se sentía abrazar a una madre, alguien que te infunda valor cuando crees que has llegado a tu limite. Me sentía más tranquila al saber que tendríamos el apoyo de la reina Evangeline y que respetaba nuestras decisiones, al fin y al cabo era nuestro deber resolverlo solos, porque ahora seriamos los adultos ¿no?
-La echaré mucho de menos- le susurre.
-También yo cariño, pero estoy a solo una llamada de distancia- ella sonrió y miro a su hijo- Me hubiese gustado que tardaras más en crecer, pero veo que es imposible, mi niño ahora es un hombre, incluso me hará abuela, ¿Yo, abuela? Quien lo diría.
-Serás una abuela muy sexy – dijo Bastean abrazando también a su madre.
-Eres incorregible Bastean- ella se rio y nos instó para regresar al recibidor.
Ya todo el personal se había retirado a sus quehaceres matutinos. Las chicas aun estaban allí con sus piyamas y lagrimas en los ojos. En Vera definitivamente había encontrado una familia, “El hogar está donde dejes tu amor plantado en el corazón de otros” Esa frase vino a mi cabeza al verlos a todos desde lo alto.
Siempre pensé que mi familia estaba rota, que estaba sola, sola contra el mundo. Y ahora me daba cuenta que estaba totalmente equivocada. Que una familia no necesariamente debía compartir tu sangre, a veces tu propia sangre podía volverse en tu contra, tal ejemplo de William McDragon.
La familia es aquella que sin importar como ni cuando, te amara por quien eres, y por lo que das. Hasta ahora no había notado la grandiosa familia que me había tocado. Incluso mejor, tenia familia en E.U y ahora en Vera. Ahora era turno de volver con mi otra familia. Con que estaba dispuesta a arreglar sus partes, y volver a formar un todo.
Bastean me dejó en el aeropuerto, mejor dicho, no se fue hasta que mi vuelo partió. Cuando echaría de menos a mi príncipe. Quien en tan poco tiempo me había robado el corazón, y me había enseñado como amar otra vez.
Él había reparado lo que estaba roto dentro de mí, mi alma, mi sentimientos, mi vida entera, todo, para dejar en su lugar todo el amor que se puede dar a una persona, y eso estaba más que demostrado. Puse mis manos en mi vientre mientras miraba por la ventanilla del avión. Mi bebé era la prueba más grande de todo ese amor.
Saque de la cartera mi teléfono celular, marque a mi padre, según mis cálculos serian medio día o algo así, caminé hasta la antesala de mi habitación y comenzó a sonar. Luego de dos repiques contesto.
-Habla Roger- dijo formalmente.
-Hola papá- dije tragándome el nudo que se había formado en mi garganta.
-Cariño, eres tú, ¿Cómo estás? ¿Te estás divirtiendo?- Más de lo que crees, pensé con ironía.
-Sí, ah… te llamo porque en unas horas sale mi vuelo a Nueva York.
-¿En cerio? Pensé que regresarías hasta fin de mes, ¿sucede algo?- sonó preocupado.
-La verdad sí, pero preferiría decírtelo en persona y no por teléfono.
-¿Qué sucede Mía? Sabes que puedes decirle cualquier cosa a tu padre.- Wuao! Ahora me pedía confianza. Esto era más difícil de lo que imaginé.
-Como te dije prefiero contártelo en persona, pero estoy bien, ah… no sé si regresar a casa, es decir a la residencia con Lulú o… ir contigo- hubo un silencio extraño y luego hablo.
-Lulú esta aquí conmigo… eh… tengo también algo que decirte. Ven a la ciudad, enviaré a alguien al aeropuerto por ti, ¿Cuándo llegas?
-Tal vez mañana a las 7 u 8 de la noche- dije.
-Ok, te estaré esperando, te amo cariño.
-También yo- dije y tranqué. Mi temor más grande era que él se enfadara conmigo. Y tendría razón, siempre me habían considerado una chica prudente, que no corre riesgos, ¡Bravo Mía! Que mejor manera de ser rebelde que convertirte en madre a los 18, ¡genial!
Regresé a la habitación y guardé mi celular dentro de mi chaqueta. Bastean ya se había levantado, pero no lo veía por ningún lado, de seguro estaba en el baño, pensé. Como lo sospeché él salió del cuarto de baño con el cabello mojado y alborotado, encima solo llevaba la ropa interior, no pude evitar sonrojarme ¡iba a tener a su bebé y aun me sonrojaba! Que patética era realmente.
-Hey, ¿estás lista?- preguntó Bastean tomando su camisa blanca del suelo. Se la paso por la cabeza, ¡Dioooos! Ese hombre era perfecto, y era todo mío.
-A decir verdad, no, no estoy lista para dejarte- mi voz se quebró. Y era cierto, no quería dejarlo, pero su determinación al querer proteger su patrimonio y el de su familia era grandiosa, además eso me demostraba que era un hombre de palabra, aunque ya yo lo había comprobado.
Ambos nos quedamos mirando a los ojos, como en una silenciosa despedida, el corazón me ardía, podía sentir como se iba despedazando poco a poco, era un dolor terrible, pero tenía que ser fuerte, ahora alguien más dependía de mí, no podía dejarme vencer. Caminé lentamente hasta donde estaba Bastean parado, ya se había puesto su bermuda, al quedar justo delante de él me puse de puntitas, le di un pequeño beso en los labios y me abrace a su cálido cuerpo. Quería gravar en mi memoria su olor, el latido de su corazón acelerado cuando estaba cerca de él, eran pequeñas cosas que amaba y que echaría mucho de menos. Sus fuertes brazos se aferraron en mi espalda, sabía que él tampoco me quería dejar ir.
-Vamos a comer algo y luego podrás despedirte de todos- yo solo asentí, tome mi bolso de la silla, Bastean tomo mis maletas y bajamos las escaleras hasta el recibidor, donde le pidió a uno de los sirvientes que rondaban por allí que buscara el resto de mi equipaje, eran casi las 7 cuando las chicas se despertaron y ante la conmoción corrieron las dos pequeñas hasta mí, seguidas de Lilly que parecía confundida.
-¿Te vas? – preguntó ella.
-Me temo que sí, pero te escribiré todos los días, lo prometo- dije abrazándome a ella, era como la hermana que siempre desee tener, sentí como sus sollozos se hacían más fuertes, y al alejarse de mí miro a su hermano con odio en los ojos. Bastean se había duchado mientras yo desayunaba y se había puesto unos jeans oscuros, una camiseta naranja y una chaqueta de semi-cuero, se veía condenadamente sexy con ella.
-¡Todos es tu culpa!- grito Lilly arremetiendo contra su hermano- te odio, te odio, por tu culpa ella se va, eres tan poco hombre, me das asco.
-Hey, hey- dijo Bastean tratando de esquivar los manotazos que le lanzaba Lilly a diestra y siniestra.
-¡Lilly, no!- trate de detenerla, la halé por el brazo pero ella estaba tan molesta que no escuchaba- ¡Lilly basta ya! – ella me miro y sus hermosos ojos verdes tan parecido a los de su hermano estaban húmedos al igual que rojas estaban sus mejillas, la abracé con fuerza mientras ella lloraba y todos los demás presentes estaba atónitos con aquella escena. Pase una mano por su espalda tratando de reconfortarla- escúchame bien- susurre una vez se fue calmando- no culpes a tu hermano de esto ¿sí? me voy porque es lo mejor.
-¿Mejor para quién?- dije ella entrecortadamente y con hipos por llorar. Tomé su rostro entre mis manos y le seguí hablando en susurros, todos miraban perplejos.
-Para todos. Voy a estar bien. Acuérdate que esta casa se está convirtiendo en un campo minado, ¿Y no querrás que este en medio o sí?- me acerque hasta su oído y le dije- voy a mantener a tu sobrino a salvo de ese loco tío tuyo, prometo llamarte siempre que pueda e informarte de todo, así como espero que me informes a mí ¿está bien?- ella asintió y volvió a abrazarme.- creo que le debes una disculpa a tu hermano- ella volvió a asentir y fue hasta Bastean que estaba parado contra la pared lateral donde aun reposaba la maleta más grande.
-Lo siento Titán- él la atrajo hacia sí. Cuanto los iba a extrañar.
-Mía- dijo la pequeña Cecile que aun llevaba su pijama con pies color lila y un osito en su mano- ¿Tienes que irte con tu papi?
-Sí cariño- dije poniéndome de rodillas, ella se abrazo a mi cuello y una lagrima se me escapó, ¡Esto era muy difícil! Había aprendido a adorar a esas niñas, y sentía temor por ellas.- Serás una buena niña ¿verdad?- ella asintió enérgicamente. Detrás de ella estaba Monique con un pañuelo en sus manos y lo enroscaba violentamente, me miraba con rabia y tristeza al mismo tiempo- ¿No vas a despedirte de mí? – pregunté. Ella siguió mirándome pero no hizo ademan de moverse de donde estaba.
-No me gustan las despedidas- susurró.
- Tampoco me gustan, pero no es una despedida ¿ok? Es un hasta pronto- le dije con suavidad, al principio Monique dudo, pero luego fue hasta mí y me abrazo con fuerza.
-¿El Sr. Moon tiene que irse también?- Preguntó Cecile que se había tirado al suelo junto a la maleta de viaje de mi gordísimo gato blanco, ese bribón había comido hasta más no poder y las niñas lo habían consentido más que suficiente.
-Claro Ceci- dijo Bastean sosteniendo a su hermanita en brazos, esperaba fervientemente que él fuera así con nuestro bebé.- él debe estará mejor con su mamá ¿no es así Mía? Además- agrego dándole un golpecito con el dedo a la nariz de la pequeña- ¿No crees que la extrañaría mucho?- Algo dentro de mí se encogió cuando mencionó eso de ser la mamá del Sr. Moon, él parecía querer gritarles la noticia a todos, pero se contenía.
-Así es- dije. Me di la vuelta para despedirme de los sirvientes. Madeleine estaba llorando, nos habíamos hecho buenas amigas desde mi llegada. Pietro me dio un gran abrazo y me dio un libro de postres que tenía que probar, las mujeres de la cocina, la limpieza y otros quehaceres me desearon un buen viaje. También Sisee y Jules estaban ahí para despedirse.
-Señorita cuídese mucho- ella me miro y luego miro mi vientre, yo asentí y ella me abrazo con fuerza, o hasta donde su enorme barriga nos lo permitió, ¡Uff! Al pensar que yo me pondría así d grande mis jeans llorarían.- te espera una gran aventura, pero todo valdrá la pena te lo aseguro.
-Gracias Sisee, esperaré con ansias noticias tuyas. Gracias por todo, de verdad.
-No hay de qué, también quisiera saber de ti.
-Por supuesto- luego la abrace y miré al enorme gigantón de su marido- A ti también Jules tengo que agradecerte, eres muy valiente, cuida a tu esposa e hijos muchísimo, porque es lo más valioso que posees.
-Eso no me lo tiene que recordar señorita, pero gracias.- este me dio un fuerte abrazo, me sentía pequeñita entre sus brazos inmensos.
-No puedo creer que te valla y no te despidas de mí muchacha- dijo la reina desde lo alto de la escalera, lucia imperiosa y dominante desde las alturas, incluso temblé. Bajo majestuosamente las escaleras con su hermosa bata de seda color champan y pantuflas blancas como la nieve, su cabello estaba recogido en una cola baja, dejaba su normal imagen de estirada elegancia para dar paso a una mujer normal, y aun así se veía aristocrática.
Cuando pasó frente a los sirvientes estos hicieron una reverencia al unisonó, yo me quede de pie donde estaba, ella misma me había pedido que no la reverenciara ni nada por el estilo.
-Vamos al despacho- dijo sin más. Tenía el seño fruncido y me miraba con una cara que no te dejaba ver lo que estaba pasando por su mente en aquel momento. Se dio la vuelta para dirigirse al despacho, al parecer dio por hecho que la seguiría, pero no tenía tiempo que perder.
-Pero el vuelo…- no terminé de hablar cuando ella levanto la mano aun de espaldas a mí.
-No sale hasta que yo lo ordene, vamos al despacho. Bastean- vi como él cuadraba sus hombros colocándose repentinamente derecho- ¿vendrás también o seguirás haciendo el trabajo de Guio estando parado para llevar las maletas?- Bastean no dijo nada, se acerco a mí y me tomo de la mano para seguir a la reina, ¿se había levantado del lado izquierdo de la cama?
Caminamos hasta llegar a un par de puertas gigantescas de madera, la cual dos guardias vestidos con los colores típicos de los McDragon abrieron ante su reina.
La habitación era más bien masculina, con los colores marrones de la madera predominando por todo el lugar, desde el enorme escritorio de madera hasta los estantes con cientos y cientos de libros, incluso el globo terráqueo que estaba sombre el escritorio tenía su base de color bronce. Las cortinas parecían pesadas, de color verde con diseños extraños en dorado, la tapicería de las sillas y muebles era del mismo tono verde musgo. La reina Evangeline se situó detrás del escritorio, nos hizo una seña para qué tomáramos asiento, y así hicimos.
-Quisiera saber- comenzó calmadamente- que ocurre aquí.
-Regreso a casa Evangeline, eso es todo- ok, nótese que estoy usando su nombre de pila, ¡yeiih, bien por mi!
-Eso ya lo note Mía querida, lo que no entiendo es la razón de esta ida tan apresurada- No estaba segura si decirle el cuento largo o evadir el tema, mmm… mejor la evado.
-Tengo mis razones-dije sin más. Ella suspiró y miro a Bastean.
-Tú me dirás que pasa, y sabré si estas mintiendo- ¡ESO ERA JUGAR SUCIO! La reina siempre sabia cuando alguien mentía, conmigo no quiso insistir porque era dura como una roca, bueno no tanto pero… Ella era una de las más despiadadas abogadas de Europa, o eso me había dicho, y no había perdido ni un solo caso, ni siquiera de novata, eso también lo escuche, pero estaba poniendo a Bastean entre la espada y la pared. Él se quedo como una piedra, su rostro era como de granito, estaba pálido.- Muy bien- dijo parándose de su silla y colocándose detrás de nosotros, una gota de sudor se deslizo por mi nuca haciendo que me diera una escalofrió, ¡mierda! Estábamos atrapados.
Dentro de mí me sentía algo culpable al ocultarle este secreto a la madre de Bastean, que tan amable había sido conmigo, no solo al recibirme con los brazos abiertos, sino por tratarme como una igual en vez de una interesada caza fortunas como otra reina me habría considerado. Se me hacia totalmente injusto ocultarle que iba a ser abuela, cuando ya una de sus hijas lo sabía, mi padre también lo sabría en cuestión de horas, y medio Wraes Ville lo sabría. Miré a Bastean buscando apoyo, tome su mano y le sonreí.
-Es… complicado- dije.
-Perfecto- ella regreso hasta su posición inicial detrás del escritorio.- Hablen.- volví a mirar a Bastean, mi corazón latía como loco, era ahora o nunca.
-Evangeline… estoy… esperando un bebé- ella asintió, pero no pareció sorprendida.
-Sabía que eras tú- dije más para ella que para nosotros.
-¿A qué te refieres mamá?- preguntó Bastean. Ella suspiró.
-¿Creen que no sé lo que pasa en mi propio castillo?- Yo aun seguía confundida, al igual que Bastean, luego ella se aclaró- Supe que Sisee fue al pueblo, ella misma me pidió permiso para hacerlo, pensé que compraría vitaminas o algo así, pero extrañamente compro un test de embarazo, cosa que me pareció totalmente ilógica porque ella está muy embarazada.
-Sigo sin entender- dijo Bastean pasándose las manos por el rostro, el pobre estaba cansado.
-Que fue adquirió la prueba luego de hablar con Mía en el jardín.- mis ojos casi se me salen de sus cuencas por la sorpresa.
-¿Cómo sabe que hable con ella? Es más… ¿Cómo sabe lo que compro?
-Después del atentado contra la vida de mi hijo cuido cada paso que den las personas que están dentro y fuera de mi hogar, eso incluye a la esposa de uno de mis mejores guardias y por supuesto la novia de mi hijo, además soy madre, obviamente note cambios en ti que ni siquiera tú notaste.- Tenia unos cuantos puntos a su favor, pero eso de andar investigando a todo el mundo era de locos.- Pensé que confiabas lo suficiente en tu madre como para decirme esto Bastean.
-No estaba en mí contártelo madre, era ella la que debía de hacerlo si eso quería, además me enteré hace solo dos días ¿Qué esperabas que hiciera?- dijo él un poco exasperado, yo toque su rodilla para que se calmara, sus ojos están húmedos, por eso se estaba frotando la cara, pensé, porque no quería llorar frente a su madre.
-¿Hace cuanto lo sabes tú Mía?- preguntó ella ignorando la pregunta de su hijo.
-Unas dos o dos semanas y media - ella agrando mucho los ojos y soltó una maldición.
-¿Creías que no nos enteraríamos?
-No, pensé que estaba equivocada.- dije bajando la cabeza, bien, allí estaba el regaño por parte de la reina, al menos no estaba gritando, aun.
-Con estas cosas no hay equivocaciones Mía, ambos son totalmente responsables de sus actos, ya no son unos niños que no saben lo que están haciendo y sus posibles consecuencias. Estamos en un momento sumamente crítico y me salen con que van a tener un bebé. No sé qué decir al respecto.- ella se paso una mano por el cabello frustrada.
-No hay nada que decir- dije.- Me voy a casa, eso es todo.- La reina me miro con los ojos como platos.- Es mejor así Evangeline.
-No, no, no y no, es mejor que te quedes con nosotros donde podamos vigilarte y protegerte no…
-Evangeline- la detuve, ahora era mi suegra y no la reina- regresaré con mi padre a Wraes Ville, la persona que está intentando hacer daño no sabe de mi condición, solo usted, Lilly, Sisee, Bastean y yo lo sabemos.
-¿Lilly lo sabe?- pregunto la reina sorprendida.
-Sí, ella me descubrió, incluso supo que estaba embarazada antes de que yo lo supiera. En cualquier caso, piénselo de esta manera, saliendo yo del terreno no podrá hacerme daño, o a mi bebé, tengo miedo, y no estaré aquí a la espera de que algo malo suceda. En todo caso sería un blanco fácil.
-Mía tiene razón madre, no expondremos a nuestro hijo a este problema, él es el más inocente de todo, no tiene la culpa de los errores que hayamos cometido y mucho menos de llegar en un momento tan impropio.- Bastean tenía toda la razón. Si hubiese quedado embarazada en otro momento, quizás cuando hubiésemos concluido con el asunto del dichoso documento en estos momentos estaríamos felices y sin preocupaciones, en cambio estábamos alterados y nerviosos.
- Me alegro que estén bien parados sobre la tierra muchachos porque lo que les viene es complicado y requiere paciencia y sobre todo cooperación por parte de cada uno de ustedes- suspiro y se levanto- Veo que saben lo que están haciendo así que no me queda más que desearte un buen viaje y… pedirte que te cuides muchos de ahora en adelante. –ella me abrazo. Por alguna razón sentí cierta nostalgia, tal vez así se sentía abrazar a una madre, alguien que te infunda valor cuando crees que has llegado a tu limite. Me sentía más tranquila al saber que tendríamos el apoyo de la reina Evangeline y que respetaba nuestras decisiones, al fin y al cabo era nuestro deber resolverlo solos, porque ahora seriamos los adultos ¿no?
-La echaré mucho de menos- le susurre.
-También yo cariño, pero estoy a solo una llamada de distancia- ella sonrió y miro a su hijo- Me hubiese gustado que tardaras más en crecer, pero veo que es imposible, mi niño ahora es un hombre, incluso me hará abuela, ¿Yo, abuela? Quien lo diría.
-Serás una abuela muy sexy – dijo Bastean abrazando también a su madre.
-Eres incorregible Bastean- ella se rio y nos instó para regresar al recibidor.
Ya todo el personal se había retirado a sus quehaceres matutinos. Las chicas aun estaban allí con sus piyamas y lagrimas en los ojos. En Vera definitivamente había encontrado una familia, “El hogar está donde dejes tu amor plantado en el corazón de otros” Esa frase vino a mi cabeza al verlos a todos desde lo alto.
Siempre pensé que mi familia estaba rota, que estaba sola, sola contra el mundo. Y ahora me daba cuenta que estaba totalmente equivocada. Que una familia no necesariamente debía compartir tu sangre, a veces tu propia sangre podía volverse en tu contra, tal ejemplo de William McDragon.
La familia es aquella que sin importar como ni cuando, te amara por quien eres, y por lo que das. Hasta ahora no había notado la grandiosa familia que me había tocado. Incluso mejor, tenia familia en E.U y ahora en Vera. Ahora era turno de volver con mi otra familia. Con que estaba dispuesta a arreglar sus partes, y volver a formar un todo.
Bastean me dejó en el aeropuerto, mejor dicho, no se fue hasta que mi vuelo partió. Cuando echaría de menos a mi príncipe. Quien en tan poco tiempo me había robado el corazón, y me había enseñado como amar otra vez.
Él había reparado lo que estaba roto dentro de mí, mi alma, mi sentimientos, mi vida entera, todo, para dejar en su lugar todo el amor que se puede dar a una persona, y eso estaba más que demostrado. Puse mis manos en mi vientre mientras miraba por la ventanilla del avión. Mi bebé era la prueba más grande de todo ese amor.
domingo, 9 de octubre de 2011
Capitulo 29
El documento decía que Bastean no podía romper el acuerdo, pero Marie Elizabeth sí podía. La única manera de acabar con el trato seria que él estuviese casado con la muchacha por lo menos dos meses, y si el matrimonio no funcionaba cualquiera de los dos podía solicitar el divorcio alegando diferencias irreconciliables o siendo de mutuo acuerdo.
“De no contraerse las nupcias en un tiempo estipulado de 30 días luego del cumpleaños número 19 del príncipe la señorita Marie Elizabeth Whitehouse debía recibir una compensación por la disolución del compromiso que en este documento se plantea, dicha compensación debe realizarse con por lo menos 5 hectáreas, junto con una justa cantidad de dinero a las cuentas de la familia Whitehouse y a su abogado el Sr. William McDragon”
Ese viejo zorro tenía a todos con las manos en la cabeza. Si Bastean se casaba con Marie Zorrabeth estaría dos meses enteros juntos, y si no lo hacía perdería una gran cantidad de dinero y tierras. Yo había salido de la biblioteca luego de nuestra reunión con la reina Evangeline con un dolor de cabeza de proporciones colosales.
Una vez en la cama no me quedo otra cosa que mirar las molduras de las paredes, mirar el blanco techo y colocarme la mano en el estomago donde se libraba al parecer la tercera guerra mundial. ¿Cómo se habían complicado tanto las cosas? Claro, desde que yo aparecí y ese William McDragon decidió por alguna razón arruinarme también mi vida, junto con la de los otros McDragon, su propia familia, solo por envidia.
Había pasado una semana desde que la reina nos había leído los términos y había asegurado que impugnaría ese maldito documento, pero necesitaba al rey y él estaba en Roma haciendo algunos contratos. Su viaje se extendió una semana más de lo acordado, en mal momento estaba haciendo muy buenos arreglos de exportación.
Eran las tres de la tarde y todo lo que quería era dormir, pero me obligue a levantarme, rebusque en el cajón y saque el estuche de mi cámara. Al abrirlo encontré una caja en color amarillo que tenía algo escrito en francés, afortunadamente era buena en idiomas, así que entendía, en parte, lo que esta decía. ¿No era tan difícil o sí? entendía lo que tenía que hacer, solo que no tenía el valor para hacerlo.
¿Y si le contaba a Bastean? No, no era buena idea. En estos momentos estaba muy alterado y aun estaba bajo tratamiento médico, no quería alterarlo o proporcionarle más problemas de los que ya tenía. En cualquier caso seguí las instrucciones al pie de la letra, o como pensé que debía hacer. Debía esperar por lo menos tres minutos para obtener un resultado. No podía seguir en el baño, las paredes parecían cerrarse a mí alrededor, abrí la puerta del baño y salí.
De frente me encontré una enfurruñada Lilly sentada con los brazos cruzados sobre mi cama, la bilis literalmente se me subió a la garganta.
-¿Vas a decirme lo que hacías ahí dentro o tengo que entrar y averiguarlo?- ¿Qué iba a decirle?
-¿Nada, que crees que se hace en un baño?- ella frunció los parpados.
-Muchas cosas…Dime, que, hacías- se levantó y camino hacia mí con ese paso majestuoso suyo.
-Ya te lo dije estaba…- y sin previo aviso se precipito hacia la puerta, yo intente detenerla pero fue más rápida, abrió de golpe la puerta y revisó. Yo me quede helada, parecía buscar a alguien, mis ojos fueron directo a la cajetilla de la prueba que estaba sobre el lava manos.
-¿Qué pasa Lill? Estas actuando extraño- dije mientras me acercaba al lavamanos pero de manera natural para no alertarla.
-Tú estás actuando extraño, todos estos días las has pasado rara- sus ojos llameaban, estaba molesta por algo en particular, inconscientemente intente tomar la cajetilla pero esta cayó al suelo, ¡maldición! Yo trague saliva, estaba atrapada. Lilly miro la prueba y luego a mí, se agacho y la tomó en sus manos.
-¿Qué es esto? – levanto en alto la cajetilla. Yo guardé silencio y miré al suelo. Ella busco la hoja de instrucciones que había dejado sobre el lavamanos y lo leyó. Sus ojos se abrieron desmesuradamente- ¿Estas Embarazada?- con manos temblorosas miro el papel y luego la cajetilla sus ojos se pusieron como platos. Yo enojada le quite la prueba de las manos y la miré, luego le quité también el papel y ley: (-) Négative … (+) Positif.
En ella había una cruz roja. Una lagrima rodo por mis mejillas. Era positivo.
-¿Desde cuándo lo sabes? – dijo Lilly rompiendo el silencio en el que se había sumergido la habitación.
-Acabo de enterarme- dije con la voz quebrada. ¡Cielo santo era cierto! Por alguna razón me sentía desconcertada, en parte me lo esperaba, lo que pensé era mi periodo solo fue un día, NO ERA NORMAL!!!, y estaba muy cansada, solo quería dormir. Pero estar segura de ello era totalmente diferente, era una realidad, mi realidad, una que crecía dentro de mí, que dependería de mí. Una de la cual estaba asustada. Lilly me miraba y sus ojos estaban húmedos.- No le digas a Bastean.
-¿Queeeeeee? ¿Estás demente? Él tiene que saberlo…
-Deja que yo se lo diga ¿sí? – ella asintió y yo… ¿estaba llorando? Con rabia seque mis mejillas.
-¿Cuándo se lo dirás?
-Pronto, pero tú no le dirás ni una palabra, ¿entiendes?- dije con firmeza.
-Ok, pero… debes él tiene que saberlo- yo asentí. ¿Ahora que había comprobado que esperaba un bebé de Bastean que haría? ¿Debía decirle? Obviamente él debía saberlo, pero… ¿Qué dirían los reyes? ¿Se enojarían? ¿Lo desheredarían? Vera era lo que Bastean más amaba, sus tierras, su gente, no quería ser la responsable de que le arrebataran por lo que él ahora estaba luchando fervientemente. No, no tenía el valor para hacerlo. Pero, por otro lado… Bastean también me amaba. Respiré hondo y camine hacia la puerta de mi habitación, Lilly iba pisándome los talones.- ¿A dónde vas?- me detuvo ella. No me había fijado que estaba caminado como una autómata.
-A caminar- mi voz seguía quebrada- necesito pensar.
-¿Quieres que te acompañe?
-No. Quiero estar sola- dije.
-¿Y si mi hermano pregunta por ti?
-Él está en la corte con tu madre, no regresara pronto, pero si vuelve antes que yo dile que fui a dar un paseo.
-Deberías llevar un guardia o a alguien que te acompañe, yo debería…
-No- la interrumpí- voy a estar bien- tome su cara entre mis manos y le besé la frente. Sabía que esa muchacha ya me veía como una hermana mayor, y odiaba ser una mala influencia para ella. Era lista y sabría que no era buena idea tener un bebé antes de casarse. Lilly asintió y me dejó partir.
Caminé hasta el bosque, ¿Cuánto camine? No tengo idea. Pero los pies me dolían y me detuve. Tenía una chaqueta tejida roja me la ajusté, aunque era plena tarde el viendo era parcialmente frio, no quería coger un resfriado, ahora menos.
Y con ese pensamiento llevé mis manos a mi vientre aun plano y comencé a llorar.
Lloré por ser una tonta y dejar que esto pasara, lloré por no tener a mi madre junto a mí y que me dijera que todo estaría bien, lloré por no tener a mi hermano que se enfureciera y amenazara a Bastean de matarlo si no me respondía, la verdad no lo quería en realidad, pero quería tener a alguien quien defendiera mi integridad, no se cual integridad. Lloré por no tener un hogar al que regresar, lloré por todos mis planes que se irían por el inodoro, lloré por haberme convertido en un problema para Bastean. Y sobre todo lloré por el futuro incierto que le esperaba a mi bebé. No quería que sufriera, no quería que nadie le hiciera daño, que nunca nadie lo decepcionara ni le diera falsas esperanzas, no quería que se sintiera solo nunca. No quería que viviera como había vivido yo los últimos diez años de mi vida.
Ahora, en ese momento, pensé en las opciones que tenia, en definitiva el aborto no era una opción, no mataría el producto del amor entre Bastean y yo, eso ni siquiera estaba en consideración. La adopción tampoco, si era cierto que tenía que pensar en un buen futuro para él, pero yo me encargaría de hacerlo feliz, de darle todo lo que se merecía y más, porque era parte de mí, nunca lo dejaría en manos de extraños, como hizo mi padre. Iba a tenerlo conmigo para siempre. En cuanto a Bastean estaba segura de que sería un padre excelente, lo había visto jugar con sus hermanas y calmar sus miedos, pero que él los alejaba con una sonrisa o un abrazo de consuelo. En estos momentos estábamos en un gran aprieto. Sé que debería ir corriendo a decirle que seriamos padres, pero… eso representaría casarme, y no lo haría, no por ahora, aunque sabía que en este caso sería lo mejor, pero yo seguía firme en mi decisión. Además él tenía todo el derecho, al igual que mi hijo, ambos se pertenecían y no quería arrebatarles eso, a ninguno de los dos. Pero los miedos gobernaban mi mente y mi corazón, ¿Y si Bastean no lo quería? ¿Y si me rechazaba? Eso sería aun más doloroso, pero tendría que enterarse tarde o temprano.
Con la mano aun sobre mi vientre me acurruque sobre las hojas secas a mis pies hasta que el sol se hubo ocultado en el horizonte y solo quedaba una luz azulada. Resignada caminé de regreso al castillo, parecía una condenada a muerte encaminándose a la guillotina. ¿Cómo lo tomaría la familia de Bastean? ¿Cómo lo tomaría mi propia familia? ¿Cómo lo tomaría Bastean?
Cuando por fin visualice la entrada trasera del castillo una fina lluvia empezó a caer. Las frías gotas caían sobre mí pero no hice el menor esfuerzo por cubrirme de la lluvia. Al llegar a la puerta, la abrí y me topé con Bastean ¿Acaso todos los integrantes de esa familia tenían esa mala costumbre? Me saque por la cabeza la chaqueta y pasando por su lado fui directo a la nevera, por alguna razón la cocina se encontraba vacía, que en retrospectiva siempre, y digo siempre había alguien encargándose de cualquier cosa, ni siquiera Piero se encontraba en los alrededores y el hombre parecía realmente vivir en las cocinas. Tomé un vaso de leche achocolatada, sí, tenia esas increíbles ganas de comer chocolates. Bastean seguía todos mis movimientos con su mirada, podía sentirlo en mi piel, sus ojos podían hacerte sentir hasta cohibido, pero eso no sucedía conmigo, era simplemente el hecho de sentirme observada lo que me estaba alterando.
-¿Tienes algo que decirme?- le pregunté, él estaba sentado en el desayunador de manera despreocupada con los brazos cruzados sobre la encimera, ese lado de él era más peligroso que su lado amable, sabía algo.
-No, y ¿tú?- ¡Maldición! Lo sabía, claro que lo sabía. ¡Santo cielo! Él debería ser uno de esos detectives privados que salen en la televisión, esos que con solo mirarte sabían que eras culpable, ¡Estúpido su poder intuitivo!
-Tampoco.
-Mmm…Sabes que puedes…
-¿Contarte lo que sea? Lo sé- respondí, ok era ahora o nunca.
-Exacto- él se levantó, rodeo la encimera y camino hacia mí. Mis mejillas ardían y mis palmas sudaban, la garganta se me cerró, incluso pensé que me estaba quedando sin aire. Intente calmarme y cuando sentí las manos de Bastean sobre mis brazos ahora desnudos por la franelilla de tiritos que tenia, me sentí mejor. Le miré a la cara, aquellos días la había pasado realmente mal, no solo yo, sino él también. Casi no la estábamos pasando juntos por toda esa locura del documento. ¡Ojala se incendiara, desapareciera, un maldito cocodrilo se lo comiera! No me había fijado que estaba llorando hasta que Bastean me seco una de las lagrimas con el pulgar. – ¿Vas a decirme que te ocurre cariño?- yo asentí, tomé aire y se lo solté como un globo que explota en tu cara.
-Estoy embarazada.
Al parecer la información no llego a mi cerebro como tenía que ser ¿Había escuchado bien? ¿Mía estaba embarazada? ¿Cómo era posible eso? Me di un golpe mentalmente ¡Eso suele pasar amigo!
-Tu habías dicho que…
-Lo sé- dije ella. Hacia una semana Mía me había hecho el comentario, al principio me asusté, y luego ella me dijo que ahora estaba bien, y al parecer no era así. De todas formas ¿Cómo había dejado que esto pasara?
Admito que no me había preocupado por eso, solo pensaba en tenerla para mí solo. Tal vez por eso había ocurrido aquello. Ahora que procesaba la información… no me parecía tan malo. La amaba más que a mi vida, y un hijo seria… increíble. Pensé en ello muchísimas veces, pero no imagine que sucedería tan pronto, y menos aun tomando en cuenta toda esa mierda del complot de mi tío William para quedarse con el trono, la verdad parecía todo como una novela. Mía tenía las mejillas rojas, y estaba sollozando quedadamente, ¿Por qué lo hacía? ¿No querría ella el bebé? ¿No me querría a mí como decía? No, no era posible. La halé por el brazo y la atraje hacía mi pecho, sus sollozos se hicieron más audibles a medida que pasaban los minutos, ¡Rayos! No podía con las lágrimas.
-Hey, Hey no llores princesa…
-Bastean- gritó ella- no soy una princesa, no soy nadie, entiéndelo- ella se alejó de mí de un golpe.
-Entiendo, entiendo que eres la mujer que amo Mía, entiendo que quiero estar contigo para siempre, y no me importa lo que tenga que arriesgar para hacerlo, y ahora con razones más poderosas- miré como ella colocaba sus brazos abrazando su cintura, tapando su vientre plano, donde descansaba mi bebé, nuestro bebé.
-¿Incluso Vera?- Nunca lo había pensado así. Ni siquiera había considerado la opción de renunciar al trono hasta que ella lo saco a colisión, tampoco cuando todo el tema del documento matrimonio explotó, incluso entonces no lo consideré. Luego respondí con firmeza.
-Dejaría quinientos Veras por quedarme a tu lado- ella se rio amargamente y se dio la vuelta.
-¡No me mientas! Tú mismo me dijiste que has soñado con estas tierras desde que tienes huso de razón, ¿Qué cambia ahora? ¿Por qué una chica Neoyorkina te hace renunciar a tus metas así de fácil? – su voz era dura, por alguna razón estaba dolida, ¿Cómo quería ella que yo reaccionara? ¿Quería que le dijera que se fuera, que no quería a mi hijo? Tal vez era así, la conocía, estaba acostumbrada a estar sola, y a valerse por sí misma, nunca dejó que nadie se ocupara de ella, la entendía, pero no la justificaba. Odiaba que se pusiera en su papel de víctima todo el tiempo, acaso no confiaba en mí. Yo no le había dado motivos para eso, pero otros muchos sí.
-Resulta que esa muchacha Neoyorkina cambio todo mi mundo- ella se estaba limpiando sus mejillas húmedas, mi pobre Mía. – Si fuera por mí mandara todo a la… al traste sabes, pero no lo hago solo por mí, allá arriba hay tres niñas que dependen de mí, no entiendo porque mi padre debe darme la corona tan rápido si él es tan buen rey. No sería yo el rey claro está, sería el príncipe coronado y no el hijo del rey, solo cuando mi padre muera yo tomaría su lugar, y eso no pasara todavía.
-Entonces vámonos- dijo ella. Eso me tomo por sorpresa.
-¿Qué?
-Vámonos de aquí. Siento que estamos en una gran peligro Bastean, y no quiero arriesgarme ni a mí ni a mi bebé, y menos a ti, dijiste que lo mandarías todo al traste, pues hagámoslo ahora- ella estaba llorando, sus mejillas estaban totalmente rojas al igual que sus ojos. Mientras ella me decía aquello se había acercado de nuevo a mí y puesto sus manos sobre las mías que d la noticia de que iba a ser padre las había puesto sobre la encimera. Estaba sopesando la idea por lo que el lugar se había sumido en un silencio tenso. ¿Irme de Vera? ¿Huir cuando más me necesitaban? Eso era de cobardes, pero estaba Mía de por medio, y ahora el bebé.
-Mía... No puedo irme- dije. Ella parecía confundida y desesperada.
-Claro que puedes, así no tendrías que casarte con esa loca para conservar tus tierras, así no habría con que negociar el ese maldito contrato, no tienes otros hermanos varones, estarías libre, por Dios Bastean vámonos de aquí- estaba desesperada y lloraba a cantaros, un dolor agudo se me pegó en la boca del estomago, yo solo podía tomarla en brazos y reconfortarla, pero no podía irme, no era de hombres huir, pero tampoco ignorar una responsabilidad tan grande como un hijo. La verdad me encontraba entre la espada y la pared, entre lo más preciado que tenía en la vida, Mi tierra junto con mi familia, y Mía con nuestro bebé. ¿Cómo decidir entre lo único que tenia? Esto era realmente una pesadilla, pero debía luchar y buscar una salida más fácil, huir realmente no me lo había planteado y no era una buena idea. Sin embargo Mía tenía razón, si William descubría que ella estaba en estado haría hasta lo imposible para conseguir su objetivo, y si se enteraba podía lastimar a Mía y a mi hijo nonato. Eso no lo permitiría, y aun así…
-Entiéndeme cariño- dije mirando sus hermosos ojos húmedos de tanto llorar- no puedo irme y dejar mis asuntos sin terminar, los príncipes no huyen ante la adversidad, y no quiero huir tampoco de mi responsabilidad contigo y con… nuestro hijo- toque su vientre y sentí una extraña electricidad, como una conexión que se había activado, era extraño pero me sentía bien con ese pensamiento. Mía tomó mis manos y las alejó, su rechazo me hizo temblar.
-Está bien- susurro entrecortadamente- puedes quedarte. Pero esta misma noche yo me iré.- El corazón se detuvo en mi pecho.
-¿Qué? No, no puedes irte, debemos estar juntos, ahora más que nunca- dije con la única voz que salió por mi garganta.
-Sé que es un momento difícil, pero no me pidas que exponga a nuestro hijo a la locura de tu tío, eso no lo hare. – ella puso sus manos en mis mejillas, yo estaba llorando en ese momento. Yo, conocido por ser incluso despiadado llorando por la mujer que amaba.- Estaremos bien, incluso más seguros que en ningún lugar, te llamare todo el tiempo si eso quieres. Me duele realmente irme sin ti, pero una parte de mí siempre supo que este día llegaría, el día en el que me despertaría de este sueño- se sorbió la nariz y se quitó una lágrima de la mejilla. – Llevo conmigo lo más valioso que pudiste haberme dado jamás, y te prometo que lo cuidaré con mi vida.
-Regresare por ustedes- dije poniendo mi frente contra la suya y llorando como nunca había hecho en mi vida, tenía el alma destrozada, y aunque quería comprenderla, y lo hacía, por dentro quería rogarle que se quedara junto a mí, y que me dejara cuidarlos, pero sabía que estando en la cueva del lobo sería una locura.
-Y nosotros te estaremos esperando- susurró.
-¿A dónde irás?- pregunté.
-No lo sé, tal vez con mis abuelo, con mi padre, a la residencia con Lulú… no lo sé, y es mejor que lo dejemos así por ahora, no quiero que nadie se entere de esto, no quiero que nadie me busque, ni siquiera tú. Yo estaré en contacto siempre que pueda, tal vez te mande fotos y te avise cuando llegue el momento.
-Eso será duro Mía, no puedes dejarme así me moriría d preocupación…
-Y yo por ti, por las chicas, por tus padres, pero es mejor así, solo te pido un favor.
-Dímelo.
-Si me entero que te acostaste con Marie Zorrabeth te castraré – lo dijo enfurruñada, y por alguna razón se contrajeron mis maquinas reproductoras, ¡Diablos! Esta mujer haría más que eso si aquello llegara a ocurrir, y por mi parte definitivamente no lo haría.
-Claro, dalo por hecho, solo a ti te quiero para eso- ella se echo a reír. Amaba cuando sonreía, en realidad todo de ella.
-Voy a preparar todo para irme, ¿Quieres ayudarme? – lo único que quería era subir, hacerle el amor, y mantenerla pegada a mi pecho para siempre. Pero si me dejaba llevar por mis deseos seria más doloroso dejarla partir.
-Ok, le diré a Bernard que prepare todo.
-Le diremos a los demás por la mañana, odio hacerlo de esa manera, pero no me gustan las despedidas, ya tuve muchas-dijo hastiada.
-Y esta es una que nos afecta a todos créeme.
Ella asintió pero no dijo nada más. Subimos a su habitación y al encontrar a Madeleine en el cuarto le informamos de la partida de Mía, más no la razón, estaba dispuesto a mantener su embarazo en secreto hasta que ella lo decidiera, si en mis manos estuviese hubiera gritado a los cuatro vientos la alegría que sentía, claro alegría al asimilarlo por completo, el susto seguía latente, pero ante la perspectiva de haber ayudado a darle vida a un ser era algo incomparable. Sin embargo era mejor callar, por ahora.
Las maletas estuvieron hechas dos horas después. Mía no estaba de ánimos para bajar a cenar y la verdad yo tampoco. Pedimos que nos subieran algo de comer a su habitación, ella tenía un gran apetito, y era genial, porque en las últimas semanas apenas había probado bocado, luego me había confirmado que tenía nauseas horrible y por eso le costaba comer, pero ahora tenía hambre. Yo no podía probar bocado, mis estomago se negaba a probar alimento. Cuando hubimos terminado Mía bostezó y se fue a bañar.
Me quede sentado en la antesala de su cuarto mirando a la nada, era sumamente doloroso pensar que al día siguiente ella se iría a 28 horas de distancia, incluso más si se iba con su madre, y muchísimas más con sus abuelos. “Pero estarán más seguros, lejos”, era lo que me estaba repitiendo a mi mismo para no romper a llorar nuevamente. El pecho me ardía y mis ojos escocían. No quería dejarla ir, estaba dando vueltas a mi anillo cuando se me ocurrió algo. Busque entre sus maletas más pequeñas la cadena que tenia la letra M, ella la usaba todo el tiempo, y me pareció extraño que no la llevase en ese momento. Le quite el broche y deslice mi anillo en la cadena.
Una hora después Mía estaba sentada en la cama con mi cabeza en su regazo. Ella me acariciaba el cabello y yo con una mano en su vientre y la otra en su mano libre, quería que ese momento no acabara nunca.
-Tengo algo para ti- dije. Saque de mi bolsillo su cadena y la sostuve en lo alto.
-Eso es ya es mío- rió ella- pero ese anillo no, es tuyo.
-Lo sé, quiero que lo tengas- desabroche el seguro y le puse la cadena, deteniendo mis manos más de la cuenta- es como símbolo de promesa. Prometo regresar por ustedes, antes de que él o ella llegue, nada ni nadie me robara ese momento. Prometo amarte para toda la eternidad, aun si tengo que luchar contra el mismísimo infierno. Juntos seremos una gran familia, esa que siempre deseaste.
-Gracias por eso. También prometo amarte, para siempre, y proteger a nuestro hijo pase lo que pase.
-Deberías descansar ya, nos espera un día realmente duro mañana.- hice el intento de levantarme de la cama pero ella me detuvo.
-¿Podrías quedarte conmigo? Después de todo… será la última noche que pasaremos juntos aquí en Vera- ella sonrió con tristeza. Tenía razón, quizás era nuestra última noche juntos en Vera. Pero habría otras, muchas noches en un futuro.
-Si tú quieres pero… no creo que pueda dormir- dije divertido.
-Dije que te quedaras conmigo, no dije que dormiríamos.
Así pasamos el resto de la noche. Me hubiese gustado que esa noche durara para siempre, pero nuestra realidad era distinta.
Ver a Mía dormida sobre mi brazo era un momento de paz para mi alma, un descanso de toda la tormenta que se estaba formando a nuestro alrededor. Ahora más que nunca debía hacer hasta lo imposible para liberarme del contrato, si era necesario le suplicaría a Marie Elizabeth que me liberara, no sería fácil pero lo haría.
Me dormí con el estomago revuelto, mejor me preparaba mentalmente para que sería el peor día de mi vida.
“De no contraerse las nupcias en un tiempo estipulado de 30 días luego del cumpleaños número 19 del príncipe la señorita Marie Elizabeth Whitehouse debía recibir una compensación por la disolución del compromiso que en este documento se plantea, dicha compensación debe realizarse con por lo menos 5 hectáreas, junto con una justa cantidad de dinero a las cuentas de la familia Whitehouse y a su abogado el Sr. William McDragon”
Ese viejo zorro tenía a todos con las manos en la cabeza. Si Bastean se casaba con Marie Zorrabeth estaría dos meses enteros juntos, y si no lo hacía perdería una gran cantidad de dinero y tierras. Yo había salido de la biblioteca luego de nuestra reunión con la reina Evangeline con un dolor de cabeza de proporciones colosales.
Una vez en la cama no me quedo otra cosa que mirar las molduras de las paredes, mirar el blanco techo y colocarme la mano en el estomago donde se libraba al parecer la tercera guerra mundial. ¿Cómo se habían complicado tanto las cosas? Claro, desde que yo aparecí y ese William McDragon decidió por alguna razón arruinarme también mi vida, junto con la de los otros McDragon, su propia familia, solo por envidia.
Había pasado una semana desde que la reina nos había leído los términos y había asegurado que impugnaría ese maldito documento, pero necesitaba al rey y él estaba en Roma haciendo algunos contratos. Su viaje se extendió una semana más de lo acordado, en mal momento estaba haciendo muy buenos arreglos de exportación.
Eran las tres de la tarde y todo lo que quería era dormir, pero me obligue a levantarme, rebusque en el cajón y saque el estuche de mi cámara. Al abrirlo encontré una caja en color amarillo que tenía algo escrito en francés, afortunadamente era buena en idiomas, así que entendía, en parte, lo que esta decía. ¿No era tan difícil o sí? entendía lo que tenía que hacer, solo que no tenía el valor para hacerlo.
¿Y si le contaba a Bastean? No, no era buena idea. En estos momentos estaba muy alterado y aun estaba bajo tratamiento médico, no quería alterarlo o proporcionarle más problemas de los que ya tenía. En cualquier caso seguí las instrucciones al pie de la letra, o como pensé que debía hacer. Debía esperar por lo menos tres minutos para obtener un resultado. No podía seguir en el baño, las paredes parecían cerrarse a mí alrededor, abrí la puerta del baño y salí.
De frente me encontré una enfurruñada Lilly sentada con los brazos cruzados sobre mi cama, la bilis literalmente se me subió a la garganta.
-¿Vas a decirme lo que hacías ahí dentro o tengo que entrar y averiguarlo?- ¿Qué iba a decirle?
-¿Nada, que crees que se hace en un baño?- ella frunció los parpados.
-Muchas cosas…Dime, que, hacías- se levantó y camino hacia mí con ese paso majestuoso suyo.
-Ya te lo dije estaba…- y sin previo aviso se precipito hacia la puerta, yo intente detenerla pero fue más rápida, abrió de golpe la puerta y revisó. Yo me quede helada, parecía buscar a alguien, mis ojos fueron directo a la cajetilla de la prueba que estaba sobre el lava manos.
-¿Qué pasa Lill? Estas actuando extraño- dije mientras me acercaba al lavamanos pero de manera natural para no alertarla.
-Tú estás actuando extraño, todos estos días las has pasado rara- sus ojos llameaban, estaba molesta por algo en particular, inconscientemente intente tomar la cajetilla pero esta cayó al suelo, ¡maldición! Yo trague saliva, estaba atrapada. Lilly miro la prueba y luego a mí, se agacho y la tomó en sus manos.
-¿Qué es esto? – levanto en alto la cajetilla. Yo guardé silencio y miré al suelo. Ella busco la hoja de instrucciones que había dejado sobre el lavamanos y lo leyó. Sus ojos se abrieron desmesuradamente- ¿Estas Embarazada?- con manos temblorosas miro el papel y luego la cajetilla sus ojos se pusieron como platos. Yo enojada le quite la prueba de las manos y la miré, luego le quité también el papel y ley: (-) Négative … (+) Positif.
En ella había una cruz roja. Una lagrima rodo por mis mejillas. Era positivo.
-¿Desde cuándo lo sabes? – dijo Lilly rompiendo el silencio en el que se había sumergido la habitación.
-Acabo de enterarme- dije con la voz quebrada. ¡Cielo santo era cierto! Por alguna razón me sentía desconcertada, en parte me lo esperaba, lo que pensé era mi periodo solo fue un día, NO ERA NORMAL!!!, y estaba muy cansada, solo quería dormir. Pero estar segura de ello era totalmente diferente, era una realidad, mi realidad, una que crecía dentro de mí, que dependería de mí. Una de la cual estaba asustada. Lilly me miraba y sus ojos estaban húmedos.- No le digas a Bastean.
-¿Queeeeeee? ¿Estás demente? Él tiene que saberlo…
-Deja que yo se lo diga ¿sí? – ella asintió y yo… ¿estaba llorando? Con rabia seque mis mejillas.
-¿Cuándo se lo dirás?
-Pronto, pero tú no le dirás ni una palabra, ¿entiendes?- dije con firmeza.
-Ok, pero… debes él tiene que saberlo- yo asentí. ¿Ahora que había comprobado que esperaba un bebé de Bastean que haría? ¿Debía decirle? Obviamente él debía saberlo, pero… ¿Qué dirían los reyes? ¿Se enojarían? ¿Lo desheredarían? Vera era lo que Bastean más amaba, sus tierras, su gente, no quería ser la responsable de que le arrebataran por lo que él ahora estaba luchando fervientemente. No, no tenía el valor para hacerlo. Pero, por otro lado… Bastean también me amaba. Respiré hondo y camine hacia la puerta de mi habitación, Lilly iba pisándome los talones.- ¿A dónde vas?- me detuvo ella. No me había fijado que estaba caminado como una autómata.
-A caminar- mi voz seguía quebrada- necesito pensar.
-¿Quieres que te acompañe?
-No. Quiero estar sola- dije.
-¿Y si mi hermano pregunta por ti?
-Él está en la corte con tu madre, no regresara pronto, pero si vuelve antes que yo dile que fui a dar un paseo.
-Deberías llevar un guardia o a alguien que te acompañe, yo debería…
-No- la interrumpí- voy a estar bien- tome su cara entre mis manos y le besé la frente. Sabía que esa muchacha ya me veía como una hermana mayor, y odiaba ser una mala influencia para ella. Era lista y sabría que no era buena idea tener un bebé antes de casarse. Lilly asintió y me dejó partir.
Caminé hasta el bosque, ¿Cuánto camine? No tengo idea. Pero los pies me dolían y me detuve. Tenía una chaqueta tejida roja me la ajusté, aunque era plena tarde el viendo era parcialmente frio, no quería coger un resfriado, ahora menos.
Y con ese pensamiento llevé mis manos a mi vientre aun plano y comencé a llorar.
Lloré por ser una tonta y dejar que esto pasara, lloré por no tener a mi madre junto a mí y que me dijera que todo estaría bien, lloré por no tener a mi hermano que se enfureciera y amenazara a Bastean de matarlo si no me respondía, la verdad no lo quería en realidad, pero quería tener a alguien quien defendiera mi integridad, no se cual integridad. Lloré por no tener un hogar al que regresar, lloré por todos mis planes que se irían por el inodoro, lloré por haberme convertido en un problema para Bastean. Y sobre todo lloré por el futuro incierto que le esperaba a mi bebé. No quería que sufriera, no quería que nadie le hiciera daño, que nunca nadie lo decepcionara ni le diera falsas esperanzas, no quería que se sintiera solo nunca. No quería que viviera como había vivido yo los últimos diez años de mi vida.
Ahora, en ese momento, pensé en las opciones que tenia, en definitiva el aborto no era una opción, no mataría el producto del amor entre Bastean y yo, eso ni siquiera estaba en consideración. La adopción tampoco, si era cierto que tenía que pensar en un buen futuro para él, pero yo me encargaría de hacerlo feliz, de darle todo lo que se merecía y más, porque era parte de mí, nunca lo dejaría en manos de extraños, como hizo mi padre. Iba a tenerlo conmigo para siempre. En cuanto a Bastean estaba segura de que sería un padre excelente, lo había visto jugar con sus hermanas y calmar sus miedos, pero que él los alejaba con una sonrisa o un abrazo de consuelo. En estos momentos estábamos en un gran aprieto. Sé que debería ir corriendo a decirle que seriamos padres, pero… eso representaría casarme, y no lo haría, no por ahora, aunque sabía que en este caso sería lo mejor, pero yo seguía firme en mi decisión. Además él tenía todo el derecho, al igual que mi hijo, ambos se pertenecían y no quería arrebatarles eso, a ninguno de los dos. Pero los miedos gobernaban mi mente y mi corazón, ¿Y si Bastean no lo quería? ¿Y si me rechazaba? Eso sería aun más doloroso, pero tendría que enterarse tarde o temprano.
Con la mano aun sobre mi vientre me acurruque sobre las hojas secas a mis pies hasta que el sol se hubo ocultado en el horizonte y solo quedaba una luz azulada. Resignada caminé de regreso al castillo, parecía una condenada a muerte encaminándose a la guillotina. ¿Cómo lo tomaría la familia de Bastean? ¿Cómo lo tomaría mi propia familia? ¿Cómo lo tomaría Bastean?
Cuando por fin visualice la entrada trasera del castillo una fina lluvia empezó a caer. Las frías gotas caían sobre mí pero no hice el menor esfuerzo por cubrirme de la lluvia. Al llegar a la puerta, la abrí y me topé con Bastean ¿Acaso todos los integrantes de esa familia tenían esa mala costumbre? Me saque por la cabeza la chaqueta y pasando por su lado fui directo a la nevera, por alguna razón la cocina se encontraba vacía, que en retrospectiva siempre, y digo siempre había alguien encargándose de cualquier cosa, ni siquiera Piero se encontraba en los alrededores y el hombre parecía realmente vivir en las cocinas. Tomé un vaso de leche achocolatada, sí, tenia esas increíbles ganas de comer chocolates. Bastean seguía todos mis movimientos con su mirada, podía sentirlo en mi piel, sus ojos podían hacerte sentir hasta cohibido, pero eso no sucedía conmigo, era simplemente el hecho de sentirme observada lo que me estaba alterando.
-¿Tienes algo que decirme?- le pregunté, él estaba sentado en el desayunador de manera despreocupada con los brazos cruzados sobre la encimera, ese lado de él era más peligroso que su lado amable, sabía algo.
-No, y ¿tú?- ¡Maldición! Lo sabía, claro que lo sabía. ¡Santo cielo! Él debería ser uno de esos detectives privados que salen en la televisión, esos que con solo mirarte sabían que eras culpable, ¡Estúpido su poder intuitivo!
-Tampoco.
-Mmm…Sabes que puedes…
-¿Contarte lo que sea? Lo sé- respondí, ok era ahora o nunca.
-Exacto- él se levantó, rodeo la encimera y camino hacia mí. Mis mejillas ardían y mis palmas sudaban, la garganta se me cerró, incluso pensé que me estaba quedando sin aire. Intente calmarme y cuando sentí las manos de Bastean sobre mis brazos ahora desnudos por la franelilla de tiritos que tenia, me sentí mejor. Le miré a la cara, aquellos días la había pasado realmente mal, no solo yo, sino él también. Casi no la estábamos pasando juntos por toda esa locura del documento. ¡Ojala se incendiara, desapareciera, un maldito cocodrilo se lo comiera! No me había fijado que estaba llorando hasta que Bastean me seco una de las lagrimas con el pulgar. – ¿Vas a decirme que te ocurre cariño?- yo asentí, tomé aire y se lo solté como un globo que explota en tu cara.
-Estoy embarazada.
Al parecer la información no llego a mi cerebro como tenía que ser ¿Había escuchado bien? ¿Mía estaba embarazada? ¿Cómo era posible eso? Me di un golpe mentalmente ¡Eso suele pasar amigo!
-Tu habías dicho que…
-Lo sé- dije ella. Hacia una semana Mía me había hecho el comentario, al principio me asusté, y luego ella me dijo que ahora estaba bien, y al parecer no era así. De todas formas ¿Cómo había dejado que esto pasara?
Admito que no me había preocupado por eso, solo pensaba en tenerla para mí solo. Tal vez por eso había ocurrido aquello. Ahora que procesaba la información… no me parecía tan malo. La amaba más que a mi vida, y un hijo seria… increíble. Pensé en ello muchísimas veces, pero no imagine que sucedería tan pronto, y menos aun tomando en cuenta toda esa mierda del complot de mi tío William para quedarse con el trono, la verdad parecía todo como una novela. Mía tenía las mejillas rojas, y estaba sollozando quedadamente, ¿Por qué lo hacía? ¿No querría ella el bebé? ¿No me querría a mí como decía? No, no era posible. La halé por el brazo y la atraje hacía mi pecho, sus sollozos se hicieron más audibles a medida que pasaban los minutos, ¡Rayos! No podía con las lágrimas.
-Hey, Hey no llores princesa…
-Bastean- gritó ella- no soy una princesa, no soy nadie, entiéndelo- ella se alejó de mí de un golpe.
-Entiendo, entiendo que eres la mujer que amo Mía, entiendo que quiero estar contigo para siempre, y no me importa lo que tenga que arriesgar para hacerlo, y ahora con razones más poderosas- miré como ella colocaba sus brazos abrazando su cintura, tapando su vientre plano, donde descansaba mi bebé, nuestro bebé.
-¿Incluso Vera?- Nunca lo había pensado así. Ni siquiera había considerado la opción de renunciar al trono hasta que ella lo saco a colisión, tampoco cuando todo el tema del documento matrimonio explotó, incluso entonces no lo consideré. Luego respondí con firmeza.
-Dejaría quinientos Veras por quedarme a tu lado- ella se rio amargamente y se dio la vuelta.
-¡No me mientas! Tú mismo me dijiste que has soñado con estas tierras desde que tienes huso de razón, ¿Qué cambia ahora? ¿Por qué una chica Neoyorkina te hace renunciar a tus metas así de fácil? – su voz era dura, por alguna razón estaba dolida, ¿Cómo quería ella que yo reaccionara? ¿Quería que le dijera que se fuera, que no quería a mi hijo? Tal vez era así, la conocía, estaba acostumbrada a estar sola, y a valerse por sí misma, nunca dejó que nadie se ocupara de ella, la entendía, pero no la justificaba. Odiaba que se pusiera en su papel de víctima todo el tiempo, acaso no confiaba en mí. Yo no le había dado motivos para eso, pero otros muchos sí.
-Resulta que esa muchacha Neoyorkina cambio todo mi mundo- ella se estaba limpiando sus mejillas húmedas, mi pobre Mía. – Si fuera por mí mandara todo a la… al traste sabes, pero no lo hago solo por mí, allá arriba hay tres niñas que dependen de mí, no entiendo porque mi padre debe darme la corona tan rápido si él es tan buen rey. No sería yo el rey claro está, sería el príncipe coronado y no el hijo del rey, solo cuando mi padre muera yo tomaría su lugar, y eso no pasara todavía.
-Entonces vámonos- dijo ella. Eso me tomo por sorpresa.
-¿Qué?
-Vámonos de aquí. Siento que estamos en una gran peligro Bastean, y no quiero arriesgarme ni a mí ni a mi bebé, y menos a ti, dijiste que lo mandarías todo al traste, pues hagámoslo ahora- ella estaba llorando, sus mejillas estaban totalmente rojas al igual que sus ojos. Mientras ella me decía aquello se había acercado de nuevo a mí y puesto sus manos sobre las mías que d la noticia de que iba a ser padre las había puesto sobre la encimera. Estaba sopesando la idea por lo que el lugar se había sumido en un silencio tenso. ¿Irme de Vera? ¿Huir cuando más me necesitaban? Eso era de cobardes, pero estaba Mía de por medio, y ahora el bebé.
-Mía... No puedo irme- dije. Ella parecía confundida y desesperada.
-Claro que puedes, así no tendrías que casarte con esa loca para conservar tus tierras, así no habría con que negociar el ese maldito contrato, no tienes otros hermanos varones, estarías libre, por Dios Bastean vámonos de aquí- estaba desesperada y lloraba a cantaros, un dolor agudo se me pegó en la boca del estomago, yo solo podía tomarla en brazos y reconfortarla, pero no podía irme, no era de hombres huir, pero tampoco ignorar una responsabilidad tan grande como un hijo. La verdad me encontraba entre la espada y la pared, entre lo más preciado que tenía en la vida, Mi tierra junto con mi familia, y Mía con nuestro bebé. ¿Cómo decidir entre lo único que tenia? Esto era realmente una pesadilla, pero debía luchar y buscar una salida más fácil, huir realmente no me lo había planteado y no era una buena idea. Sin embargo Mía tenía razón, si William descubría que ella estaba en estado haría hasta lo imposible para conseguir su objetivo, y si se enteraba podía lastimar a Mía y a mi hijo nonato. Eso no lo permitiría, y aun así…
-Entiéndeme cariño- dije mirando sus hermosos ojos húmedos de tanto llorar- no puedo irme y dejar mis asuntos sin terminar, los príncipes no huyen ante la adversidad, y no quiero huir tampoco de mi responsabilidad contigo y con… nuestro hijo- toque su vientre y sentí una extraña electricidad, como una conexión que se había activado, era extraño pero me sentía bien con ese pensamiento. Mía tomó mis manos y las alejó, su rechazo me hizo temblar.
-Está bien- susurro entrecortadamente- puedes quedarte. Pero esta misma noche yo me iré.- El corazón se detuvo en mi pecho.
-¿Qué? No, no puedes irte, debemos estar juntos, ahora más que nunca- dije con la única voz que salió por mi garganta.
-Sé que es un momento difícil, pero no me pidas que exponga a nuestro hijo a la locura de tu tío, eso no lo hare. – ella puso sus manos en mis mejillas, yo estaba llorando en ese momento. Yo, conocido por ser incluso despiadado llorando por la mujer que amaba.- Estaremos bien, incluso más seguros que en ningún lugar, te llamare todo el tiempo si eso quieres. Me duele realmente irme sin ti, pero una parte de mí siempre supo que este día llegaría, el día en el que me despertaría de este sueño- se sorbió la nariz y se quitó una lágrima de la mejilla. – Llevo conmigo lo más valioso que pudiste haberme dado jamás, y te prometo que lo cuidaré con mi vida.
-Regresare por ustedes- dije poniendo mi frente contra la suya y llorando como nunca había hecho en mi vida, tenía el alma destrozada, y aunque quería comprenderla, y lo hacía, por dentro quería rogarle que se quedara junto a mí, y que me dejara cuidarlos, pero sabía que estando en la cueva del lobo sería una locura.
-Y nosotros te estaremos esperando- susurró.
-¿A dónde irás?- pregunté.
-No lo sé, tal vez con mis abuelo, con mi padre, a la residencia con Lulú… no lo sé, y es mejor que lo dejemos así por ahora, no quiero que nadie se entere de esto, no quiero que nadie me busque, ni siquiera tú. Yo estaré en contacto siempre que pueda, tal vez te mande fotos y te avise cuando llegue el momento.
-Eso será duro Mía, no puedes dejarme así me moriría d preocupación…
-Y yo por ti, por las chicas, por tus padres, pero es mejor así, solo te pido un favor.
-Dímelo.
-Si me entero que te acostaste con Marie Zorrabeth te castraré – lo dijo enfurruñada, y por alguna razón se contrajeron mis maquinas reproductoras, ¡Diablos! Esta mujer haría más que eso si aquello llegara a ocurrir, y por mi parte definitivamente no lo haría.
-Claro, dalo por hecho, solo a ti te quiero para eso- ella se echo a reír. Amaba cuando sonreía, en realidad todo de ella.
-Voy a preparar todo para irme, ¿Quieres ayudarme? – lo único que quería era subir, hacerle el amor, y mantenerla pegada a mi pecho para siempre. Pero si me dejaba llevar por mis deseos seria más doloroso dejarla partir.
-Ok, le diré a Bernard que prepare todo.
-Le diremos a los demás por la mañana, odio hacerlo de esa manera, pero no me gustan las despedidas, ya tuve muchas-dijo hastiada.
-Y esta es una que nos afecta a todos créeme.
Ella asintió pero no dijo nada más. Subimos a su habitación y al encontrar a Madeleine en el cuarto le informamos de la partida de Mía, más no la razón, estaba dispuesto a mantener su embarazo en secreto hasta que ella lo decidiera, si en mis manos estuviese hubiera gritado a los cuatro vientos la alegría que sentía, claro alegría al asimilarlo por completo, el susto seguía latente, pero ante la perspectiva de haber ayudado a darle vida a un ser era algo incomparable. Sin embargo era mejor callar, por ahora.
Las maletas estuvieron hechas dos horas después. Mía no estaba de ánimos para bajar a cenar y la verdad yo tampoco. Pedimos que nos subieran algo de comer a su habitación, ella tenía un gran apetito, y era genial, porque en las últimas semanas apenas había probado bocado, luego me había confirmado que tenía nauseas horrible y por eso le costaba comer, pero ahora tenía hambre. Yo no podía probar bocado, mis estomago se negaba a probar alimento. Cuando hubimos terminado Mía bostezó y se fue a bañar.
Me quede sentado en la antesala de su cuarto mirando a la nada, era sumamente doloroso pensar que al día siguiente ella se iría a 28 horas de distancia, incluso más si se iba con su madre, y muchísimas más con sus abuelos. “Pero estarán más seguros, lejos”, era lo que me estaba repitiendo a mi mismo para no romper a llorar nuevamente. El pecho me ardía y mis ojos escocían. No quería dejarla ir, estaba dando vueltas a mi anillo cuando se me ocurrió algo. Busque entre sus maletas más pequeñas la cadena que tenia la letra M, ella la usaba todo el tiempo, y me pareció extraño que no la llevase en ese momento. Le quite el broche y deslice mi anillo en la cadena.
Una hora después Mía estaba sentada en la cama con mi cabeza en su regazo. Ella me acariciaba el cabello y yo con una mano en su vientre y la otra en su mano libre, quería que ese momento no acabara nunca.
-Tengo algo para ti- dije. Saque de mi bolsillo su cadena y la sostuve en lo alto.
-Eso es ya es mío- rió ella- pero ese anillo no, es tuyo.
-Lo sé, quiero que lo tengas- desabroche el seguro y le puse la cadena, deteniendo mis manos más de la cuenta- es como símbolo de promesa. Prometo regresar por ustedes, antes de que él o ella llegue, nada ni nadie me robara ese momento. Prometo amarte para toda la eternidad, aun si tengo que luchar contra el mismísimo infierno. Juntos seremos una gran familia, esa que siempre deseaste.
-Gracias por eso. También prometo amarte, para siempre, y proteger a nuestro hijo pase lo que pase.
-Deberías descansar ya, nos espera un día realmente duro mañana.- hice el intento de levantarme de la cama pero ella me detuvo.
-¿Podrías quedarte conmigo? Después de todo… será la última noche que pasaremos juntos aquí en Vera- ella sonrió con tristeza. Tenía razón, quizás era nuestra última noche juntos en Vera. Pero habría otras, muchas noches en un futuro.
-Si tú quieres pero… no creo que pueda dormir- dije divertido.
-Dije que te quedaras conmigo, no dije que dormiríamos.
Así pasamos el resto de la noche. Me hubiese gustado que esa noche durara para siempre, pero nuestra realidad era distinta.
Ver a Mía dormida sobre mi brazo era un momento de paz para mi alma, un descanso de toda la tormenta que se estaba formando a nuestro alrededor. Ahora más que nunca debía hacer hasta lo imposible para liberarme del contrato, si era necesario le suplicaría a Marie Elizabeth que me liberara, no sería fácil pero lo haría.
Me dormí con el estomago revuelto, mejor me preparaba mentalmente para que sería el peor día de mi vida.
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